Archiv para 16 Julio, 2017

ser tierra fértil y buena

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Durante los siguientes domingos leeremos el capítulo 13 del Evangelio de San Mateo que contiene 7 parábolas propuestas por Jesús. Por eso se le llama el discurso de las parábolas. En todas ellas hay un tema central: el Reino. Luego cada una tiene sus propios matices. Jesús va explicando diferentes rasgos del Reino de Dios que viene a establecer. En la del Evangelio de hoy domingo nos lleva a dirigir nuestra mirada a las disposiciones con que acogemos la semilla, que es el Reino de Dios, y el consiguiente fruto que da en la vida de cada uno. El mismo Cristo explicará después la parábola a sus discípulos. Nos queda a nosotros hacer examen de cómo es la disposición de cada uno para acoger esa semilla. Cada uno podemos sentirnos reflejados en distintos momentos de nuestra vida en cada uno de esos “terrenos”, lo caído junto al camino, lo caído en un pedregal, lo que cayó entre espinos y la caído en tierra buena.

En primer lugar, lo sembrado en el camino. Es la situación de “todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el maligno y arrebata lo sembrado en su corazón”. “No entender” no se refiere a una incapacidad de la que no seríamos responsables, sino de la disposición a dejarse enseñar por la Palabra. No entendemos por falta de amor, no por falta de inteligencia, y esa disposición abre la puerta al diablo que “arrebata lo sembrado”. En ocasiones nos resistimos a dejarnos guiar por ella, porque lo que nos propone supone un empeño personal por convertirnos en algún aspecto y no estamos dispuestos. Entonces no inventamos excusas para “defendernos” de la Palabra de Dios y no la entendemos. Así, por ejemplo, cuando me cuesta perdonar a alguien algunas ofensas, me defiendo con excusas para justificar una pequeña venganza y no dejar que la misericordia a la que me invita Jesús sea el criterio de mi acción.

En otros momentos somos como ese terreno pedregoso, donde no puede prender y dar su fruto la semilla. Cada uno debemos identificar cuales son esas piedras. Unas veces serán la soberbia, la pereza, otras la envidia, el mal humor o el egoísmo, etc. Primero de identificar esas piedras con un examen de conciencia sincero y valiente. Podemos escuchar con agrado la Palabra de Dios, pero sin esta lucha por ir quitando esas piedras, la caridad de Cristo sembrada en nuestro corazón no dará frutos de verdadera caridad.

Los obstáculos serán otras veces esos espinos que “ahogan” los brotes de la semilla. La falta de sentido sobrenatural nos lleva tantas veces a andar como Marta agobiados por tantas cosas, que no somos capaces de gozarnos de la presencia de Cristo, de su cercanía, de la suerte de haberle conocido. Y entonces, casi imperceptiblemente, empezamos a vivir un cristianismo sin Cristo, donde todo es esfuerzo, voluntad, sequedad, agobio,… Por esto es muy importante cuidar mucho nuestra relación personal con Cristo. Entonces, incluso las mayores dificultades no ahogarán la alegría de sabernos hijos de Dios, llamados a la vida eterna.

Pidamos a la Virgen María ser cada día esa tierra buena y que la vida de su Hijo de en nosotros fruto abundante, “unas veces ciento o setenta o treinta por uno”.

Nuestra Señora del Carmen

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora del Carmen. Santos: Abundancia, Edburga, Edit, Gobán, Justiniano, confesores; Teneman, Milón, Monulfo, Eustaquio, Vitaliano, obispos; Sisenando, Valentín, Teódoto, Eustasio, Fausto, Atenogenes, Hilarino, Donato, Reineldis, Domnion, Macario, mártires; Elvira, abadesa; María Magdalena Postel, fundadora.

16/07/2017 – Domingo de la 15ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
La lluvia hace germinar la tierra
Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mí boca: no volverá a mi vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios.

Sal 64, 10abcd. 10e-11. 12-13. 14
R. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R.

Así preparas la tierra.
Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R.

SEGUNDA LECTURA
La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos:

Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.

Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Salió el sembrador a sembrar
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y toda la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló muchas cosas en parábolas:

«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron.

Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.

El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.

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