Archiv para 5 Mayo, 2017

Viernes 5 de mayo. III semana de pascua

Escrito por Comentarista 6 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Señor dice en el evangelio de hoy: “el que me come vivirá por mí”. Está explicando Jesús el misterio del pan de la eucaristía, que es el corazón de la vida de la Iglesia, donde vivimos del permanente don de Dios. Queremos hacer varias consideraciones apoyados en varios significados que podemos darle a la preposición “por”.

1) Vivir por la vida que da el Señor. “Yo soy la vida”, no sólo el origen de la vida, sino aquello que la sostiene. El latir de mi corazón y el respirar de mis pulmones se lo debo al Verbo, a cuya imagen he sido creado por el Padre. Por eso damos gracias a Dios por el misterio de la vida natural. Pero más allá de lo natural está la vida de los hijos de Dios, la vida nueva propia del Evangelio, donde Cristo nos hace partícipes de su intimidad con el Padre, y de la sobreabundancia de Amor que los une (el Espíritu Santo). Ese calor del amor de Dios es lo que da vida al hombre; el pecado y el mal congelan la vida, apagan la llama. Gracias, Señor, por darnos la vida divina de la gracia.

2) Vivir a través de Cristo, con sus mismos sentimientos. Es compartir la mirada de Dios, tal y como aparece en los Evangelios. Su mirada nos habla de sus intenciones, que dan razón de sus obras: la misericordia, la paciencia, la mansedumbre, la fortaleza, la sabiduría, la ternura, la magnanimidad… Son un cuadro de facetas que nos llaman constantemente a la conversión, pues descubrimos que en muchas ocasiones no reflejamos la grandeza del Corazón de Cristo, a través del cual ojalá vivamos y amemos siempre.

3) Vivir entregando la vida por amor a Cristo y a los hermanos. Vivir enamorados por el Amor de nuestra vida. Nada más fuerte en el mundo que el amor de Dios, que cautiva la vida, la transforma y la llena de sentido. Vivimos para satisfacer al Amado, complacerle y renovar todos los días nuestra entrega. Y fruto de esa entrega al Amado, brotará espontánea, sin apenas buscarla, una entrega decidida a los demás y un compromiso constante por servir y ayudar.

San Nancto, abad (s. VII)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Ángel, Hilario, Niceto, Eulogio, Teodoro, Geroncio, Sacerdote, Máximo, Britón, obispos; Eutimio, Crescenciana, Irene, Irenio, Joviniano, Peregrino, Gregorio, Arquelao, Felicísima, Silvano, mártires; Ida, santa; Nancto, Avertino, eremitas.

05/05/2017 – Viernes de la 3ª semana de Pascua.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a los pueblos
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 1-20

En aquellos días, Saul, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presento al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.

Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:

– «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?».

Dijó él:

– «¿Quién eres, Señor?».

Respondió:

– «Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».

Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.

Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:

– «Ananías.»

Respondió él:

– «Aquí estoy, Señor.»

El Señor le dijo:

– «Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».

Ananías contestó:

– «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».

El Señor le dijo:

– «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».

Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:

– «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».

Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.

Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Palabra de Dios.

Sal 116, 1. 2
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.

EVANGELIO
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:

– «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

– «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Palabra del Señor.

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