Archiv para 15 mayo, 2017

Domingo de la 6ª semana de Pascua. – 21/05/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

DEFENSORES DE LA VERDAD

La cincuentena pascual está unificada por la alegría que proviene del Resucitado y se diversifica por los temas que se proponen a la consideración y vivencia cristiana. Hoy el creyente es invitado de manera especial a tomar conciencia explícita de la promesa del Espíritu Santo, el Defensor (éste es el significado exacto de “Paráclito”).

El Espíritu, del que se nos habla en el evangelio de este sexto domingo de Pascua tiene una doble función: en el interior de la comunidad mantiene vivo e interpreta el mensaje evangélico, al exterior da seguridad al fiel en su confrontación con el mundo, ayudándole a interpretar el sentido de la historia.

Con exactitud de adecuado adjetivo se puede calificar el tiempo pascual como tiempo espiritual: en cientos de parroquias miles de jóvenes son confirmados y reciben la fuerza del Defensor que viene de lo alto, para que anuncien y proclamen jubilosamente que el Señor ha redimido a su pueblo.

Lo que fue Jesús, para sus discípulos durante la vida pública, es ahora misión permanente del Espíritu en la Iglesia: testimoniar la presencia operativa de Dios en el mundo. Los que están llenos de Espíritu, tienen la visión y conocimiento pleno de la verdad, que es Jesús. Los hombres espirituales son siempre una crítica radical para los que tienen solamente espíritu mundano, pues la verdad de arriba se contrapone con la mentira de abajo.

Jesús promete enviar el Espíritu de la verdad. Ante la confusión de tanto discurso erróneo y el espejismo de valores mentirosos, es urgente defender la verdad y encontrar caminos para que brille. Muchos, como Pilatos, repiten la vieja pregunta: ¿qué es la verdad?

La verdad es conocimiento y exactitud a las ambigüedades y el error. Es libertad interior frente a la dictadura de doctrinas fáciles. Es fortaleza serena al apresuramiento de la incertidumbre. Es sencillez espiritual frente al oropel de la falsa retórica. Es luz del bien frente a la ceguera de la malicia. Es principio de toda perfección, evidencia pacífica del misterio de lo eterno, alma de la historia individual y colectiva.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 8, 5-8. 14-17 Sal 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20
san Pedro 3, 15 – 18 san Juan 14, 15-21

de la Palabra a la Vida

Un nuevo protagonista se suma a esta trama pascual que el Señor ofrece a los suyos: “yo os enviaré otro defensor”. Otro porque, mientras que yo he estado con vosotros, yo he cuidado de vosotros “para que no se pierda ni uno solo, salvo el hijo de la perdición”. Pero ahora Cristo se marcha, y sin embargo, promete a los discípulos que va a seguir acompañándolos.

Ese acompañamiento que ahora va a tener también una forma nueva: “yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros”. El tema de la inhabitación es un tema también muy querido por san Juan. Cristo va a seguir con sus discípulos por el don del Espíritu, pues este don del Espíritu será el que ayude a los discípulos a guardar los mandamientos que el Señor les deje, pero además será necesario para que los discípulos puedan conocer los misterios de Cristo. Fijémonos, entonces, en estas dos misiones que el Paráclito va a realizar en la primera Iglesia: Cristo no pide a los discípulos una fidelidad inalcanzable, sino que Él mismo se va a hacer garante de esa constancia. Será el Espíritu Santo el que realice en el corazón de los suyos la transformación necesaria para que así suceda. Más aún: El don del Espíritu será el que introduzca a los discípulos en los misterios del Señor. Es decir, los va a sumergir en los misterios de gloria y salvación para que puedan anunciarlos, para que puedan celebrarlos, para que puedan vivirlos.

Es por esto que el acompañamiento del Señor a la primera Iglesia la pone ya en una dirección clara: seguirán así hasta su vuelta. Su vuelta final. Al final de los tiempos, Cristo prepara ya la Parusía fortaleciendo a su Iglesia, que tendrá que perseverar con el mandato recibido para que todos puedan descubrir en ella el signo de la presencia de Dios, signo de su cercanía. Para ello, para todo ese tiempo, recibe el Espíritu Santo.

