Archiv para 8 Mayo, 2017

Domingo de la 5ª semana de Pascua. – 14/05/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

LOS DIÁCONOS EN LA IGLESIA

Muchos predicadores, en este quinto domingo de Pascua, hablarán de Cristo como camino, verdad y vida. Pero éste es un tema básico que puede ser abordado en diferentes ocasiones. Por eso, basándonos en la primera lectura tomada del libro de los Hechos, podemos hablar del significado del diaconado en la Iglesia. Podría resultar interesante hacer una encuesta, a la salida de cualquier misa, preguntando por los niveles jerárquicos en la Iglesia, es decir, por los grados del sacramento del Orden. ¿Cuántas personas se acordarán de los diáconos? ¿Quienes sabrían definir su ministerio?. Con toda seguridad más del noventa y cinco por ciento de los encuestados sólo hablarían de los curas, de los Obispos y del Papa.

Tiene enorme importancia teológica el que junto a la lista de los Doce apóstoles en el evangelio, se haya transmitido desde los mismos orígenes de la Iglesia, la lista de los Siete diáconos en el libro de los Hechos. Después de unos siglos de oscurecimiento, el diáconado como ministerio permanente en la Iglesia ha vuelto a brillar. El Vaticano II lo instauró en 1963, y son ahora en todo el mundo más de doce mil los diáconos permanentes, célibes y casados, insertados por la familia y la profesión en la problemática de la vida, los que ayudan a la misión apostólica de los Obispos y completan el ministerio sacerdotal de los presbíteros.

Para evangelizar en nuestros días hay que recorrer caminos muy humildes de presencia, escucha y compromiso. Los diáconos permanentes, sobre todo los casados, están llamados a responder a las cuestiones sobre la fe y a resucitar los gestos que colmarán las necesidades de los hombres. Los gestos de amor se concretarán en una ordenada beneficencia con los marginados. Los diáconos son testimonio de la caridad en el ministerio de la calle, diario, imprevisible al azar de los encuentros y de las circunstancias.

El doble arraigamiento en el mundo y en la Iglesia del diácono confiere a las celebraciones que puede presidir (bautismo, matrimonio, exequias) (in signo de complementariedad, y no de suplencia, del sacerdote. La evangelización, la liturgia y la caridad son pues las funciones específicas de quienes han recibido este carácter indeleble y una gracia particular. Sin escapismos ni utopías, la instauración del diaconado permanente es un signo de renovación eclesial.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 6, 1-7 Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19
san Pedro 2, 4-9 san Juan 14, 1-12

de la Palabra a la Vida

Al entrar en la segunda parte del Tiempo Pascual nos encontramos con una sorpresa: los evangelios se extraen de los discursos de despedida de Jesús. El misterio de la Ascensión aparece ya en el horizonte, como la otra cara del misterio pascual.

Por eso, es necesario que algunos aspectos fundamentales queden remarcados en la Palabra de este domingo: Uno de ellos es que Jesús no ha obrado nuestra salvación por su cuenta. Toda la magnífica tarea salvífica se ha desarrollado en una profunda comunión con el Padre, hasta tal punto que “yo estoy en el Padre, y el Padre en mí”. San Juan vuelve a invitar a sus lectores a la fe: es necesario creer en la persona de Cristo y en su unión con el Padre. Por eso puede decir que es “camino, verdad y vida”. Por esa unión.

La Iglesia, desde la primera pequeña comunidad necesitada de diáconos, de la que hablaba la primera lectura, para poder dar continuidad a la obra de Cristo, va a tener que saber con total seguridad quién es el Señor. Si quiere ser el signo que ofrezca la salvación de Cristo lo primero que necesita es esa fe en la comunión del Hijo y el Padre.

Esa fe en el Hijo, que abre a los discípulos a la fe y al conocimiento del Padre, será su clave de entrada al Misterio revelado. Los discípulos han conocido al Hijo, es decir, han podido experimentar a Cristo, relacionarse con Él y ver cómo Él se relaciona con el Padre. Esa experiencia es un conocimiento profundo, vivido, que ellos mismos pueden deducir y encontrar en las obras que le han visto hacer. Sí, este conocimiento que los discípulos han hecho no es un camino de abstracción, que se hace desde fuera, que lleva al hombre a contemplar pero sin llegar a implicar su persona. Ellos “fueron y vieron, y se quedaron con Él”. La Iglesia va a tener que aprender de Cristo a realizar las obras que Él hacía, a mostrar, en su amorosa obediencia, que es signo del amor divino que se ha mostrado a los hombres. Ahora, en la Pascua, entendemos -y entienden- por qué han tenido que convivir con el Maestro.

La relación que ellos han tenido con Dios Padre por medio del Hijo ha sido tan intensa que a los que han creído en Él se les atribuyen aquellas denominaciones con las que el Antiguo Testamento anunciaba que sería llamado el pueblo que habitara con el Señor: “Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa”.

Sí, la Pascua es el tiempo de la Iglesia. Ella ha recibido, no por mérito propio, sino por don de Cristo, la presencia del Señor que los transforma, que diniviza al pueblo. Y nosotros…nosotros no podemos sino renovar, al oír estas palabras, esa misma fe que Jesús pedía a los suyos. Sin esa fe, en nosotros se rompe la cadena. Los sacramentos que celebramos, los signos, que requieren una fe primera para acercarse a ellos. Y nos comprometen a vivir como parte de un pueblo santo. ¿Cree mi fe en esa comunión de Cristo con el Padre? ¿Acepto esa unión como fuente de la gracia que yo recibo? ¿Quiero que mi vida se realice con esa comunión, en la búsqueda constante de ese conocimiento experiencial de Cristo?

