Archiv para Junio, 2017

Nacimiento de Juan Bautista (A.T.)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

El Nacimiento de San Juan Bautista.Santos: Teodgaro, Bartolomé, confesores; Orencio, Farnacio, Eros, Fermín, Ciriaco, Firmo, Longinos, hermanos; Fausto, Agilberto, Agoardo, mártires; Teodulfo, Simplicio, Gunardo, obispos; Iván, eremita; Juan Terestes, monje; Juan Portuense, anacoreta; José Yuan, sacerdote diocesano mártir de China.

Hoy estamos de cumpleaños

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

De ningún santo solemos celebrar el día de su nacimiento, su cumpleaños, salvo de san Juan Bautista; de los demás, solemos celebrar el día de su muerte que, en realidad, es también el día de su nacimiento a la vida eterna. Si a eso añadimos el piropo que el Señor le regaló en vida: “Entre los nacidos de mujer no ha habido nadie mayor que Juan el Bautista”, pues nos podemos hacer idea de la trascendencia de su vida y de la importancia de su misión. Y, sin embargo, después del piropo, también el Señor añadió que “sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él”.

Así es el Evangelio: un signo de contradicción, porque estos criterios de grandeza y pequeñez no son, para nada, los criterios que encontramos en nuestros ambientes. Y, si no, que se lo digan a la madre de Juan, Isabel, que a su edad no imaginaba que le iba a hacer el Señor tal regalo. O que se lo digan al pobre Zacarías, que también a su edad, quizá sin comerlo ni beberlo, se encontró metido de narices, junto con su mujer Isabel, en los inicios del misterio de la Encarnación del Verbo, preludiado ya en el nacimiento tan extraordinario de Juan el Bautista. Y así actúa Dios: de improviso, a través del absurdo, saltándose a la torera nuestros criterios y planes, porque de otra manera no terminamos de aprender que el Dios es Él, no nosotros. Y Dios no deja de asombrarnos, porque es novedad continua y eterna. Nos descoloca, nos desinstala, nos despista. ¡Vamos, que con Él no hay quien se aburra! Y aun así, no terminamos de espabilar, de aprender sus modos de hacer, su lenguaje.

Mucho tenemos que aprender de la vida de Juan Bautista. Si aprendiéramos como él a señalar a Jesús, a anunciarle, a ser voz que clama en el desierto… Pero somos capaces de poner en bandeja de Herodías cualquier cosa antes que ver ahí nuestra propia cabeza. La grandeza del nacimiento de Juan Bautista se corresponde con la grandeza de su muerte, y eso nos hace intuir algo de la grandeza de su vida. Pidámosle hoy al santo esa grandeza de vida, para que sepamos ser como él esa voz que no sabe callar en el desierto de nuestro mundo de hoy.

24/06/2017 – Sábado de la 11ª semana de Tiempo Ordinario. Natividad de San Juan Bautista

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PRIMERA LECTURA
Te hago luz de las naciones
Lectura del libro de Isaías 49, 1-6

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:

El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.

Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».

Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas».

En realidad el Señor, defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios.

Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.

Y mi Dios era mi fuerza:

«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.

Sal 138, 1-3. 13-14. 15
R. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces.
Me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias porque me has plasmado portentosamente,
porque son admirables tus obras. R.

Mi alma lo reconoce agradecida,
no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.

SEGUNDA LECTURA
Juan predicó antes de que llegara Cristo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 22-26

En aquellos días, dijo Pablo:

«Dios suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: “Encontré a David, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.

Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegará Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.

Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a vosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación».

EVANGELIO
El nacimiento de Juan Bautista Juan es su nombre
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.

A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:

«¡ No! Se va a llamar Juan».

Y le dijeron:

«Ninguno de tus parientes se llama así».

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos se quedaron maravillados.

Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:

«Pues ¿qué será este niño?».

Porque la mano del Señor estaba con él.

El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.

Palabra del Señor.

¡No tengo tiempo!

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El agobio es la gran enfermedad de nuestro tiempo. Es verdad que todos comentamos que llevamos un ritmo de vida que no es sano, que no sabemos vivir bien, que no tenemos tiempo para nada… Pero, todos seguimos sin cambiar el ritmo trepidante de actividad, desordenada o no, que nos hace perder de vista lo esencial. Por eso, la invitación del Señor: “Venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”, resuena hoy de una manera nueva y especial. Hoy, precisamente, en la gran solemnidad del Corazón de Jesús.

