No tener miedo

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy es una invitación a perder del todo el miedo a ser discípulo de Cristo. Por tres veces Jesús les dice a sus Apóstoles que no tengan miedo. Esa invitación es también para nosotros. No tener miedo a ir contracorriente y vivir en cristiano en un mundo secularizado. No tener miedo a ser piedra de escándalo para los hombres y mujeres que quieren hacer desaparecer de la vida y del corazón de los hombres a Dios. “El cristiano no debe tener miedo a ir a contracorriente por vivir la propia fe, resistiendo la tentación de uniformarse” (Benedicto XVI, Catequesis sobre el Credo, 23-I-2013). No tener miedo a los comentarios, las murmuraciones o calumnias que podamos sufrir por ser cristianos. Llegará un día en que toda la verdad será puesta de manifiesto, “pues nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no legue a saberse”. El Señor nos pide que hablemos sin miedo, con claridad, abiertamente, sin ambigüedades, de cuanto nos enseña Jesús.

“No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”. El Señor quiere prevenirnos contra el falso miedo: no temer a quienes sólo pueden arrebatar la vida del cuerpo, la vida física. Debemos temer verdaderamente a la posibilidad de perder el cielo. Quienes nos muestran esto mejor son aquellos que prefirieron morir antes que renegar de su fe: los mártires.

No tener miedo porque la Providencia de Dios se cuida de cada uno de nosotros. En los planes de Dios no hay “descuidos” ni sorpresas, ni nada que supere su poder. Abandonarnos en el cuidado de Dios por sus criaturas, en particular por los hombres, es el camino para superar todo temor. Quien se sabe hijo de Dios no teme nada en esta vida ni teme la muerte “¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.

La confianza en el Señor es como la nota dominante, la melodía, de la vida del cristiano. No temer siquiera a nuestras propias miseria y debilidades. No tener miedo a conocernos a fondo. San Juan Pablo II nos decía en “Cruzando el umbral de la esperanza”: “¿De qué no debemos tener miedo? No debemos temer a la verdad de nosotros mismos. Pedro tuvo conciencia de ella, un día, con especial viveza, y dijo a Jesús: ‘¡Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador!’ (Lucas 5,8). Pienso que no fue sólo Pedro quien tuvo conciencia de esta verdad. Todo hombre la advierte”. El Señor insiste en la llamada a no tener miedo, muy consciente de que el miedo nos paraliza, nos impide responder al amor de Dios y a poder anunciar la alegría de sabernos mirados amorosamente por Dios. Contar con la gracia de Dios y su misericordia, luchando cada día no le negaremos ni él nos negará ante su Padre del cielo.

Pidamos a nuestra Madre, Auxilio de los cristianos y Refugio de los pecadores, que nos quite todo temor a los hombres, todo temor al mundo, y a mirar llenos de confianza a su Hijo Jesucristo.

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Comentarios (4)

  • María Jesús

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    Cuántas veces insiste el Maestro y Amigo con estás palabras: ¡no tengáis miedo!

    Tal vez, pensemos: no es para menos, ante la evidencia de los males que asolan este mundo.
    Después de dos mil años de cristianismo, se hace urgente la tarea de retomar el espíritu de aquellas primeras comunidades, grupos de cristianos, los cuales, otros admirados decían: ¡mirad, cómo se aman!

    Hoy, el Mandamiento del Amor, es muy pobre en testimonio y coherencia, salvo excepciones, que son la honra y dignidad que mantiene viva la fe de la Iglesia.

    Seguir a Jesús, conlleva correr riesgos en esta vida, hasta llegar a perder todo cuanto garantiza: dinero, poder, prestigio. Casan mal los valores de solidaridad, el servicio y entrega, la honestidad y verdad, con aquéllos que nos ofrece el mundo y sabemos que llevan un camino bien distinto.

    Para “nadar contracorriente”, es necesario tener confianza, saber que nuestra vida está, en manos de ese Padre bueno, que no nos “suelta” del todo, porque conoce bien la fragilidad y limitación que forman parte de nuestra vida.

    Debemos si, romper con tantos miedos como nos detienen, el proceder de lo “conveniente”, la mira puesta en lo rentable, en tantas actitudes de exagerada cautela donde nos refugiamos, buscando nuestro propio interés.

    Se lleva la ambigüedad, el “todo vale”, lo que hacen la mayoría. Vivimos en una sociedad donde casi todo es “copiado”, dando de este modo, lugar a la emulación y la apariencia.

    Un desmesurado y soberbio afán por sobresalir y competir con el otro, se está convirtiendo en la rivalidad a abatir, el rechazo y la indiferencia, en lugar de ver en el otro, al hermano que Jesús ha pedido amar, servir, compartir.

    El resultado de no reconocer esto, es que nadie sabe quién es en verdad el otro. Es entonces cuando surge la desconfianza y el miedo, recelo y sospecha.

    Quien ama no tiene miedo de nada ni de nadie, permanece en el Amor de Jesús, sabe obrar en consecuencia, aunque en ello le vaya la vida. Jesús nos vuelve a recordar: ¡NO TENGÁIS MIEDO!

    Miren Josume.

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  • Javier

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    Muchas gracias María Jesús. Leo tus comentarios con los del padre y me enriquecen mucho también. Gracias por tu tiempo y tu carisma

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  • María Jesús

    |

    Gracias a tí Javier. El Espíritu es un ir y volver, dar y recibir.

    Para mí, orar el Evangelio es un regalo, me interpela a salir fuera y compartir todo el amor que me habita. Como decía el Cardenal Carlo María Martini: los hombres y mujeres que siguen al Amigo y Maestro, han de saber llevar las “brasas encendidas” dentro de su corazón.

    De la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34-37).

    Entré en la Web por casualidad, me gustó que hubiera un espacio donde aportar comentarios a la Palabra y, bueno, como la puerta está abierta y creo que aportan luz, pues aquí estoy, mientras pueda y el Señor lo permita.

    Gracias a todos los sacerdotes; ellos llevan el mensaje de Jesús y administran los Sacramentos, son buenos maestros.

    Hemos de colaborar con nuestra oración y apoyo. Nos hará bien a todos-as.

    Animo a la participación. Orar en silencio, un poco de tiempo cada día, y dejar que la Palabra vaya penetrando muy adentro, hasta ser presencia anónima en cada episodio, cada escena.

    Escuchar a Jesús. ¿Qué nos dice a vosotr@s y a mí?.

    Luego, en el pequeño bloc de notas del móvil, ir escribiendo sentimientos, palabras, deseos…

    Compartir sin recelo ni timidez los comentarios, en nombre de Jesús, sabiendo que él está en medio de nosotr@s.

    ¿Verdad que sí, Padre?

    Miren Josune

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  • Ana

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    Gracias a los dos.

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