Quizás sea buen momento esta semana para que, después de escuchar lo que decía san Pedro en la segunda lectura, vayamos a los documentos del Vaticano II y releamos Lumen gentium. Porque Cristo ilumina a los suyos para que lo puedan reconocer en todo tiempo.

Diego Figueroa

 



al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal:
El prefacio de la fiesta de san Isidro, labrador (15 de mayo)

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias,
Padre santo, siempre y en todo lugar,
al celebrar la solemnidad de san Isidro, labrador,
quien, cultivando la tierra,
trabajó por el alimento que perdura;
apeteciendo el Pan de Vida,
compartió su pan con los necesitados;
unido a la Vid, que es Cristo,
derramó sobre todo el vino del consuelo y de la alegría.
En él nos ha dejado la imagen viva de tu Hijo Jesucristo,
que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.
Por eso, con los ángeles y santos,
te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo…

 


Para la Semana

Lunes 15:

San Isidro Labrador. Solemnidad

Gn 1,1-2. 11-13. 26-28. Someted la tierra.

Sal 1. Su gozo es la ley del Señor.

Sant 5,7-8.11.16-17. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra.

Jn 15,1-7. Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
Martes 16:

Hechos 14,19-28. Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.

Sal 144. Tus amigos, señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Juan 14,27-31a. Mi paz os doy
Miércoles 17:

Hechos 15,1-6. Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre la controversia.

Sal 121. Vamos alegres a la casa del Señor

Juan 15,1-8. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante
Jueves 18:
Hechos 15,7-2 1. A mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios.

Sal 95. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Juan 15,9-11. Permaneced en mi amor, para que vuestra alegría llegue a plenitud.
Viernes 19:

Hechos 15,22-31- Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponernos más cargas que las indispensables.

Sal 56. Te daré las gracias ante los pueblos, Señor

Juan 15,12-17. Esto os mando, que os améis unos a otros.
Sábado 20:

Hechos 16,1-10. Ven a Macedonia y ayúdanos.

Sal 99. Aclama al Señor, tierra entera.

Juan 15,18-21. No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo.


Lunes IV de Pascua

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La Semana cuarta de Pascua nos ofrece la proclamación y escucha del capítulo décimo del Evangelio de san Juan, es el capítulo dedicado, en su primera parte, al Buen Pastor. En él podemos encontrar la imagen de Jesús que da la vida por sus ovejas, pero es también la imagen de los discípulos a los que el Señor ha encomendado la misión pascual de anunciar el Evangelio y Bautizar perdonando los pecados. Pero, ¿cómo podemos reproducir los ministros y los fieles de la Iglesia la imagen del Buen Pastor? ¿No es algo imposible para nuestras fuerzas, para nuestras capacidades? ¿No se ponen de manifiesto en nuestras acciones y palabras, más nuestra debilidad que el don recibido? Efectivamente, pero también nos dice san Pablo que llevamos el tesoro en vasos de barro y que la fuerza se manifiesta en la debilidad.

La primera lectura es un ejemplo claro de cómo esta dinámica se manifiesta en la vida de Pedro y de la primera comunidad. En principio los discípulos pensaban que el mensaje de Salvación estaba destinado sólo al pueblo judío. Resultaba un escándalo que los gentiles se incorporaran a la Iglesia, para Pedro también lo era. Es el Espíritu el que transforma nuestra cerrazón y nuestra incapacidad para entender, como le sucede a Pedro. La visión en Jafa le hizo comprender al Príncipe de los Apóstoles, duro de corazón y prejuicioso, que hay “más ovejas que no son de este redil” y que ellas también están llamadas a “escuchar su voz”. Se necesita, por tanto, una apertura a la acción del Espíritu, una sencillez de corazón para leer los “signos de los tiempos”, que es sólo fruto de la Pascua, fruto del poder de Jesús Resucitado de entre los muertos que hace nuevas todas las cosas. También hoy como entonces. ¡Qué no tengamos miedo de anunciar el mensaje de Salvación, incluso equivocándonos! La fuerza y el poder del Evangelio son siempre más grandes que nuestra debilidad.

Pedro de Tarantasia, abad († 1174)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de la Antigua. La Aparición de San Miguel Arcángel. Santos: Víctor, Acacio, Dominga, mártires; Juan, Godón, Dionisio, Eladio, Deseado, Wirón, obispos; Odrán, Tarasio, confesores; Venebaldo, Pedro de Tarantasia, abades.

08/05/2017 – Lunes de la 4ª semana de Pascua.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 11, 1-18

En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le le dijeron en son de reproche:

«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».

Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:

«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos, de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo. Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. Yo respondí: “De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”. Pero la voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.

En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.

En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio; entonces me acordé de lo que había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo”. Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».

Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:

«Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».

Palabra de Dios.

Sal 41, 2-3; 42, 3. 4
R. Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.

Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.

EVANGELIO
Yo soy la puerta de las ovejas
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 1-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«En verdad, en verdad os digo:yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

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