Cuando nos acercamos a este Corazón aprendemos a vivir en la calma, en lo perenne, en lo que no pasa. Aprendemos el valor del tiempo, que es un talento que el Señor nos da para que lo hagamos fructificar, es decir, lo carguemos de frutos espirituales, no de cosas y de tareas. Aprendemos que por encima de nuestras prisas y agobios, está el tiempo de Dios, muy diferente del nuestro, en el que suceden los grandes acontecimientos de la historia. Y frente al tiempo de Dios, frente a nuestro tiempo humano, está también el tiempo del demonio, caracterizado por las prisas y los agobios. Sabe Satanás que tiene las horas contadas y que el tiempo se acaba, porque la victoria de Cristo es una realidad. Por eso, cuanto más nos alejamos del tiempo de Dios más nos invade el agobio y la prisa. Tenemos tantas urgencias, tantas cosas importantes que resolver, tantos compromisos y deberes diarios, que no tenemos tiempo para lo esencial, para Dios. ¡Como si las cosas y las tareas nos alejaran de Dios!

“Venid a Mí”. En este Corazón aprendemos a reordenar las cosas, las personas, las actividades, a centrarlas en lo más importante, sabiendo que el tiempo del que disponemos no es nuestro sino del Dueño y Señor del tiempo. El tiempo es un don, no un derecho, y hay que saber acogerlo como es: humano y limitado, pero cargado de unas potencialidades enormes de cara a la eternidad. Nos agobiamos cuando queremos hacernos dueños de nuestro tiempo, como si fuera algo que nos pertenece por derecho. Nos agobiamos cuando hacemos nuestros planes al margen de la providencia y sin contar con ella, agarrados a las seguridades humanas que nos ofrecen nuestras cualidades, nuestros proyectos, nuestras ambiciones, etc. Pero, vivir anclados en la calma de la providencia no significa pasividad, ni indiferencia ante las obligaciones de la vida.

Aprender a descansar en el Corazón de Jesús es de sabios. Pero, eso se aprende en la escuela de la intimidad con Él. Saber descansar, en un ambiente que nos habla por todas partes de prisas, de agobios, de conseguir todo a golpe de click, es bastante más importante de lo que nos puede parecer. Hemos sustituido la cultura del descanso por la cultura del ocio, y lo que hacemos es llenar el “tiempo libre” de más cosas y más actividades. Si no aprendemos a descansar con el corazón, por más que tengamos el mejor planazo de ocio, seguiremos agotados y agobiados con la vida.

Aprender a descansar en Dios es aprender a vivir, no apoyados en nuestras propias fuerzas sino en Alguien que es más fuerte y poderoso que yo. Aunque los problemas y los agobios nos circunden por todas partes. ¿Por qué será que cuanto más nos alejamos de Dios más nos agobiamos ante las cosas, imprevistos, problemas, fracasos, etc.?

En este día hermoso del Corazón de Jesús, aprendamos a descansar en Él. Y dejémonos amar por este dulcísimo Corazón, que quiere encontrar su gozo y su descanso entrando en la pobreza de nuestro pequeño corazón.

 

 

José Cafasso, confesor (1811-1860)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Juan, presbítero y mártir; Jacobo, obispo; Agripina, virgen y mártir; Zenón, Zenas, Félix, Gotilas, Ardames, Baraclas, Moisés, Eustoquio, Gayano, Proba, Lolia, Urbano, mártires; Aristocles, Demetriano, Atanasio, confesores; José Cafasso, presbítero; Editrudis, o Edeltrida, o Edeltrudis, abadesa; María de Oignies, virgen.

23/06/2017 – Viernes de la 11ª semana de Tiempo Ordinario. El Sagrado Corazón de Jesús

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El Señor se enamoró de vosotros y os eligió
Lectura del libro del Deuteronomio 7, 6-11

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios; el Señor, tu Dios, te eligió para que seas, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad.

Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor a vosotros y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó el Señor de Egipto con mano fuerte y os rescató de la casa de esclavitud, del poder del Faraón, rey de Egipto.

Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es Dios; él es el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y observan sus preceptos, por mil generaciones.

Pero castiga en su propia persona a quien lo odia, acabando con él. No se hace esperar; a quien lo odia, lo castiga en su propia persona.

Observa, pues, el precepto, los mandatos y decretos que te mando hoy que cumplas». Palabra de Dios.

Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10 (R.: 17)
R. La misericordia del Señor dura por siempre para aquellos que lo temen.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseño sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

SEGUNDA LECTURA
Dios nos amó
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-16

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Soy manso y humilde de corazón
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobres vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

Paulino de Nola, confesor (c. a. 353-431)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Paulino de Nola, Adán, Nicetas, Juan, Liberto, obispos; Juan Fisher, cardenal; Tomás Moro, Canciller y mártir; Pompiano, Galación, Heraclio, Saturnino, Albano, Flavio, Clemente, mártires; Inocencio V, papa; Consorcia, virgen; Lamberto, abad; Arón, eremita; Domiciano, monje.

Enséñanos a orar

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Es fácil pedirle algo a alguien que ya conoce de antemano nuestra necesidad, o que ya sabe lo que le vamos a pedir. Es difícil, en cambio, presentarse ante alguien que, lejano a nuestras vidas, no intuye para nada lo que podemos necesitar; eso nos obliga a pensar y elaborar articulados discursos para conseguir “vender la moto” como sea y conmover al otro para que nos ayude. Algo así sucede con la oración. Si a Dios lo vemos como alguien lejano a nuestras vidas, entenderemos que la oración es un modo, quizá el único modo que tenemos, para intentar vender la moto de nuestras necesidades; y, entonces, nos vemos obligados a recurrir a todo tipo de estratagemas y rezos para tener a Dios contento y que, por fin, nos conceda lo que le pedimos. El problema viene cuando, después de tanto esfuerzo, no solo no nos concede lo que le pedimos sino que nos sucede todo lo contrario a lo que nosotros queríamos.

Cuando Dios es alguien cercano e íntimo en tu vida no sucede así. Cuántos enamorados viven en tal sintonía que con un simple gesto, una mirada, un ademán, ya se han dicho todo. Cuanta complicidad entre dos que se aman y que conocen al milímetro los gustos, los tiempos, los ritmos, las debilidades, las necesidades del otro. Así, y mucho más, debería ser con Dios. Y así debería nacer la oración: como un diálogo entre dos que se aman hasta la más íntima complicidad. Por eso, en la oración no hay recetas, ni mecanismos, ni trucos, porque habla el amor; y cuando dos se aman a veces el silencio es el lenguaje más adecuado.

Nos cansamos de orar, porque creemos que es un esfuerzo de puños y porque, al final, caemos en la tentación del activismo. ¡Hay tantos problemas, tantas urgencias, tantos agobios que resolver, que no tenemos tiempo de orar! Y así nos va… Pero es imposible que todo ese activismo sea fecundo y dé fruto al cien por cien, si no va acompañado de mucha vida interior, o si no nace de una verdadera contemplación de la vida de Cristo. Los discípulos, que tantas veces fueron testigos de la oración del Señor, debieron quedar impresionados y sobrecogidos al verle orar. Por eso, un día le pidieron al Maestro: “Enséñanos a orar”. Y fue entonces cuando Jesús les entregó la hermosa oración del Padre nuestro. ¡Cuántas veces, en sus largas noches de oración, debió repetir Jesús esa bella oración dirigida a su Padre!

Pidamos hoy al Corazón de Jesús el don y el fruto de la verdadera oración. Que nos conceda vivir con equilibrio el binomio oración-acción. Hace falta, más que nunca, aprender a vivir la mística de la vida ordinaria. Que no consiste en ir por la calle con el cuello torcido y con cara de bobalicón místizoide, sino en vivir la presencia de Dios, suave y escondida, en todas las ocupaciones del día. Transfigurar esa vida ordinaria es el arte de la verdadera vida contemplativa.

22/06/2017 – Jueves de la 11ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Anunciando de balde el Evangelio de Dios para vosotros
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 1-11

Hermanos:

¡Ojalá me toleraseis algo de locura! aunque ya sé que me la toleráis.

Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; pues os he desposado con un solo marido, para presentaros a Cristo como una virgen casta.

Pero me temo que, lo mismo que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes, apartándose de la sinceridad y de la pureza debida a Cristo.

Pues, si se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que os he predicado, u os propone recibir un espíritu diferente del que recibisteis, o aceptar un Evangelio diferente del que aceptasteis, 1o toleráis tan tranquilos.

No me creo en nada inferior a esos superapóstoles.

En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado.

¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios?

Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio. Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesidtado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mis necesidades.

Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada.

Por la verdad de Cristo que hay en mi: nadie en toda Grcia me quitará esta satisfación.

¿Por qué?, ¿porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así.

Palabra de Dios.

Sal 110, 1-2. 3-4. 7-8
R. Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R.

Esplendor y belleza son su obra,
su justicia dura por siempre.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente. R.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R.

EVANGELIO
Vosotros orad así
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Palabra del Señor.

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