Archiv para 6 Julio, 2017

Beata Nazaria Ignacia, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia (1889-1943).

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Nuestra Señora de Sonsoles. Santos: María Goretti, virgen y mártir; Dominica, Mectilde o Matilde, vírgenes; Agilulfo, Rómulo, Benedicta, Bertario, Tranquilino, Lucía, Antonino, Severino, Diodoro, Dión y compañeros, mártires; Amando, obispo; Isaías, profeta; Gervasio, confesor; Justo, monje; Hugo, eremita; Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús March Mesa, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, beata.

María Goretti, virgen y mártir (1890-1902)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de Sonsoles. Santos: María Goretti, virgen y mártir; Dominica, Mectilde o Matilde, vírgenes; Agilulfo, Rómulo, Benedicta, Bertario, Tranquilino, Lucía, Antonino, Severino, Diodoro, Dión y compañeros, mártires; Amando, obispo; Isaías, profeta; Gervasio, confesor; Justo, monje; Hugo, eremita; Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús March Mesa, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, beata.

El milagro de ser perdonado

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La gran suerte de la fe es saber que Dios me conoce mejor que yo, y que soy más de Él que de mí mismo. Ahí dejó la frase, para echarle horas de oración. Él sabe qué necesito y cuánto.

Un día me dijo un enfermo al que iban a cortar una pierna, por un problema cronificado de diabetes, que yo tenía que exigirle al Señor el milagro de conservar su pierna. Me gustó su valentía a la hora de pedir lo que imaginaba mejor para sí. Pero le fui muy claro, “yo si quieres rezo por tu pierna, pero si te parece vamos a pedirle al Señor un milagro mayor: que cuando te la corten, conserves la misma relación con Dios que has tenido hasta ahora; que no te amargues la existencia y mantengas el mismo cariño con tu mujer y tus hijos; que no pierdas la paz, porque no se es plenamente feliz con una pierna más o menos”. Cuando le amputaron la pierna volvió a hablar conmigo y me dijo, “cierto, le hemos pedido al Señor un milagro mayor, prometo estar preparado”.

Al Señor no le cuestan los milagros que estallan en derroche de confeti. El milagro mayor es que una persona reconozca sus pecados y que Dios los perdone sólo porque ha puesto su alma de rodillas.

Hace un año confesé a una anciana a punto de morir. “He odiado toda mi vida y ya va siendo hora de decírselo a Dios (no eran delirios ni miedos, sino un ejercicio de sinceridad). He odiado…..mucho. A mis padres… a mi padre, a mi madre, a los dos, me abandonaron en la guerra, he odiado tanto… (tenía la mirada precisa del odio que se reproduce en un escenario)…a los de un bando y otro, he odiado mi infancia, he odiado…también a mi marido, yo sabía de sus asuntos y callaba, callaba, es lo único que he hecho en la vida. He vivido en el odio, en la mentira, en un gran silencio, padre (no le pregunté nada, mi papel era el de puro receptor). Yo… yo…sólo he odiado (era cruel consigo misma, pero era mal momento para corregir su discurso. Nunca se había confesado, la primera confesión de niña fue un trámite. Ahora era tan consciente de cuánto decía que ni la enfermedad le ponía trabas en el habla). Le di la absolución milagrosa con la misma alegría que el Señor en el Evangelio de hoy, que perdona al paralítico y le hace andar.

06/07/2017 – Jueves de la 13ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
Lectura del libro del Génesis 22, 1-19

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:

«¡Abrahán!».

Él respondió:

«Aquí estoy»

Dios dijo:

«Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moria y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré».

Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el holocausto y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.

Al tercer día levantó Abrahán los ojos y divisó el sitio de lejos. Abrahán dijo a sus criados:

«Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros».

Abrahán tomó la leña para el holocausto, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.

Isaac dijo a Abrahán, su padre:

«Padre»

Él respondió:

«Aquí estoy, hijo mío».

El muchacho dijo:

«Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?».

Abrahán contestó:

-«Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío».

Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargo la mano tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

«¡Abrahán, Abrahán!»

Él contestó:

«Aquí estoy».

El ángel le ordenó:

«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo».

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve».

El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:

«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Abrahán volvió al lado de sus criados y juntos se pusieron en camino hacia Berseba, y Abrahán se quedó a vivir en Berseba.

Palabra de Dios.

Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9
R. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida». R.

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R.

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de los vivos. R.

EVANGELIO
La gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:

«¡Animo, hijo!, tus pecados te son perdonados».

Algunos de los escribas se dijeron:

«Este blasfema».

Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:

«¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados – entonces dice al paralítico -: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».

Se puso en pie, y se fue a su casa.

Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Palabra del Señor.

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