Por sus frutos los conoceréis

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Desde pequeños, nuestros padres nos han enseñado que es muy importante saber escoger nuestros amigos y evitar las malas compañías. Es verdad que esto es muy bueno cuando nos estamos formando y no somos adultos, para poder formarnos como personas bien y hasta tener una personalidad propia y fuerte. Cuando nos hemos hecho mayores, también hemos descubierto que tenemos que estar con todos para poder ayudar a los demás, especialmente a los que no saben diferenciar el bien del mal o son demasiado débiles para optar por ello, para que elijan el bien.

Jesús enseña a los discípulos a saber conocer la verdad de las personas, a saber distinguir lo bueno de la malo en ellas y poder conocerlas mejor para poder proponerles la salvación. Les enseña a discernir sus obras para ver si son de Dios, del bien, o no. Igualmente, es una buena enseñanza para no dejarnos llevar por nadie que no sea el Señor o sus instrumentos. La vida no es blanco o negro y siempre que juzgamos a las personas nos equivocamos. Jesús lo sabe y nos enseña a discernir a través de sus obras, las personas que están cerca de Él de las que no y actúan al contrario.

Pero, no nos confundamos. Es importantísimo estar lo más alejados que se pueda del mal y, sobre todo, de los que actúan con malas obras. Porque el árbol dañado da frutos malos y por mucho que nos empeñemos o nos queramos hacer ideas ilusorias y caigamos en un buenismo vacío y temerario, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Esto es de sentido común y no hay que perder el tiempo en autoengañarnos y actuar en consecuencia.

Esto es válido para todos los ámbitos de la vida y hay que tenerlo en cuenta cuando tomamos decisiones y en nuestras elecciones en la vida cotidiana. También en las circunstancias más complicadas o nada claras, en las que es muy difícil ver la verdad con claridad y actuar, nos ayudará fijarnos en sus frutos por los cuales los conoceremos.

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Comentarios (1)

  • María Jesús

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    Ante tantos “chismorreos” que diría el Papa Francisco, no tengo la más mínima duda: sobran las palabras.

    La única realidad que convence, es el testimonio coherente de las obras y actitudes.

    La humanidad, está saturada de palabras y promesas huecas, son el “humo” que enrarece la verdad y cubre de apariencia la realidad.

    Si, las obras reflejan con total nitidez que hay de honestidad en nuestro proceder.Que nadie se llame a engaños: el bien y el mal, se sienten en la íntima alegría y también en el sufrimiento. Es esa nuestra libre elección.

    Yo pido a Dios, ayuda para saber no engañarme y así guardarme de falsas apariencias. Y es claro que los otros-as se beneficiarán.

    Miren Josune

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