Archiv para 25 junio, 2017

Guillermo de Vercelli, confesor (1085-1142)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Guillermo de Vercelli, abad; Lucía, Febronia, vírgenes y mártires; Orosia, vírgen; Galicano, Máximo, obispos; Próspero de Aquitania, Sosípatro, Amando, Adalberto, Emiliano, confesores; Agatón, Lucía, Diógenes, Antido, mártires; Bodoaldo, monje; Félix, eremita; Salomón, rey de Bretaña.

Próspero de Aquitania, seglar († c. a. 455)

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Santos: Guillermo de Vercelli, abad; Lucía, Febronia, vírgenes y mártires; Orosia, vírgen; Galicano, Máximo, obispos; Próspero de Aquitania, Sosípatro, Amando, Adalberto, Emiliano, confesores; Agatón, Lucía, Diógenes, Antido, mártires; Bodoaldo, monje; Félix, eremita; Salomón, rey de Bretaña.

Cuando cae al suelo un gorrión

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Cuando llegan noticias de violencia y de muerte contra los cristianos perseguidos de cualquier rincón del planeta, solo por el hecho de que son cristianos, algo se estremece por dentro, solo de pensar en el valor de la muerte de un inocente. Y, sin embargo, el Evangelio de hoy es muy clarito: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo”. Es decir, que nos estremece la muerte de tantos inocentes, solo por el nombre de Cristo, y no pestañeamos ante la muerte moral –es decir, el pecado– en la que andan sumidos tantos de los que nos rodean. No pretendo restar importancia a unos, ni demonizar a otros, pero es que el Evangelio de hoy es claro, muy claro.

Es verdad que hemos deshumanizado tanto las relaciones, que parece que vivimos en un clima de inseguridad, y a la defensiva, por si el vecino con que tratamos llega a ser una amenaza a nuestro bienestar. Y, sin embargo, somos capaces de pasar por delante del pecado, ajeno y propio, sin alterarnos lo más mínimo, o quizá revistiéndolo de buenos y santos motivos que lo justifican. Podemos acostumbrarnos a convivir con el mal moral, propio y ajeno, como podemos acostumbrarnos a ver imágenes violentas de muertes de inocentes, sin que consigan removernos lo más mínimo en el asiento de nuestro sillón. Mientras a mí no me toque…

El Señor nos invita, una vez más, a considerar el valor de la Providencia: “¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre”. El problema es que el hombre moderno ha renunciado a ser hijo y quiere vivir como adulto; pero, ignorando esa paternidad de Dios lo que ha conseguido es vivir como huérfano. Y renunciando a su filiación, el hombre se olvida de que es criatura y pretende ser y vivir como Dios. Por eso, al final solo le queda apoyarse en sus propias fuerzas, con toda la inseguridad que eso genera, porque ya se ve que las fuerzas y seguridades humanas dan muy poco de sí. En cambio, vivir arropados por el amor paterno de Dios, confiados en su Providencia, si bien no resuelve los problemas, ayuda a vivirlos con una fuerza interior, que nada tiene de humano.

Acudamos a este amor providente y paterno de Dios para que nos libre del enemigo del alma, el pecado, que es la causa de la verdadera muerte del hombre. Si cuando cae al suelo un gorrión todo el corazón solícito y providente de Dios está volcado en él, qué no hará por todos y cada uno de nuestros afanes y, sobre todo, qué no querrá hacer para librarnos de la muerte del pecado.

25/06/2017 – Domingo de la 12ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Libera la vida del pobre de manos de gente perversa
Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:

«Oía la acusación de la gente: “Pavor-en-torno, delatadlo, vamos a delatarlo”.

Mis amigos acechaban mí traspié:”A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él”.

Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.

Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!

Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa».

Palabra de Dios.

Sal 68, 8-10. 14 y 17. 33-35
R. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí R.

Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mi. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

SEGUNDA LECTURA
No hay proporción entre el delito y el don
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…

Pues, hasta que llegó aunque la Ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir,

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.

Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por uno céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.