Archiv para 9 julio, 2017

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Santos: Cirilo, obispo y mártir; Beltrán, Ponciano, Focio, Fraterno, Bricio, obispos; Juliana, virgen y mártir; Anatolia, Audaz, Victoria, Andrés, Probo, Elgar, Eusanio, Everilda, Zenón, Faustina, Floriana, Patermuto, Copretes, Alejandro, mártires; Teófanes, confesor; Verónica de Julianis, virgen; Joaquín Ho, catequista laico mártir de China; mártires franciscanos de Shanxi: Gregorio Grassi y Francisco Fogolla, obispos; Elías Facchini y Teodorico Balat, sacerdotes; Andrés Bauer, hermano religioso.

Verónica de Julianis, abadesa (1660-1727)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Santos: Cirilo, obispo y mártir; Beltrán, Ponciano, Focio, Fraterno, Bricio, obispos; Juliana, virgen y mártir; Anatolia, Audaz, Victoria, Andrés, Probo, Elgar, Eusanio, Everilda, Zenón, Faustina, Floriana, Patermuto, Copretes, Alejandro, mártires; Teófanes, confesor; Verónica de Julianis, virgen; Joaquín Ho, catequista laico mártir de China; mártires franciscanos de Shanxi: Gregorio Grassi y Francisco Fogolla, obispos; Elías Facchini y Teodorico Balat, sacerdotes; Andrés Bauer, hermano religioso.

Venid a mí y os daré vida

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Se llamaba Thierry, me lo dijo nada más entrar por la puerta de mi despacho. No llegaba a los 50 años, era muy alto y casi tuvo que sortear el dintel para dirigirse a mí. “Me llamo Thierry y me han dado tres meses de vida, no soy creyente y me gustaría saber cómo vivir este tiempo de espera”. Así empezó todo. Me gustó esa exposición tan preclara, porque no me propuso cómo morir, sino cómo vivir. Más adelante sabría que era un hombre de una extraordinaria sensibilidad.

En un principio, Thierry y yo empezamos a vernos con tiento, adivinábamos con lentitud quién era quién, y qué se podía esperar del otro, porque lo nuestro no iba a ser un entretenimiento de sobremesa, sino la apuesta por una escalofriante sinceridad. Empezamos por la belleza de la música, hablamos de Schumann, Brahms, Beethoven, los clásicos franceses. Thierry era muy francés y le gustaba el impresionismo de Debussy. Compartíamos muchas aficiones, y la música siempre era tema recurrente. Poco a poco ascendimos por la ruta de la belleza, que siempre consigue guiar a nuevos miradores. Y en algunos descansos le hice saber de Dios, de la belleza que prima en la torrentera de cualquier caos.

Y así fuimos quitando follaje al bosque por donde nos adentrábamos. Y yo le decía, con la misma ausencia de énfasis con que la madre cede una pieza de fruta a su hijo, que esa belleza llevaba rostro humano y tenía un corazón que latía por él, por ti Thierry. Es conmovedor asistir a la capacidad de escucha de un ser humano cuando quiere con sinceridad una respuesta y no disfruta con el mejunje de la discusión. Aprendió a rezar, fue todo muy lento, porque tres meses son en el fondo muchos días y muchas noches.

Por el deterioro progresivo de su salud, dejó de venir a la parroquia, las conversaciones las teníamos en su casa. Al final hablábamos a los pies de su cama, donde le faltaba la respiración y todo se hacía más lento, quizá mucho más hermoso. Una tarde, sentado en el suelo, escuché su vida en confesión. En toda mi vida sacerdotal, jamás he oído una confesión tan llorada y tan esperanzadora. Cuando le di la absolución nos quedamos en el silencio de los que han andado mucho y, después de comer, apenas les queda hálito para pronunciar palabra. Yo le dije que afuera, detrás de la ventana de su habitación, hacía calor, que ya asomaba la primavera. Él me hizo un gesto con las cejas, las alzó levemente. Interpreté aquello como que había alcanzado tanta comprensión y tanta dulzura dentro, que lo de fuera, ¿dónde quedaba ya? Pusimos música y murió. Murió así, sin llamar la atención.

Thierry aprendió a vivir. Desde entonces, cada vez que hablo con un enfermo de cáncer siempre le pregunto cómo quiere vivir, porque para morir hay que pasar por una nueva vida.

09/07/2017 – Domingo de la 14ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Mira a tu rey que viene a ti pobre
Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Esto dice el Señor:

«¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén!

Mira que viene tu rey justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.

Suprimirá los carros de Efraín, y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos.

Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del país».

Palabra de Dios.

Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R.

SEGUNDA LECTURA
Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:

Vosotros no estáis sujetos en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Soy manso y humilde de corazón
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.