Archiv para 29 mayo, 2017

Domingo de Pentecostés – Termina el Tiempo Pascual – 04/06/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

PENTECOSTÉS SIEMPRE

Pentecostés no es una fiesta inventada por los cristianos. Era ya una fiesta judía, la fiesta de la Alianza, de la entrega de la Ley que suponía un pacto entre Dios y su pueblo. Fecha estelar en la historia de Israel, en la que aflora la conciencia de unidad del pueblo bajo el caudillaje de Yahvé, rey eterno.

Nuestro Pentecostés actual es la fiesta de la plenitud de la Redención, de la culminación cumplida y colmada de la Pascua. Desde el mismo nacimiento de la Iglesia el Espíritu de Dios desciende incesantemente sobre todos los cenáculos y recorre todas las calles del mundo para invadir a los hombres y atraerlos hacia el Reino.

Pentecostés significa la caducidad de Babel. El pecado del orgullo había dividido a los hombres y las lenguas múltiples eran símbolo de esta dispersión. Perdonado el pecado, se abre el camino de la reconciliación en la comunidad eclesial. El milagro pentecostal de las lenguas es símbolo de la nueva unidad.

Pentecostés es “día espiritual”. Cuando el hombre deja de ver las cosas solo con mirada material y carnal, y comienza a tener una nueva visión, la de Dios, es que posee el Espíritu, que lleva a la liberación plena y ayuda a vencer nuestros dualismos, los desgarramientos entre las tendencias contrarias de dos mundos contradictorios.

Desde Pentecostés la vida del creyente es una larga pasión que abre profundos surcos en la existencia cotidiana. En estos surcos Cristo siembra la semilla de su propio Espíritu, semilla de eternidad, que brotará triunfante al sol y a la libertad de la Pascua definitiva, al final de la historia, en la resurrección de los muertos.

Pentecostés es la fiesta del viento y del fuego, nuevos signos de la misma realidad del Espíritu. El viento, principio de fecundidad, sugiere la idea de nuevo nacimiento y de recreación. Nuestro mundo necesita el soplo de lo espiritual, que es fuente de libertad, de alegría, de dignidad, de promoción, de esperanza. El símbolo del fuego, componente esencial de las teofanías bíblicas, significa amor, fuerza, purificación. Como el fuego es indispensable en la existencia humana, así de necesario es el Espíritu de Dios para calentar tantos corazones ateridos hoy por el odio y la venganza.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 2, 1-11 Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34
San Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13 San Juan 20, 19-23

de la Palabra a la Vida

El evangelio de la fiesta de Pentecostés nos lleva directamente cincuenta días atrás. Aquella noche del primer día de la semana, cuando el Resucitado infundió a sus discípulos el Don del Espíritu. Cincuenta días que quedan recogidos por la vida de la Iglesia de manera providente: Si ella existe es porque Cristo ha resucitado y ha querido darle el don del Paráclito. Con gran delicadeza, entonces, la Iglesia cierra la cincuentena concentrando en este misterio la gloria de la Pascua. Una Iglesia sin resucitado no tendría nada que ofrecer, pero sin Espíritu Santo no tendría fuerza para transformar el mundo. Igual que el cuerpo del Resucitado ha sido devuelto a la vida, a una vida nueva, así será transformada toda la creación por la fuerza del Espíritu.

Los textos de la Escritura son ricos en posibilidades para la contemplación: si san Lucas, en Hechos, se fija más en la cuestión histórica, san Juan, en el evangelio, se fija más en la unión íntima entre el Calvario, la resurrección y las apariciones, y el don del Espíritu para la formación de la Iglesia.

A todo esto, la liturgia de la Palabra añade un componente fundamental en la carta de san Pablo a los Corintios: la Iglesia anuncia a Jesús como el Señor por la fuerza del Espíritu Santo, y cuando lo hace manifiesta su ser en la multiplicidad de dones y carismas: todo aquel que ha recibido el don del Espíritu, ha recibido una forma de comunicarlo. Será precisamente en su capacidad para escuchar, para acoger ese don, como aprenda a vivir en el mundo el don recibido.

