Archiv para 20 Mayo, 2017

Lo que transforma nuestra vida

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hch 8;5-8.14-17; Sal 65; 1 Pe 3,15-18; Ju 14,15-21

Porque, si no es así. ¿de qué sirve todo lo nuestro? Serían meras palabrinas. El gentío escuchaba a Felipe en la ciudad de Samaría porque había visto con sus ojos los muchos signos que hacía. Escuchaban, pues, porque veían en él algo nuevo, quizá extraño, pero que les llamaba poderosamente la atención. Algo que conmovía a quienes, por ello, le prestaban su atención. Signos de vida, signos de curación. No encantamiento de serpientes, sino palabras que veían tras los signos de su vida. Y todavía faltaba lo esencial, pues solo estaban bautizados con agua en el nombre del Señor Jesús: que los fieles recibieran el Espíritu, para lo cual bajaron a esa ciudad Pedro y Juan, los dirigentes de la comunidad primera, la de Jerusalén. El bautismo de Juan había calado. Bautismo de conversión de los pecados, es verdad que hecho ahora en el nombre del Señor Jesús, pero carecían todavía de algo esencial, la venida del Espíritu a ellos por la imposición sacramental de las manos. Faltaba el tocamiento último, la palabra hecha carne en ellos se hace ahora carne salvada en Cristo por el Espíritu. Todavía encontraremos acá y allá en el libro de los Hechos creyentes que digan: no sabemos quién es el Espíritu. Les falta, por tanto, lo último y definitivo de la conversión por el bautismo, que el Espíritu de Jesús haga morada en sus cuerpos, haciendo de ellos su templo.

Llegados acá, ¿qué otra cosa podemos hacer? Aplaudir al Señor con todas nuestras fuerzas, que le aclamen cielos y tierra. Que todos vean en nosotros las proezas que él ha hecho con nosotros, porque no rechazó nuestra súplica ni nos retiró su favor.

Cuestión de amor. De ahí el condicional de Jesús. Si le amamos. Ahí está el centro de nuestro comportamiento, de la transformación de nuestra vida, Todo lo demás es agua de borrajas, no vale, nada significa. Porque si le amamos, guardaremos sus mandamientos. Mandamiento único, el del amor. Amarnos unos a otros como él nos ha amado. Será él, ahora, quien le pedirá al Padre, su Padre y Padre nuestro, ¡diferencia maravillosa!, que nos dé otro defensor, el Espíritu de verdad. Sin que este venga a nosotros, nada hemos terminado, nada hemos cumplido. ¿Cómo sabremos de él? Fácil, muy fácil, porque estará con nosotros, dentro de nosotros. Será él quien ore en nosotros gritando: Abba, Padre. Jesús nos anuncia que ha de marchar al Padre, para seguir viviendo en él, pero no nos dejará solos. Será él quien nos haga patente de qué manera Jesús está con su Padre y, sin embargo, cómo nosotros estamos con él. La juntura de esos extremos será el Espíritu que se nos dona para que esté en nosotros, de manera que nosotros estemos allá donde Jesucristo ha subido. El amor será la fuente de esa juntura. Un amor que se nos dona con la imposición sacramental de las manos divinas que nos tocan. Y estaremos en su amor si guardamos sus mandamientos. Mandamiento del amor. Y si lo amamos, el mismo Padre nos amará. Revelación de amor.

Cuánta razón la primera carta de Pedro cuando nos dice que, glorificando en nuestros corazones a Cristo Jesús, ¡siempre él!, estemos prontos para dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pidiere. ¿Cómo tendríamos miedo, escondiéndonos entre “los nuestros”? Debemos dar cuenta de lo que somos, porque vivimos en el amor de quien es Palabra y Razón.

Bernardino de Siena, confesor (1380-1444)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Bernardino de Siena, confesor; Basilisa, virgen y mártir; Teodoro, Anastasio, Hilario, Colmán, Peregrino, Austregisilo, Lucífero de Cagliari, obispos; Amalberto, confesor; Basila, Sofía, Plautila, Saturnina, vírgenes; Baudelio, Aquila, Alejandro, Asterio, Taleleo, Áurea, Timoteo, Polio, Eutiquio, mártires; Etelberto, rey

Buscar la ayuda de Dios

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hch 16,1-10; Sal 99; Ju 15,18-21

Pues sin ella, aunque bautizados, y por ello engendrados para la vida contigo en el Padre, ¿cómo conseguiríamos los bienes eternos? Solo con tu ayuda incesante. No vale con que nos hayas salvado y redimido con tu cruz, debes sostenernos de continuo y hasta el final. ¿Qué haríamos si no con nuestras escasas fuerzas? El bautismo es puntual, pero su efecto es para siempre, pues se trata del bautismo de agua y del Espíritu Santo. Y el Espíritu permanece en nosotros, ayudándonos a orar gritando: Abba, Padre.