El don del Espíritu se vincula, en la primera lectura, a un gesto que la Iglesia conservará en adelante para indicar su efusión: la imposición de las manos. El domingo pasado la comunidad se ordenaba con ministerios, en este la acción del Espíritu… necesariamente, los cristianos tuvieron, desde muy pronto, que ir descubriendo cómo se iba formando la Iglesia, cómo se iba haciendo esa comunidad que compartía lo que tenía, aprendía a orar y escuchaba la Palabra.

El tiempo pascual no puede pasar para el cristiano sin pararse a valorar lo que Dios ha dejado para él en la Iglesia: todo esto sigue ahí, está intacto. Ciertamente, la historia no deja de marcar con las heridas del pecado a los creyentes, pero la presencia permanente del Espíritu hace de la Iglesia fiel en cuanto que guarda el mandato y la fuerza del Señor para esperar su vuelta. Las antinomias y paradojas pueden, cada día, dificultar la fe – aquellos primeros discípulos sin duda ya lo debieron experimentar en sus propias carnes pero no por ello cambia la voluntad del Señor, a la que se agarra la Iglesia. ¿Busco permanecer en los mandatos del Señor por el don de su Espíritu? ¿Experimento que el Señor me anima a perseverar en medio de dificultades y debilidades? ¿Me sirven para unirme más al Señor, para hacerme más fuerte en la vida de la Iglesia?

Las lecturas de hoy son claramente una advertencia a reconocer en nuestra Iglesia aquella, con el mismo mandato, el mismo fin y la misma fuerza. Sin duda, el Señor -y no nosotros – sostiene a su Iglesia, es por eso que nosotros no podemos dejar de vivir unidos en ella.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal:
El prefacio de la Virgen María, reina de los apóstoles

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
en esta conmemoración de santa María Virgen,
que precedió a los apóstoles en el anuncio de Cristo.
Porque ella, conducida por el Espíritu Santo,
llevó presurosa a Cristo al Precursor,
para que fuera causa de santificación y alegría para él;
del mismo modo Pedro y los demás apóstoles,
movidos por el mismo Espíritu,
anunciaron animosos, a todos los pueblos, el Evangelio
que había de ser para ellos causa de salvación y de vida.
Ahora también la santísima Virgen
precede con su ejemplo a los heraldos del Evangelio,
los estimula con su amor
y los sostiene con su intercesión incesante,
para que anuncien a Cristo Salvador por todo el mundo.
Por eso,
con todos los ángeles y los santos cantamos tu gloria diciendo:
Santo, Santo, Santo

 


Para la Semana

Lunes 22:

Hechos 16,11-15. El Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo.

Sal 149. El Señor ama a su pueblo.

Juan 15,26-16,4a. El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí.
Martes 23:

Hechos 16,22-34. Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.

Sal 137. Tu derecha me salva, Señor.

Juan 16,5-11. Si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito.
Miércoles 24:

Hechos 17,15.22-18,1. Eso que veneráis sin conocerlo, os lo anuncio yo.

Sal 148. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Juan 16,12-15. El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.
Jueves 25:

Hechos 18,1-8. Se quedó a trabajar en su casa. Todos los sábados discutía en la sinagoga.

Sal 97. El Señor revela a las naciones su victoria.

Juan 16,16-20. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
Viernes 26:
San Felipe Neri, presbítero. Memoria.

Hechos 18,9-18. Muchos de esta ciudad son pueblo mío.

Sal 46. Dios es el rey del mundo.

Juan 16,20-23a. Se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría.
Sábado 27:

Hechos 18,23-28. Apolo demostraba con la Escritura que Jesús era el Mesías.

Sal 46,2-3.8-10. Dios es el rey del mundo

Juan 16,23la-28. El Padre os quiere, porque vosotros me queréis y creéis


PONERSE DE PIE

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hch 14,5-18; Sal 113 B: Ju 14,21-26

El hombre dio un salto y echó a andar. Pablo y Bernabé, como antes Pedro y Juan, no poseen ni oro ni plata, sino que dan lo que tienen: la fuerza del Resucitado. Pero el contexto ha cambiado, ya no es Jerusalén, en donde quisieron matar a los apóstoles. Estamos en terreno pagano. El gentío se adecua a lo que vive: dioses en lugar de hombres han venido a visitarnos. Lo que antes, cuando se trataba de Jerusalén, había sido un terrible fastidio, ahora, entre gentiles, adoradores de falsos dioses, es una fiesta. Traen a las puertas de la ciudad de Listra toros y guirnaldas para ofrecerles sacrificios. Pasmo de Bernabé y Pablo. Eran judíos creyentes, nunca se les había pasado por la cabeza que el gentío pagano quisiera trasladar la curación del cojo de nacimiento a su propia valía, a la fuerza de ser tenidos por dioses, y no por los más pequeños, sino por Zeus, el máximo dios, Bernabé, y por Hermes, el portador del mensaje divino, Pablo. Hombres, pero ¿qué hacéis?

