Archiv para 7 Junio, 2017

La Resurrección, ¿una metáfora?

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El otro día hablando con un grupo de chicos de un colegio diocesano, me sorprendió una chica preguntándome si había que creer en la Resurrección de verdad o si era una metáfora para decir que vamos a seguir viviendo de alguna forma reencarnándonos o como fuera. También otro día en una reunión de padres de los niños de primera comunión salía, que para muchos de ellos, de los temas más difíciles de la fe a comprender son: que Jesús es el Hijo de Dios, el Espíritu Santo y la Resurrección.

A primera vista podríamos decir que el caso que presentan los saduceos es exactamente el caso de Sara. Pero más que centrarnos ahí quisiera profundizar la importancia de la fe en la Resurrección sobre todo en los dos casos que nos refleja el Antiguo Testamento: Tobit y Sara. Se trata de dos personas que experimentan el fracaso: Tobit con su ceguera y Sara perdiendo una y otra vez a sus maridos. Nosotros sabemos que al final Tobit recupera su vista con hiel del pez o un tratamiento antiguo para quitar las cataratas y que Sara llegó a un matrimonio feliz con Tobias el hijo de Tobit. Pero la historia podía haber sido distinta y eso no quita nada de la fuerza de Dios, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Dios es el Dios de la vida, que nos asegura el final feliz de la Resurrección. Tanto la muerte física como la espiritual no tienen la última palabra.  Dios nos promete una vida y vida en abundancia que no depende de las situaciones externas (Juan 10,10).

¡Cuánta gente conocemos que pierden a un ser querido, su matrimonio fracasa o mueren por una enfermedad! Dios es capaz de rehacernos desde cualquier circunstancia y puede darnos una perspectiva de futuro como nadie: “Tu futuro está lleno de esperanza” (Jeremías 29,11) o como dice San Pablo: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo (1 Cor 15, 55ss).

La vivencia de Tobit es lo que muchas veces tenemos: pensamos que las desgracias que nos caen en la vida son porque Dios nos trata así por nuestros pecados. Entonces la situación se hace doblemente dura y, como Tobit, preferimos no vivir. Pero Dios nos viene a decir que El no nos castiga, que su Amor ha vencido todo egoísmo o fallo nuestro y que El nos quiere dar una alegría silenciosa y verdadera aun en medio de grandes dificultades. ¡Esto es experimentar ya aquí en esta tierra la fuerza de La Resurrección! ¡El perdón de los pecados de nuestra vida, sean cuales sean, son el mayor “milagro” de nuestras vidas! De ahí surgen tanto testigos de una vida plena en medio de persecuciones, enfermedades o dificultades diversas.

La Resurrección es una realidad fundamental para nuestras vidas ya aquí en la tierra y también de cara a la muerte. No es lo mismo creer que la muerte es un paso a una vida abundante definitiva o que se acabe todo. Aunque Jesús exprese en éste Evangelio que “seremos como ángeles” eso no quita que creemos en la Resurrección de la carne y que en el cielo volveremos a ver a nuestros seres queridos. Esto último lo vemos en la familia del chico que murió recientemente  en el accidente del ascensor con su novia. Aun en medio de un gran dolor, no han perdido la esperanza de volverle a ver y viven con la certeza de que desde el cielo sigue cuidando a toda su familia.

Isaac y compañeros, mártires cordobeses († 851)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pablo, Cándido, Venancio, obispos; Licarión, presbítero; Pedro, presbítero y mártir; Walabonso, diácono y mártir; Isaac, Abencio, Jeremías, Sabiniano, Wistremundo, monjes y mártires; Acacio, Alderico, Eugenia, Valentín, Juan, Tarasio, Sancho, Godescalco, mártires; Antonio María Gianelli, confesor; Roberto, abad; Ana García, virgen.

07/06/2017 – Miércoles de la 9ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
La oración de ambos fue escuchada delante de la gloria de Dios
Lectura del libro de Tobías 3, 1 – 11a. 16-17a

En aquellos días, con el alma llena de tristeza, entre gemidos y sollozos, recité esta plegaria:

«Eres justo, Señor, y justas son tus obras son justas; siempre actúas con misericordia y fidelidad, tú eres juez del universo.

Acuérdate, Señor, de mi y mírame; no me castigues por los pecados y errores que yo y mis padres hemos cometido.

Hemos pecado en tu presencia, hemos transgredido tus mandatos y tú nos has entregado al saqueo, al cautiverio y a la muerte, hasta convertirnos en burla y chismorreo, en irrisión para todas las naciones entre las que nos has dispersado.

Reconozco la justicia de tus juicios cuando me castigas por mis pecados y los de mis padres, porque no hemos obedecido tus mandatos, no hemos sido fieles en tu presencia.

Haz conmigo lo que quieras, manda que me arrebaten la vida, que desaparezca de la faz de la tierra y a la tierra vuelva de nuevo.

Más me vale morir que vivir porque se mofan de mí sin motivo y me invade profunda tristeza.

Manda que me libre, Señor, de tanta aflicción, déjame partir a la morada eterna.

Señor, no me retires tu rostro.

Mejor es morir que vivir en tal miseria y escuchar tantos ultrajes».

Sucedió aquel mismo día que Sara, hija de Ragüel, el de Ecbatana, en Media, fue injuriada por una de las criadas de su padre; porque había tenido siete maridos, pero el malvado demonio Asmodeo los había matado antes de consumar el matrimonio, según costumbre. La criada le dijo:

«Eres tú la que matas a tus maridos. Ya te has casado siete veces y no llevas el nombre de ninguno de ellos. ¿Por qué nos castigas por su muerte? ¡Vete con ellos y que nunca veamos hijo ni hija tuyos!».

Entonces Sara, llena de tristeza, subió llorando al piso superior de la casa con el propósito de ahorcarse. Pero, pensándolo mejor, se dijo: « Solo serviría para que recriminen a mi padre. Le dirían que su hija única se ahorcó al sentirse desgraciada. No quiero que mi anciano padre baje a la tumba abrumado de dolor. En vez de ahorcarme, pediré la muerte al Señor para no tener que oír más reproches en mi vida».

Entonces extendió las manos hacia la ventana y oró.

En aquel instante, la oración de ambos fue escuchada delante de la gloria de Dios, el cual envío al ángel Rafael para curarlos: a Tobit, para que desaparecieran las manchas blanquecinas de sus ojos y pudiera contemplar la luz de Dios; a Sara hija de Ragüel, para darla en matrimonio a Tobías, hijo de Tobit, liberándola del malvado demonio Asmodeo. Tobías tenía más derecho a casarse con ella que cuantos la habían pretendido. Palabra de Dios.

Sal 24, 2-3. 4-5ab. 6-7bc. 8-9
R. A ti, Señor, levanto mi alma.

Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los traidores. R.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mi con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R.

EVANGELIO
No es Dios de muertos, sino de vivos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:

«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano”.

Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.

Cuando llegue la resurrección y resuciten ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».

Jesús les respondió:

«¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.

Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados».

Palabra del Señor.