Por eso, Pentecostés supone una continuidad preciosa entre la Trinidad y la Iglesia. Si el pecado había supuesto, desde el principio, una ruptura en cuanto a la relación y las voluntades de Dios y de la humanidad, la Pascua y el don del Espíritu tienen el efecto contrario: san Juan va a mostrar en el evangelio su teología de la participación: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Si, escuchábamos domingos atrás, Cristo y el Padre son uno, y Cristo envía el Espíritu a los suyos, ellos son hoy los enviados. Dios sale de sí, y necesita que el hombre también salga de sí mismo para llevar a cabo su misión. No es capricho, es significatividad. Es hacer visible lo que Dios ha hecho.

Por eso, la primera intención de ese don del Espíritu y de esa salida es el perdón de los pecados, porque en ese perdón se manifiesta la continuidad, la participación. Dios nos hace partícipes de su don y de su tarea. La intimidad con Él se lleva también a este campo: trabajamos juntos. Podemos cooperar con el Espíritu de Dios: Aquel que recibe en la Iglesia el don sobrenatural del Espíritu actuará de forma natural cuando se deje llevar por Él y anuncie el evangelio del perdón de Dios. La Iglesia se edifica, entonces, para poder conceder ese perdón, para poder establecer la comunión plena entre Dios y nosotros. Cristo ha querido servirse de aquellos pobres hombres para divinizarlos, y por ellos, a todos los que la formamos. Nos ha acompañado lo suficiente como para ver que necesitamos ese perdón. ¿Cómo acojo el perdón de Dios? ¿Soy capaz de reconocer mis errores y esperar el don del Espíritu?

En los discípulos no encontramos hoy en el evangelio ningún obstáculo al don que Jesús les da, por eso también nosotros tenemos que descubrir que la Pascua tiene el inmenso poder de echar abajo cualquier obstáculo. Celebremos el día de Pentecostés vivificados por el Espíritu, que establece la continuidad y la comunión entre el Creador y las criaturas.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal…
El prefacio de la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que constituiste a tu únido Hijo
Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo,
y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.
Él no sólo confiere el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo,
sino también, con amor de hermano,
elige a hombres de este pueblo para que,
por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión.
Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención,
preparan a tus hijos el banquete pascual,
presiden a tu pueblo santo en el amor,
lo alimentan con tu palabra,
y lo fortalecen con tus sacramentos.
Tus sacerdotes, Señor,
al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos,
van configurándose a Cristo,
y han de darte así testimonio constante de fidelidad y amor.
Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos
cantamos tu gloria diciendo:
Santo, Santo, Santo…

 


Para la Semana

Lunes 5:
Tob 1,3;2,1b-8. Tobit practicaba la verdad.

Sal 111. Dichoso quien teme al Señor.

Mc 12,1-12. Agarrando al hijo amado, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
Martes 6:

Tob 3,1-11a.16-17a. La oración de ambos fue escuchada delante de la gloria de Dios.

Sal 24. A ti, Señor, levanto mi alma.

Mc 12,18-27. No es Dios de muertos, sino de vivos.
Miércoles 7:

Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Fiesta

Gn 22,9-18. El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

o bien:

Hb 10,4-10. Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí: para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad.

Sal 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Mt 26,36-42. Mi alma está triste hasta la muerte.
Jueves 8:

Tob 11,5-18. Tras el castigo, Dios se ha apiadado, y ahora veo a mi hijo.

Sal 145. Alaba, alma mía, al Señor.

Mc 12,35-37. ¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?
Viernes 9:

Tob 11,5-18. Tras el castigo, Dios se ha apiadado, y ahora veo a mi hijo.

Sal 145. Alaba, alma mía, al Señor.

Mc 12,35-37. ¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?
Sábado 10:

Tob 12,1.5-15.20. Ahora alabad al Señor; yo subo a Dios.

Sal: Tob 13,2.7-8. Bendito sea Dios, que vive eternamente.

Mc 12,38-44. Esta viuda pobre ha echado más que nadie.


Voto y Félix, eremitas (s. VIII)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Restituta, Sinisio o Sisinio, Martirio, Alejandro, Conón, Teodosia, Gencio, Andrés, Amón, Sofía, mártires; Máximo, Maximino, obispos; Eleuterio, confesor; Voto, Félix, Juan de Atarés, eremitas.

La Gran Profecía.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Ahora sí que hablas claro y no dices ninguna parábola”

¿A qué se refieren los discípulos?  Conviene tener presente todo el capítulo 16 de san Juan desde el principio. Pero yendo a lo fundamental, Jesús sabe que sus discípulos no estan entendiendo toda la magnitud y profundidad de lo que está sucediendo en sus vidas. Para ello, van a necesitar el desarrollo de la historia y la iluminación constante del Espíritu Santo.

Por otra parte, Jesús sabe que los discípulos piensan que por seguirle, la felicidad está asegurada, que va a llegar la época dorada del imperio de la armonía y que van a estar exentos de problemas o dolores. Nada más lejos de la realidad.

Jesús, como maestro y amigo, quiere aclararles la verdad.

Por una parte, quiere que se den cuenta de que realmente él es el Hijo de Dios profetizado desde antiguo. Jesús reitera a los discípulos la verdad de su divinidad: “mi Padre os quiere porque me queréis y creéis que salí de Dios”.   Y se lo va a repetir no una, ni dos, sino ¡cuatro veces! Puede ser que nosotros hoy lo tengamos asumido… Sí, claro, Jesús es la segunda persona de la Trinidad, es Dios verdadero de Dios verdadero, etc., etc. ¡El creador del inifinito cosmos traspasó las dimensiones del mundo y vino a la tierra para convivir como humano-limitado! En un cosmos que se reducía al espacio terrestre y a la esfera del cielo donde estaban los astros como colgando de una bóveda que rodeaba la tierra parece fácil que el “gigante Dios” se hiciera “pequeño hombre”, casí hasta parece otra manera de ver las encarnaciones de los dioses del olimpo… Pero pensar que el Dios eterno, más allá de las infinitas estrellas y galaxias del espacio infinito -que hacen contemplar la Tierra como una piedrecita en medio de un inmenso desierto-, haya querido “abajarse” para vivir como criatura humana, resulta siempre asombroso y desconcertante. Me gustaría que lo meditásemos de nuevo… Realmente, necesito de la luz del Espíritu de la Verdad para llegar a comprenderlo.

Por otra parte quiere que sus discípulos entendamos la cruz de la moneda. Que el Hijo de Dios haya estado presente en nuestra historia, como hombre verdadero, supone que debía sufrir dolor, limitación y finalmente muerte. Supone la oscuridad de su potencia divina en todo ello. Y eso hace que algunos se escandalizen, otros se aparten de la fe y otros vean la inutilidad del Dios de Cristo en la vida. De hecho, algunos llegan a pensar que “Dios ha muerto” y ha desaparecido de la tierra y ha abandonando a su suerte la vida de los hombres (guerras, asesinatos, hambre, injusticia por doquier,…). Por eso a Cristo se le da de lado.

La Palabra de Cristo hoy es impresionante, porque profetiza lo que ha pasado en la historia y el momento que estamos viviendo. Él ya lo sabía, por eso nos ha dejado este capítulo precioso de san Juan para que lo escuchemos una y otra vez. Y ahora puedes entender lo que él dice finalmente: “Os he dicho estas cosas para que volváis a tener paz en mí. En el mundo tendréis sufrimiento. Pero… ¡ánimo! Yo he vencido al mundo”.

Sí, creo en tí Jesús Resucitado, tú tienes la última palabra de cada historia y de cada persona.

 

29/05/2017 – Lunes de la 7ª semana de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 19, 1-8

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:

– «¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».

Contestaron:

– «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».

Él les dijo:

– «Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».

Respondieron:

– «El bautismo de Juan».

Pablo les dijo:

– « Juan bautizó con un bautismo de conversión, y diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».

Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.

Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios,dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

Palabra de Dios.

Sal 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.

EVANGELIO
Tened valor: yo he vencido al mundo
Lectura del santo Evangelio según san Juan 16,29-33

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:

– «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».

Les contestó Jesús:

– ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor.