Archiv para 6 Mayo, 2017

Sábado 6 de mayo. III semana de pascua

Escrito por Comentarista 6 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hace pocas semanas empezamos a celebrar la Eucaristía con la tercera edición del Misal Romano. El cambio más evidente es la consagración del vino. Jesús, en el relato del evangelio dice “Sangre derramada por muchos para el perdón de los pecados” (Mt 26,28). El Papa Benedicto XVI explicó en su día que el sentido salvífico de Cristo es universal, se dirige a todos los hombres, y en ese “muchos”, en realidad caben “todos los hombres”. La intención de Cristo es clara: busca la vida eterna para todos, y entrega su vida por la humanidad entera, no sólo por unos pocos.

Pero viendo lo que pasa en el Evangelio de hoy entendemos mejor porqué no se puede decir que todos estamos salvados automáticamente porque Cristo lo haya querido. Encontramos una de las páginas más tristes del Evangelio: Cristo habla del pan de vida, de la Comunión, de la participación en la vida divina, de estar con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, de la vida —conceptos todos relevantes en el evangelio de san Juan—, y muchos oyentes acaban criticando sus palabras, poniéndolas en duda: “Este modo de hablar es duro”. Y termina aun peor: “Muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él”. ¡Qué pena! No quieren oír hablar al Señor, no les gusta lo que dice. Tienen que cambiar demasiadas cosas y quizá prefieren no complicarse la vida, seguir siendo uno más del pueblo, con los mismos comportamientos de la gente “corriente”. Quizá se gana tranquilidad, cierto reconocimiento, la vida rutinaria sigue siendo igual, sin demasiadas novedades; pero sin saberlo, se está perdiendo la vida.

El Evangelio es para todos, pero no todos están dispuestos a pasar por el evangelio. La flagrante deserción de hoy muestra a las claras que el seguimiento del Señor es para valientes. No sirven las medias tintas, ni poner una vela a Dios y otra al diablo. Quien acoge a Cristo quizá complique su vida, pero encuentra el Camino para recorrerla. Se pueden perder ciertos ambientes o comportamientos sociales, pero encuentras la familia de la Iglesia. Puedo convertirme en alguien a quien señalar porque no dice la opinión común o mayoritaria, pero te afianzas en la Verdad. Las pérdidas no se equiparan ni de lejos a las ganancias.

El que sigue a Cristo ha de cortar cosas. Luego recuperas otras más importantes, pero quizá esa separación del principio es la que más cuesta. Pidamos al Señor que renovemos en nuestra oración personal la entrega a Él y a los demás, y que ilumine qué cosas nos estorban para ser cada día más suyo.

Petronax, obispo († 725)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Teódoto, Evodio, Justo, Venerio, Lucio, Protógenes, Edberto, Petronax, obispos; Remigio, Alberto, confesores; Benita (Benedicta), virgen; Demetrio, Donato, Heliodoro, Venusto, Terino, Mesera, Maurilio, mártires; Bonizella y Prudencia, beatas.

06/05/2017 – Sábado de la 3ª semana de Pascua.

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PRIMERA LECTURA
Se iba construyendo la Iglesia, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 31-42

En aquellos días, la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.

Pedro, que estaba recorriendo el país, bajó también a ver a los santos que residían en Lida. Encontró allí a un cierto Eneas, un paralítico que desde hacia ocho años no se levantaba de la camilla.

Pedro le dijo:

-«Eneas, Jesucristo te da la salud; levántate y arregla tu lecho».

Se levantó inmediatamente. Lo vieron todos los vecinos de Lida y de Sarán, y se convirtieron al Señor.

Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela. Tabita hacia infinidad de obras buenas y de limosnas. Por entonces cayó enferma y murió. La lavaron y la pusieron en la sala de arriba.

Como Lida está cerca de Jafa, al enterarse los discípulos de que Pedro estaba allí, enviaron dos hombres a rogarle: «No tardes en venir a nosotros».

Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, lo llevaron a la sala de arriba, y se le presentaron todas las viudas, mostrándole con lágrimas los vestidos y mantos que hacía Gacela mientras estuvo con ellas. Pedro, mandando salir fuera a todos, se arrodilló, se puso a rezar y, volviéndose hacia el cuerpo, dijo:

– «Tabita, levántate».

Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. Él, dándole la mano, la levantó y, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.

Esto se supo por todo Jafa, y muchos creyeron en el Señor.

Palabra de Dios.

Sal 115, 12-13. 14-15. 16-17
R. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre. del Señor R.

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles. R.

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor. R.

EVANGELIO
¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

-«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

– «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, hay algunos de vosotros que no creen».

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.

Y dijo:

– «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

– «¿También vosotros queréis marcharos?».

Simón Pedro le contestó:

– «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».

Palabra del Señor.