Archiv para 4 Mayo, 2017

Jueves 4 de mayo. S. José María Rubio (memoria en Madrid)

Escrito por Comentarista 6 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En Madrid celebramos hoy la memoria de san José María Rubio, canonizado por san Juan Pablo II en su última estancia en España (2003). Celebró su primera Misa en la Colegiata de San Isidro; fue coadjutor en Chinchón y párroco de Estremera. El ingreso en la orden de los Jesuítas la realizó a los 55 años. Destacó por ser un gran confesor y por su dedicación a los pobres. A su muerte, el arzobispo de Madrid, Eijo y Garay le denominó “apóstol de Madrid”, y le puso como modelo para los sacerdotes de la diócesis.

El P. Rubio solía repetir que el camino hacia la santidad es “hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace”. Hacer y querer. Dos verbos preciosos que orientan la vida hacia el Señor.

Pero ese movimiento hacia Dios, en realidad es en realidad como nos mueve Él hacia sí: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado”. La atracción y moción divina, el mover Dios nuestra vida hacia Él, se explica por el misterio de la gracia y los dones del Espíritu Santo, que nos permite pensar como Jesús y obrar como Él, con sus mismos sentimientos.

Para la santidad de vida no se necesitan doctorados ni hacer un máster, aunque estos ayuden. Hay santos que vivieron rodeados por gente muy brillante humanamente hablando, con una preparación intelectual y humana de alto nivel. Dicen del P. Rubio que su oratoria no brillaba como la de otros hermanos con los que vivía. Quizá una homilía preparada en el fondo y en la forma de modo “profesional” no mueva tanto las almas como un predicador lleno de amor de Dios que es cauce de la gracia para muchos corazones.

La iglesia nos insiste a los sacerdotes que no es importante sólo la forma y el fondo de las homilías, sino sobre todo su alma. La homilía brota de la oración, como un icono brota de la contemplación de Dios.

Pidamos por todos los que en la iglesia tienen la misión de anunciar el evangelio a través de las homilías, las catequesis, las clases, etc., para que en primer lugar nos encomendemos a la gracia de Dios, pidamos ser instrumentos dóciles que comuniquen la gracia de Dios a los hermanos. Se lo pedimos especialmente a S. José María Rubio.

José María Rubio, sacerdote (1864-1919)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Ciriaco, presbítero y mártir; Silvano, Antonio, abades; Venerio, Sacerdote, Godeberto (Gotardo o Godofredo), Macario, obispos; Antonio, Antonina, Porfirio, Paulino, mártires; Pelagia, Elena, vírgenes; Curcódomo, diácono; Florián, confesor; Etebredo, rey; Nicéforo, fundador; José María Rubio, sacerdote; Juan Martín Moye, fundador de los HH. de la Providencia de Gao, y Ceferino (El Pelé), mártires (beatos).

Gotardo (Godofredo), obispo (c. a. 960-1038)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Ciriaco, presbítero y mártir; Silvano, Antonio, abades; Venerio, Sacerdote, Godeberto (Gotardo o Godofredo), Macario, obispos; Antonio, Antonina, Porfirio, Paulino, mártires; Pelagia, Elena, vírgenes; Curcódomo, diácono; Florián, confesor; Etebredo, rey; Nicéforo, fundador; José María Rubio, sacerdote; Juan Martín Moye, fundador de los HH. de la Providencia de Gao, y Ceferino (El Pelé), mártires (beatos).

04/05/2017 – Jueves de la 3ª semana de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 26-40

En aquellos días, el ángel del Señor le hablo a Felipe y le dijo:

– «Levántate y marcha hacia el Sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto».

Se levantó, se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido a Jerusalén para adorar. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías.

El Espíritu dijo a Felipe:

– «Acércate y pégate a la carroza».

Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:

– «¿Entiendes lo que estás leyendo?»

Contestó:

– «Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?»

E invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste:

«Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, así no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá contar su descendencia? Pues su vida ha sido arrancada de la tierra ».

El eunuco preguntó a Felipe:

– «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?»

Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció la Buena Nueva de Jesús. Continuando el camino, llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco:

– «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?».

Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco y lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su camino lleno de alegría.

Felipe se encontró en Azoto y fue anunciando la Buena Nueva en todos los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Palabra de Dios.

Sal 65, 8-9. 16-17. 20
R. Aclamad al Señor, tierra entera.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.

Los que temeís a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R.

EVANGELIO
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 44-51

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

– «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Palabra del Señor.

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