Confiar en la omnipotencia de Dios

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Los dos personajes del evangelio de hoy, el padre a quien se le acaba de morir una hija y la mujer con flujos de sangre, nos muestran cómo acercarnos a Jesús. En primer lugar con fe. Aún cuando pueda parecernos imposible lo que le pedimos. El padre no pide una curación. Va mucho más allá y pide la resurrección de su hija: “mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá”. Esta es la confianza en el poder de Cristo. Podemos meditar sobre cómo es nuestra fe en este sentido. Es posible terminar descubriendo cómo nos puede faltar a cada uno, cómo hay cosas que no pedimos porque nos parecen imposibles. Unas veces serán cosas materiales, otras una nueva conversión o desterrar de nuestra vida determinados actos o disposiciones. El padre del evangelio de hoy nos diría con fuerza: ¡ponte de rodillas ante Jesús y pídeselo! ¡a mí, me resucitó a una hija con sólo cogerla de la mano! El Señor está dispuesto a concedernos las cosas buenas que le pedimos, pero espera nuestra respuesta de fe al pedírselo. Y si tarda, no dudes, es para hacer crecer el deseo en nuestro corazón, para aumentar nuestra fe, nuestro abandono en sus manos.

También la mujer nos da ejemplo de confianza en el poder de Cristo. “Se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría” ¡Con sólo tocar el manto de Cristo! No se trata de hacer cosas raras o difíciles. Se trata de acercarnos a Jesús y él nos lo pone muy fácil, siempre está disponible para escucharnos, para que dejar “sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros” (1 Pe 5, 7). Le tenemos en la Eucaristía al alcance en la oración en cualquier momento. “Ya en el Antiguo Testamento se lee que Dios habitaba en una tienda (o tabernáculo), que se llamaba ‘tienda del encuentro’ (Ex 33,7). El encuentro era anhelado por Dios. Se puede decir que también en el tabernáculo de la Eucaristía Cristo está presente con vistas a un coloquio con su nuevo pueblo y con cada uno de los fieles.” (Juan Pablo II, Audiencia general 9 – VI – 1993)

Acercarnos con una fe teñida de humildad. La mujer que sufría flujos de sangre se acerca al Señor sin ruido de palabras, tratando de pasar desapercibida, pero sabiendo en su corazón “que con sólo tocar el manto” de Jesús quedaría curada. Para permitir que el Señor nos cure hemos de acercarnos con humildad, abandonados en la voluntad de Dios.

Pidamos a nuestra Madre, que nos haga hombres y mujeres persuadidos del poder de Dios y nos acerquemos llenos de confianza a presentarle nuestras necesidades.

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Comentarios (2)

  • María Jesús

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    Orando el Evangelio, como cada noche. Sin ruidos interiores ni externos, dejando reposar la vida y sintiéndonos habitados en su Amor, certeza de su presencia.

    Jesús nos ha enseñado con su vida, a dejar todo cuidado en las “manos” de un Padre bueno, que nos ama con inefable ternura. La Providencia se encarga de guiar nuestra vida por los caminos de la Misericordia.

    Esta actitud no debe entenderse, como un estado de descuido y desidia, dejando la voluntad en manos del libre albedrío, tantas veces carente de sentido de la propia realidad.

    La confianza y el abandono son parte del amor, nunca falla, ni en los momentos más dolorosos y críticos de nuestra vida. Aunque todo parezca tambalearse, esa “noche oscura”, llena de inquieta incertidumbre y zozobra, no ha de tener la última palabra, dará paso a la Luz luminosa, radiante, de un nuevo amanecer.

    Ora y labora, decía Santa Teresa. Un cristiano tiene el deber de no aceptar el derrotismo, quedarse con los brazos cruzados.

    El Padre Nuestro, no se reza sólo para apelar y pedir soluciones a la Misericordia de Dios.

    Si, los problemas, limitaciones y carencias, no son para negarlas e ignorarlas, sino para asumirlas desde la confianza en Dios.

    Dios no es un mago tratando de transformar la realidad aquí y allá, con efectos sorprendentes.

    Se ora, en esa entrega confiada donde expresamos y asumimos nuestro personal ¡FIAT! ¡Hágase!

    En ese hacer, incluyo este rato de oración confiada y llena de esperanza. Merece la pena este rato de encuentro con el Amigo.

    ¡Con sólo “tocar” su Amor! …

    Miren Josune

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  • ClavedeSole

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    Maravilloso. Gracias

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