Archiv para 22 Junio, 2017

Paulino de Nola, confesor (c. a. 353-431)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Paulino de Nola, Adán, Nicetas, Juan, Liberto, obispos; Juan Fisher, cardenal; Tomás Moro, Canciller y mártir; Pompiano, Galación, Heraclio, Saturnino, Albano, Flavio, Clemente, mártires; Inocencio V, papa; Consorcia, virgen; Lamberto, abad; Arón, eremita; Domiciano, monje.

Enséñanos a orar

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Es fácil pedirle algo a alguien que ya conoce de antemano nuestra necesidad, o que ya sabe lo que le vamos a pedir. Es difícil, en cambio, presentarse ante alguien que, lejano a nuestras vidas, no intuye para nada lo que podemos necesitar; eso nos obliga a pensar y elaborar articulados discursos para conseguir “vender la moto” como sea y conmover al otro para que nos ayude. Algo así sucede con la oración. Si a Dios lo vemos como alguien lejano a nuestras vidas, entenderemos que la oración es un modo, quizá el único modo que tenemos, para intentar vender la moto de nuestras necesidades; y, entonces, nos vemos obligados a recurrir a todo tipo de estratagemas y rezos para tener a Dios contento y que, por fin, nos conceda lo que le pedimos. El problema viene cuando, después de tanto esfuerzo, no solo no nos concede lo que le pedimos sino que nos sucede todo lo contrario a lo que nosotros queríamos.

Cuando Dios es alguien cercano e íntimo en tu vida no sucede así. Cuántos enamorados viven en tal sintonía que con un simple gesto, una mirada, un ademán, ya se han dicho todo. Cuanta complicidad entre dos que se aman y que conocen al milímetro los gustos, los tiempos, los ritmos, las debilidades, las necesidades del otro. Así, y mucho más, debería ser con Dios. Y así debería nacer la oración: como un diálogo entre dos que se aman hasta la más íntima complicidad. Por eso, en la oración no hay recetas, ni mecanismos, ni trucos, porque habla el amor; y cuando dos se aman a veces el silencio es el lenguaje más adecuado.

Nos cansamos de orar, porque creemos que es un esfuerzo de puños y porque, al final, caemos en la tentación del activismo. ¡Hay tantos problemas, tantas urgencias, tantos agobios que resolver, que no tenemos tiempo de orar! Y así nos va… Pero es imposible que todo ese activismo sea fecundo y dé fruto al cien por cien, si no va acompañado de mucha vida interior, o si no nace de una verdadera contemplación de la vida de Cristo. Los discípulos, que tantas veces fueron testigos de la oración del Señor, debieron quedar impresionados y sobrecogidos al verle orar. Por eso, un día le pidieron al Maestro: “Enséñanos a orar”. Y fue entonces cuando Jesús les entregó la hermosa oración del Padre nuestro. ¡Cuántas veces, en sus largas noches de oración, debió repetir Jesús esa bella oración dirigida a su Padre!

Pidamos hoy al Corazón de Jesús el don y el fruto de la verdadera oración. Que nos conceda vivir con equilibrio el binomio oración-acción. Hace falta, más que nunca, aprender a vivir la mística de la vida ordinaria. Que no consiste en ir por la calle con el cuello torcido y con cara de bobalicón místizoide, sino en vivir la presencia de Dios, suave y escondida, en todas las ocupaciones del día. Transfigurar esa vida ordinaria es el arte de la verdadera vida contemplativa.

22/06/2017 – Jueves de la 11ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Anunciando de balde el Evangelio de Dios para vosotros
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 1-11

Hermanos:

¡Ojalá me toleraseis algo de locura! aunque ya sé que me la toleráis.

Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; pues os he desposado con un solo marido, para presentaros a Cristo como una virgen casta.

Pero me temo que, lo mismo que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes, apartándose de la sinceridad y de la pureza debida a Cristo.

Pues, si se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que os he predicado, u os propone recibir un espíritu diferente del que recibisteis, o aceptar un Evangelio diferente del que aceptasteis, 1o toleráis tan tranquilos.

No me creo en nada inferior a esos superapóstoles.

En efecto, aunque en el hablar soy inculto, no lo soy en el saber; que en todo y en presencia de todos os lo hemos demostrado.

¿O hice mal en abajarme para elevaros a vosotros, anunciando de balde el Evangelio de Dios?

Para estar a vuestro servicio tuve que despojar a otras comunidades, recibiendo de ellas un subsidio. Mientras estuve con vosotros, no me aproveché de nadie, aunque estuviera necesidtado; los hermanos que llegaron de Macedonia atendieron a mis necesidades.

Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada.

Por la verdad de Cristo que hay en mi: nadie en toda Grcia me quitará esta satisfación.

¿Por qué?, ¿porque no os quiero? Bien sabe Dios que no es así.

Palabra de Dios.

Sal 110, 1-2. 3-4. 7-8
R. Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R.

Esplendor y belleza son su obra,
su justicia dura por siempre.
Ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente. R.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R.

EVANGELIO
Vosotros orad así
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así:

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

Palabra del Señor.