Archiv para 9 Mayo, 2017

Martes IV de Pascua

Escrito por Comentarista 7 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Las lecturas de hoy sobrecogen a un alma sencilla por dos afirmaciones. La primera aparece en el libro de los Hechos de los Apóstoles: hoy se nos relata que en Antioquía por primera vez se llamó a los discípulos “cristianos”. Puede parecer algo irrelevante, pero no lo es: “cristiano” hace referencia a Cristo, nos identifica con Él, nos hace suyos: somos de Cristo –ovejas suyas dirá el Evangelio- y esto tendría que sobrecogernos: mi vida, mis anhelos, mis esperanzas, mis dificultades son suyas; Él ha dado su vida por mí y por eso le pertenezco, pero no como un esclavo sino en una relación que me hace verdaderamente libre porque es una relación que nace de la Misericordia, del su Amor por mí.

“Cristiano” me identifica, además, con millones de personas que invocan su Nombre, que desde hace más de dos mil años, en Oriente y en Occidente, son sus discípulos, discípulos que, aun hoy, en muchos lugares, son perseguidos por llevar ese nombre, discípulos que han entregado y entregan generosamente su tiempo, sus fuerzas, sus vidas haciendo presente este Amor y esta preferencia… ¡Debemos portar orgullosos este nombre: nos identifica con Cristo y con una familia, con una comunidad! “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano”. ¡Qué alegría! ¡Qué consuelo para el corazón ser de Cristo, por el Bautismo, para siempre!

La segunda afirmación aparece en el Evangelio: “Yo y el Padre somos uno”. Esto no tiene que ver únicamente con la Teología Trinitaria: si Jesús y el Padre son uno y si yo, cristiano, soy de Cristo, soy también del Padre. Deberíamos estar también orgullosos de nuestro Padre Dios, que nos quiere, que siendo el Creador de todas las cosas, el Todopoderoso, se ha hecho mendigo de nuestro amor.

¿Cómo no conmovernos ante estas dos afirmaciones?

09/05/2017 – Martes de la 4ª semana de Pascua.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Se pusieron a hablar a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 11,19-26

En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.

Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos fueron llamados cristianos.

Palabra de Dios.

Sal 86, 1-3, 4-5. 6-7
R. Alabad al Señor todas las naciones.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R.

«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R.

EVANGELIO
Yo y el Padre somos uno
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

– «¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió:

– «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor.

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