Archiv para 1 junio, 2017

Justino, mártir (c. a. 100-c. a. 166)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de la Luz (Patrona de los empleados del gas y de la electricidad). Santos: Justino, Simeón, Esteban, Benito, Juvencio, Felino, Gratiniano, Tespesio, Firmo, Crescenciano, Próculo, Esquirión, Pánfilo, mártires; Gerardo, Conrado, Gaudencio, Reveriano, obispos; Floro, Cándida, Claudio, Zenón, Fortunato, confesores; Iñigo, Caprasio, abades; Juan, soldado; Simeón, Bernardo, monjes.

San Justino, el secreto y la Verdad.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¿Dónde está el amigo que siempre busco?

¿Dónde está la felicidad que tanto ansio?

¿Podría no existir pero… por qué existo?

¿La belleza del mundo tiene un principio y un fin?

Cuántas preguntas rondaban en el corazón inquieto de Justino. Probablemente uno de los más grandes filósofos de la primitiva Iglesia, grande entre los grandes padres apologetas. Justino había sido educado para aspirar a lo más alto, reunía lo mejor de oriente y occidente. Nacido en Siquem, en Palestina, vivió rodeado de la cultura greco-romana pero conocía la historia judía. Su mente siempre estuvo abierta a conocer el verdadero origen y causa de cada cosa. Y lo buscó sin descanso, entre los estoicos, aristotélicos, pitagóricos o platónicos…

Releyendo la vida de san Justino y después de más de 15 años sirviendo en la misión evangelizadora de la Iglesia, me he dado cuenta que Dios se revela rápidamente a aquellos corazones que cumplen dos condiciones: que confian que existe la Verdad (la razón de toda la realidad) y un deseo inmenso de conocerla. Es como si Dios encontrara un corazón que le gritara, que le rezara sin cesar. Por el contrario, ¡qué difícil resulta la manifestación del amor de Dios a un corazón cerrado sobre sí mismo y reducido a lo material! (Me recuerda a lo que dijo Jesús… “¡Qué dificil  le es a un rico entrar en el reino de los Cielos!”) Un pobre de corazón, no es una persona ignorante o simplona, puede ser una persona culta y bien formada, pero dispuesta a perder sus convicciones más profundas en honor a la Verdad. Como decía una mística de nuestro tiempo: entre todas las estrellas maravillosas que brillan en el firmamento elegí una: La Verdad.

¿Y cuál es la Verdad? Ya sabes… No es una definición filosófica sino una persona. “Yo soy La Verdad…” (Jn 14,6); así se definió Jesús a sí mismo.Y de él mana todas las verdades, todas las respuestas. Escucha hoy el evangelio porque nos lo ha dicho todo. ¿Cuál es el fin de la Vida humana? ¿Cuál es la Verdad del hombre? Escucha a Cristo: el fin es la Unidad. El origen fue la Unidad del Amor entre el Padre y el Hijo. Dios nos quiso crear para que fuéramos, entre todos los seres del Cosmos, interlocutores de Dios. Pero, en Jesucristo, nos eligió para que nos uniéramos para siempre en la misma vida de Dios. Hijos partícipes de la vida del Padre. Viviendo unidos en la verdadera patria, amándonos en la luz eterna entre el amor del Padre y del Hijo en el Espíritu. Una unidad que llena de felicidad y plenitud. Por tanto, todo lo que hagamos en este mundo si tiende a la unidad en nuestro ser, en nuestras relaciones y entre nosotros con Dios, será su cumplimiento. Si tendiera a la división o al egoismo, es su destrucción. Y por ello, merece dar la vida. Como confesó Justino ante el prefecto romano que le llevo al martirio: ” Yo sólo espero entrar en la casa del Señor…; pues sé que a todos los que vivan rectamente les está reservada esta recompensa divina hasta el fin de los siglos”.

01/06/2017 – Jueves de la 7ª semana de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Tienes que dar testimonio en Roma
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 22, 30; 23, 6-11

En aquellos días, queriendo el tribuno conocer con certeza los motivos por los que los judíos acusaban a Pablo, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajando a Pablo, lo presentó ante ellos.

Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín:

– «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos».

Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas) Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando:

– «No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?».

El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.

La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo:

– «¡Animo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma».

Palabra de Dios.

Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.

EVANGELIO
¡Que sean completamente uno!
Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró, Jesús diciendo:

– «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.

Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

Palabra del Señor.