Su predicación, y la curación que ha sido su consecuencia, busca, precisamente, que abandonen los dioses falsos y se conviertan al Dios único y verdadero. Porque, y este es su mensaje profundo, hay un solo Dios vivo, quien creó el cielo y la tierra. Recordad de qué manera el AT nos retrotrae desde el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el único Dios vivo, a ese mismo Dios, el Señor de los comienzos, quien hizo cielo y tierra, porque el mundo es creación. Ahora el proceso es el mismo. Nadie vaya a pensar que el Dios de Bernabé y de Pablo es, simplemente, más grande que los demás dioses; es el único Dios, el Dios que creó todo lo que hay, quien en los comienzos del tiempo creó el mundo. No hay lugar para otros dioses, sean pequeños o grandes. En el pasado, continúan, Dios permitió que cada pueblo siguiera su camino, sin dejar nunca que nadie desconociera sus beneficios. No fue Dios quien se ocultó. Siempre fue para todos un Dios visible, que enviaba desde el cielo a todos la lluvia y las cosechas.

Llama la atención, pues, que Bernabé y Pablo en su justificación de quienes eran ellos mismos —no somos diosecillos, ni grandes ni pequeños—, recurran a un pensamiento sobre Dios que podríamos tener por filosófico, pues en su discurso en ningún momento añaden que su Dios es el Dios de Jesucristo, a quien este llama Padre, que ha muerto en la cruz por nosotros todos, y que ha resucitado siendo llevado al seno de misericordia del Padre de donde salió y ahora vuelve envuelto en la materia de su carne resucitada. No, los dos apóstoles se quedan en un estadio anterior. Quizá para que apareciera bien claro eso que ellos no eran; para que no se diluyera todo en un acelerón de nuevos dioses, que aparecen al gentío como los mayores, ante un hecho tan trascendente como la curación del cojo de nacimiento de Listra, el cual tenía una fe capaz de curarle. Por eso, Pablo, mirándole, le grita que se levante. Mas la reacción del gentío pagano les hace ver que hay un paso previo antes de llegar al Dios de Jesucristo: el de predicar al Dios único, el Dios vivo que hizo cielo y tierra.

Solo quien ha recibido esa predicación puede aceptar el mandamiento del amor. Solo este le ama. Y a quien me ama, le amará mi Padre.

La Revelación pasa por ahí.

 

Isidro Labrador, patrón de Madrid y de los trabajadores del campo (c. a. 1080-1130)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Isidro Labrador, patrono de los agricultores y de los ingenieros agrónomos; Emigdio, obispo y mártir; Torcuato, Tesifonte, Cecilio, Indalecio, Esiquio, Eufrasio, Segundo, Simplicio, Isaías de Kiev, Reticio, obispos; Dipna, virgen y mártir; Mancio, Pedro, Andrés, Pablo, Dionisia, Casio, Victorino, Máximo, mártires; Juana de Lestonnac, fundadora de la Orden de Nuestra Señora; Ruperto, confesor.

15/05/2017 – Lunes de la 5ª semana de Pascua. San Isidro Labrador

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia
Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-8. 11. 16-18

Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.

Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.

Mirad: nosotros proclamamos dichosos a los que tuvieron paciencia. Habéis oído hablar de la paciencia de Job y ya sabéis el final que le concedió el Señor, porque el Señor es compasivo y misericordioso.

Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo. Elías era semejante a nosotros en el sufrimiento, y rezó insistentemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Volvió a rezar y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto.

Palabra de Dios.

Sal 1, 1-2. 3.4 y 6
R. Su gozo es la ley del Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos
pero el camino de los impíos acaba mal. R

EVANGELIO
Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15. 1-7

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseéis, y se realizará».

Palabra del Señor.