Archiv para 9 Junio, 2017

La ceguera

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy es bastante enigmático, por ello me voy a centrar en el salmo, que es una síntesis entre Tobias y el Evangelio:

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R/.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

El Señor abre los ojos al ciego, ¿de qué ceguera habla? Existe la ceguera física como es el caso de Tobias, pero también la ceguera de la indiferencia, de la desesperanza, de no ver a las personas que me rodean, etc. Un ejemplo claro de esta ceguera es el caso de John Newton, comerciante de esclavos de la Inglaterra colonial, actividad en la que se destacó por su crueldad y abyección, conductas de las que se arrepintió para convertirse en pastor protestante. Escribió muchos himnos como el conocido “Amazing Grace”. En él se expresa de ésta forma: “Estaba ciego, pero ahora puedo ver. Estuve perdido, pero ahora me encontré.” Aquí queda claramente reflejada la experiencia de ceguera e incapacidad de ver a los demás como iguales, como personas y como hermanos, lo que le llevó a trabajar en el tráfico de hermanos.

¡Cuántas veces en los ambientes académicos o laborales se percibe que el otro es más bien un rival o hasta un enemigo o es sencillamente invisible!

El salmo de hoy nos recuerda que existe una curación espiritual que puede ser hasta un mayor alivio o liberación que la curación de la ceguera física. Tobias es un ejemplo de una enfermedad vivida con paciencia y esperanza.

Sabemos que muchas personas y a veces, nosotros mismos, sufrimos la falta de perspectiva de futuro, no vemos salida a nuestros problemas, etc. Dios viene hoy a abrirnos los ojos del corazón a su amor, a todo lo que El nos regala en la vida y al valor de nuestra propia vida y de los que nos rodean.

Columba, o Columkill, abad (521-597)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Efrén Siro, diácono y doctor; Jorge, Ricardo, Maximiano, obispos; Tecla, Mariana, Marta, Amai (o Enneim), Diómedes, Ananías, Cuadrado, mártires; Primo, Feliciano, mártires; Vicente, diácono y mártir; Pelagia, virgen y mártir; Columba o Columkill, abad; Julián, monje; beato José Anchieta.

Efrén, confesor y doctor de la Iglesia (c. a. 306- c. a. 375)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Efrén Siro, diácono y doctor; Jorge, Ricardo, Maximiano, obispos; Tecla, Mariana, Marta, Amai (o Enneim), Diómedes, Ananías, Cuadrado, mártires; Primo, Feliciano, mártires; Vicente, diácono y mártir; Pelagia, virgen y mártir; Columba o Columkill, abad; Julián, monje; beato José Anchieta.

09/06/2017 – Viernes de la 9ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Tras el castigo, Dios se ha apiadado, y ahora veo a mi hijo
Lectura del libro de Tobías 11, 5-18

En aquellos días, Ana estaba sentada, con la mirada puesta en el camino por donde debía volver su hijo. Cuando lo divisó de lejos, dijo al padre:

«Mira, ahí llega tu hijo con el hombre que lo acompañaba».

Rafael dijo a Tobías, antes de llegar a su padre:

«Estoy seguro de que tu padre recuperará la vista. Úntale los ojos con la hiel del pez; el remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se desprendan. Tu padre recobrará la vista y verá la luz».

Ana acudió corriendo y se abrazó al cuello de su hijo, mientras decía:

«Ya te he visto, hijo. Ya puedo morir».

Y rompió a llorar.

Tobit se levantó y, tropezando, atravesó la puerta del patio. Tobías corrió hasta él con la hiel del pez en la mano; le sopló en los ojos, lo tomó de la mano y le dijo:

«Ánimo, padre!».

Tomó el remedio y se lo aplicó. Luego, con ambas manos, le quitó como unas pielecillas de los ojos. Tobit se echó al cuello de su hijo y gritó entre lágrimas:

«Te veo, hijo, luz de mis ojos».

Y añadió:

«Bendito sea Dios y bendito sea su gran nombre; benditos todos sus santos ángeles.

Que su gran nombre nos proteja. Bendito por siempre todos los ángeles. Tras el castigo se ha apiadado, y ahora veo a mi hijo Tobías».

Tobías entró en casa lleno de gozo y alabando a Dios con voz potente. Después contó a su padre lo bien que le había ido en el viaje: traía el dinero y se había casado con Sara, la hija de Ragüel. Y agregó:

«Estará a punto de llegar, casi a la puerta de Nínive».

Tobit, alegre y alabando a Dios, salió hacia las puertas de Nínive, al encuentro de su nuera. La gente de Nínive quedaba estupefacta al verlo caminar con paso firme y sin ayuda de nadie. Él proclamaba ante ellos que Dios, en su misericordia, le había devuelto la vista.

Cuando se encontró con Sara, la mujer de su hijo, lea bendijo con estas palabras:

«¡Bienvenida seas, hija! Bendito sea tu Dios, que te ha traído a nuestra casa. Que él bendiga a tu padre, a mi hijo y a ti hija mía. Entra en esta tu casa con salud, bendición y alegría. Entra, hija».

Aquel fue un día de fiesta para todos los judíos de Nínive.

Palabra de Dios.

Sal 145, 1b-2. 6c-7. 8-9a. 9bc-10
R. Alaba, alma mía, al Señor.

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista. R.

El Señor, mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

EVANGELIO
¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 35-37

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó:

«¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice:

“Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.

Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»

Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.

Palabra del Señor.

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