Archiv para 7 Julio, 2017

Fermín, obispo († s. II ?)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Benedicto XI, papa; Fermín, Amón, Angelelmo, Apolonio, Ercamberto, Ilidio, Odón, Willebaldo, obispos; Cernín (Saturnino), Edas, Edilburga, Félix, Julia, Jocunda, Panteno, Peregrino, Luciano, Pompeo, Claudio, Nicostrato, Castoro, Victorino, Sinforiano, Hesiquio, Papio, mártires; Tomás, Sigiboldo, Panteno, Pedro Fourier, confesores; mártires franciscanos de Hunan Meridional: Antonio Fantosati, obispo; José María Gambaro, Cesidio Giacomantonio, sacerdotes; 7 franciscanas Misioneras de María; 11 franciscanos seglares, y 3 fieles laicos chinos.

Frágiles, pero con Él

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Cristo está en medio de nosotros, justo en ese centro en el que no se hace visible, pero está. No es una metáfora ni el brindis al sol de alguien que quisiera permanecer entre los suyos más allá de los límites de lo natural, como un padre que desde el lecho mortuorio dice a sus hijos que se acuerden de él, que no lo olviden. Cristo, al destruir la muerte, vive entre los hijos de los hombres, ha roto los límites del más allá y el más acá y no quiere perderse a los suyos. Es más, desde la Encarnación no se nos despega.

Pero, como dice el poeta Hugo Mugica “no sólo hay que abrir los ojos, también hay que abrir lo mirado”. Si el hombre no desvela la presencia de Dios en lo oculto de la realidad, nunca entenderá la vida, se la pierde. Los últimos Papas nos han recordado la necesidad de rezar en familia como un bien absoluto. Porque “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Hay una capacidad humana que nos es todavía muy desconocida, la de provocar en Dios una atracción irremediable por nosotros. Y eso ocurre cuando entramos en comunión. Desde el momento en que los miembros tan diferentes de una familia se reúnen a rezar el rosario, o terminan el día dando gracias a Dios por todos los bienes recibidos, a Dios se le hace irresistible su presencia, ponerse en medio. Dios, que es el gran seductor del corazón humano, también es el gran seducido cuando sus criaturas lo buscan. Hablamos del hecho cristiano, por tanto, como la historia de un encuentro verdadero.

Aprender a rezar juntos puede que sea una de nuestra asignaturas pendientes, porque resulta más fácil proceder con Dios a bote pronto, un día me acuerdo de él en el coche o por la calle y creo que así llamo su atención. Pero Dios quiere verdad de trato, no la ligereza de la espontaneidad, los “de repentes” son muy frágiles. Y le apetece que los suyos lo busquen en racimos y concierten una cita con Él. Como los novios que se ponen de rodillas delante del sagrario o ese grupo de jóvenes que se juntan para leer unos textos de Santa Teresa.

07/07/2017 – Viernes de la 13ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Isaac con el amor de Rebeca se consoló de la muerte de su madre
Lectura del libro del Génesis 23, 1-4. 19; 24, 1-8. 62-67

Sara vivió ciento veintisiete años. Murió Sara en Quiriat Arbá, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán.

Abrahán fue a hacer duelo por Sara y a llorarla.

Después Abrahán dejó a su difunta y habló así a los hititas:

«Yo soy un emigrante, residente entre vosotros. Dadme un sepulcro en propiedad, entre vosotros, para enterrar a mi difunta».

Después Abrahán enterró a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, o sea Hebrón, en la tierra de Canaán.

Abrahán era anciano, de edad avanzada, y el Señor había bendecido a Abrahán en todo.

Abrahán dijo al criado más viejo de su casa, que administraba todas las posesiones:

«Pon tu mano bajo mi muslo y júrame por el Señor, Dios del cielo y la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a mi tierra nativa a tomar mujer para mi hijo Isaac».

El criado contestó:

«Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?».

Abrahán le replicó:

«De ninguna manera lleves a mi hijo allá. El Señor, Dios del cielo, que me sacó de la casa paterna y del país nativo, y que me juró: “A tu descendencia daré esta tierra”, enviará su ángel delante de ti, y traerás de allí mujer para mi hijo. Pero, si la mujer no quiere venir contigo, quedas libre del juramento. Mas a mi hijo, no lo lleves allá».

Después de mucho tiempo, Isaac había vuelto del pozo de Lajay Roi. Por entonces habitaba en la región del Negueb.

Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos.

También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello.

Ella dijo al criado:

«¿Quién es aquel hombre que viene por el campo en dirección a nosotros?».

Respondió el criado:

«Es mi amo».

Entonces ella tomó el velo y se cubrió.

El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho.

Isaac la condujo a la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

Palabra de Dios.

Sal 105, 1b-2. 3-4b. 4c-5
R. Dad gracias al Señor porque es bueno.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza? R.

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí
por amor a tu pueblo. R.

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad. R.

EVANGELIO
No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificios
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:

«Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:

«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús lo oyó y dijo:

«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.

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