Pobre Pablo, qué de correteos por toda la parte oriental del Mediterráneo y por la actual Turquía. Pero hoy vemos cómo salta a Europa. Sus ansias de evangelizar, de predicar el evangelio de la cruz y de la resurrección eran tan grandes, desde que el Señor resucitado se le apareció camino de Damasco, que todo se le hace pequeño. Busca todo el mundo. Quiere llegar al centro, a la urbe que todo lo rige: Roma. De este modo la Iglesia se robustecía en la fe y creía en Jesucristo un número cada vez más grande.

Sorprende cómo prendió el cristianismo en aquella sociedad tan internacionalizada por los romanos. Era tan grande el embrollo de religiones, cada una por su lado, y de desenfreno moral en aquella sociedad tan diversificada y, a la vez, tan unitaria, que —aseguran historiadores como Paul Veyne y otros muchos— había verdadera ansia de espiritualidad limpia y pura, de vida moral recatada, de búsqueda del Dios único, y no de esa excrecencia de dioses y diosecillos, de diosas y diosecillas, que se amparaban en el culto al emperador como único elemento aglutinador del imperio, tan sumamente abigarrado, de modo que el cristianismo, junto con el judaísmo —al comienzo, lo sabemos, no aparecía claro si eran la misma religión o no—, fue tomado como la fe esperada. Una fe que llenaba los anhelos de quienes buscaban la limpieza del corazón, de los mansos y misericordiosos. Se ha dicho que el cristianismo era una religión mistérica más, como la de los órficos, por ejemplo, pero nada de eso hubo. Era, si vale decirlo así, una religión racional, en la que fe y razón estaban perfectamente conjuntadas. No era la religión de la irracionalidad y del desenfreno. Al contrario, la del Logos, de la Palabra, del Verbo. La cual, conforme quedaba claro que no era una secta más del judaísmo, sobre todo cuando fue apareciendo claro que los únicos herederos del AT eran los fariseos y los cristianos, cada uno por su lado. Pero estos tenían una mayor libertad de acción y de contemplación en el Espíritu y en la predicación de la cruz, locura para judíos e insensatez para paganos. El cristianismo se fue expandiendo como la pólvora por todo el Mediterráneo, el mundo conocido de entonces.

No importaron las persecuciones, ¿no había muerto Jesús en la cruz? Al contrario, sirvieron para aumentar el cristianismo de manera fulgurante. Nos lo dice hoy Jesús en el evangelio de Juan. Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Ay, si fuéramos del mundo, este nos amaría con empeño. Pero no somos del mundo, aunque nosotros seamos colaboradores del Señor en la salvación al mundo.

Sorprende, pues, esa doble línea que se diseña en la historia desde el comienzo. Por un lado, la atracción irresistible del cristianismo. Por otro, el odio encarnizado contra él. Jesucristo nos ha escogido para sacarnos del mundo y, paradoja asombrosa, para salvar al mundo.

 

20/05/2017 – Sábado de la 5ª semana de Pascua.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Pasa a Macedonia y ayúdanos
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 16,1-10

En aquellos días, Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de una judía creyente, pero de padre griego. Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes de él. Pablo quiso que fuera con él y, puesto que todos sabían que su padre era griego,por consideración a los judíos de la región, lo tomó y lo hizo circuncidar.

Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen. Las Iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día.

Atravesaron Frigia y la región de Galacia, al haberles impedido el Espíritu Santo anunciar la palabra en Asia. Al llegar cerca de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió. Entonces dejaron Misia a un lado y bajaron a Tróade.

Aquella noche Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Pasa a Macedonia y ayúdanos».

Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio.

Palabra de Dios.

Sal 99, 1-2. 3. 5
R. Aclama al Señor, tierra entera.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R.

EVANGELIO
No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo
Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.

Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.

Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

Palabra del Señor.

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