Archiv para 5 julio, 2017

Antonio María Zacarías, presbítero (1502-1539)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Antonio María Zacarías, presbítero; Atanasio, diácono y mártir; Agatón, Trifina, Basilio, Sédofa, Marino, Teodoto, mártires; Abel, Numeriano, arzobispos; Filomena, virgen y mártir; Cirila, Aroa, Lucía, Domicio, Doctrino, Juan, Simeón, mártires; Marta, Probo, Gracia, Esteban, Tomás, Trófima, Valeio, Zoe, mártires.

El Diablo, ese gran acusador

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La historia que nos narra el evangelista Mateo hoy, es de película de terror, ríete tú del cine Night Shyamalan y sus operaciones de sustos imprevisibles. El endemoniado furibundo, con más posesiones diabólicas de las que los judíos vecinos habrían previsto, se enfrenta con Nuestro Señor. Y luego están los cerdos, que de hozar como cebones se lanzan en tromba acantilado abajo. Pasado el susto, el Evangelio es material imprescindible para saber que el enemigo de Dios no es el hombre, ni siquiera esa acendrada manera con la que los fariseos querían preservar sus privilegios y su hipocresía, ni son los asesinos, ni los cerriles que no quieren enmendar su conducta. Aquí hay un enemigo mayor del que los cristianos tenemos vaga noción y que persiguiera al Maestro durante toda su vida pública. Es el Diablo.

El Diablo se encontraba confuso con la humanidad y divinidad de Jesús. Le era desconcertante que el Enemigo (el Verbo hecho carne) bostezara como los hombres y tuviera que desayunar para afrontar la jornada. La batalla es mayor de lo que el cristiano de a pie imagina, por eso caso sería preferible no imaginarse mucho. Tras las bambalinas de nuestro proceder se mueve la cota de malla, la red de gladiador y la coraza del Diablo para echarnos en cara que la aventura de intimar en amistad con Cristo, es una aberración, además de una patraña de abuelita de cuento. El papel del Diablo es acusar ante el tribunal de la gracia de Dios del proceder de los hombres, en muchas ocasiones lleno de mediocridad, reprochándole su falta de entusiasmo y amor, para que nuestro Señor se canse de una vez de nosotros y nos dé por imposibles.

En el Apocalipsis hay una cita estremecedora sobre ese fiscal negro, que es denominado el gran Acusador, “Oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado”. El Diablo ha perdido autoridad, aunque no su ruido, fanfarronea como todo espíritu vanidoso. Nuestro Señor, la Virgen, el corrillo de santos, todos nos quieren cerca de su morada para que llevemos salud espiritual en nuestro recorrido por la tierra. Llevamos los aliados tatuados en nuestra piel, no necesitamos más. Ni siquiera conocer a fondo quién es él a Diablo, que a veces de tanto buscar información e interés, el alma se apega a lo escabroso. A los tiros del mal ni olerlos, bastante tenemos ya con pedirle perdón al Selor de nuestra propias miserias

05/07/2017 – Miércoles de la 13ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No va a heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac
Lectura del libro del Génesis 21, 5. 8-20

Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac.

El chico creció, y lo destetaron. Abrahán dio un gran banquete el día que destetaron a Isaac

Al ver que el hijo de Agar, la egipcia, y de Abrhán jugaba con Isaac, Sara dijo a Abrahán:

«Expulsa a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac».

Abrahán se llevó un disgusto., pues era hijo suyo. Pero Dios dijo a Abrahán:

«No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que te dice Sara, porque será Isaac quien continúe tu descendencia. Pero también al hijo de la criada le convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo».

Abrahán madrugó, tomó pan y un odre de agua, lo cargó a hombros de Agar y la despidió con el muchacho. Ella marchó y fue vagando por el desierto de Berseba. Cuando se le acabó el agua del odre, colocó al niño debajo de unas matas; se apartó y se sentó a solas, a la distancia de un tiro de arco, diciendo:

«No puedo ver morir a mi hijo».

Se sentó aparte y, alzando la voz, rompió a llorar. Dios oyó la voz del niño, y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, le dijo:

«¿Qué te pasa, Agar? No temas, que Dios ha oído la voz del chico, allí donde está. Levántate, toma al niño y agárrale fuerte de la mano, porque haré que sea un pueblo grande».

Dios le abrió los ojos, y vio un pozo de agua; ella fue, llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho.

Dios estaba con el muchacho, que creció, habitó en el desierto y se hizo un experto arquero.

Palabra de Dios.

Sal 33, 7-8. 10-11. 12-13
R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen y los protege. R.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R.

EVANGELIO
¿Has venido aquí a atormentar a los demonios antes de tiempo?
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos.

Desde el sepulcro dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.

Y le dijeron a gritos:

«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?».

A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron:

«Si nos echas, mándanos a la piara».

Jesús les dijo:

«Id».

Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y se murieron en las aguas.

Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.

Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Palabra del Señor.