Archiv para 4 Junio, 2017

Francisco Caracciolo, fundador (1563-1608)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Francisco Caracciolo, fundador; Quirino, Clato o Clateo, Metrófanes, Optato, Alejandro, obispos; Rútilo, Alonio, Croidano, Medano, Dagano, Sofía, Saturnina, Arecio, Dociano mártires; Rut, matrona bíblica; Pedro de Bono, confesor.

VEN ESPIRITU SANTO

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¿Qué regalo puede dar Dios-Padre a Dios-Hijo? Sólo el Amor. Ese es el Espíritu Santo. Es el Amor-persona. Es el Don de Dios.

Cuando Jesús muere en la cruz, hace algo inmenso, en medio de su sacrificio de amor por los hombres dice a su Padre: “A tus manos encomiendo mi espíritu”. Y expirando, lo da. Es el Espíritu-divinidad que ha acompañado a Jesús desde que lo engendró en el seno de María, que inundó su humanidad desde el bautismo, con el que rezaba a su Padre y en el que realizaba las maravillas de sus signos.

Y ahora es donado a la Iglesia, a la humanidad. El Don de Dios se nos regala a nosotros. ¿Para qué? Para reconstruir todo lo que había sido derrumbado por el pecado del hombre. ¿ Y qué había sido derrumbado? Justamente el amor.

El amor que nos unía con Dios-creador, el amor que nos unía entre nosotros, y el amor que nos unía a toda la creación. Por eso, el Espíritu Santo se nos da para perdonar los pecados (evangelio), para que seamos un sólo cuerpo (epístola), y podamos entendernos de verdad (primera lectura).

¿Pero sólo se nos da a nosotros? Dice el Salmo de hoy que el Espíritu se da como aliento repoblando toda la tierra. El Espíritu se ha derramado también sobre toda la tierra (cosmos), para que regándola de Gracia pueda germinar un día como “cielos nuevos y tierra nueva”. Cuando estamos llenos del Espíritu Santo es como si nos uniéramos todos al todo de la creación para tener un mismo destino de salvación. Suena fuerte, suena elevado, pero es lo que nos dijo Jesús: “Dios será todo en todos”.

Nunca se me olvidará aquella vez que unos amigos palestinos de Belén vinieron a dar testimonio en una misa de Navidad. Sintieron tanto amor entre la gente y hacía ellos en la liturgia, que se emocionaron y sólo pudieron decir estas palabras: “nos sentimos como hermanos con vosotros, no os conocemos y ya os queremos, rezar por nosotros y llevarnos siempre en vuestro corazón”. Y ocurrió el milagro de que los desconocidos de culturas e idiomas tan diferentes se sentían de la misma comunidad, de la misma patria, de la misma familia. Allí estaba el Espíritu Santo, sin duda.

¿Qué podemos decir? Sólo podemos repetir esa oración antiquísima de la Iglesia. De verdad, con el corazón abierto… “Ven Espíritu Divino, Ven Espíritu Santo. ¡Ven por María!”

 

04/06/2017 – Domingo de Pentecostés – Termina el Tiempo Pascual

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de un viento que soplaba fuertemente, u llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:

«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Palabra de Dios.

Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34
R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R.

SEGUNDA LECTURA
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

SECUENCIA

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor.