Archiv para 17 Julio, 2017

Domingo de la 16ª semana de Tiempo Ordinario – 23/07/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

LA MOSTAZA, LA LEVADURA Y LA CIZAÑA

E1 evangelio que se lee este domingo también va de parábolas. Nada menos que tres. La central es la de la cizaña, seguida de dos semejanzas paralelas: el grano de mostaza y la levadura, finísimos símbolos de las características del Reino instaurado por Jesús.

La fuerza de las imágenes está en el contraste entre la semilla casi microscópica o lo exiguo de la levadura y la inmensidad del árbol o de la masa fermentada. El Reino de los cielos ha comenzado de manera insignificante con un “pastor” contestado y crucificado, y un pequeño rebaño; pero con una fuerza capaz de alterar y revolucionar la historia. El crecimiento es su dinamismo eficaz desarrollado en medio de luchas dramáticas. En el campo de la historia se contraponen el amo y el enemigo, el grano y la cizaña, el arrancar o el dejar sobrevivir hasta el final.

La parábola de la cizaña muestra dos enseñanzas fundamentales: la presencia del maljunto al bien, la necesidad de la paciencia. Los puritanos, los fogosos, los intransigentes quieren que el mal desaparezca, que llueva fuego sobre los perversos, que el hacha corte el árbol sin frutos. Esto es un peligro que puede derivar hacia un fariseísmo cristiano, que sueña comunidades perfectas y separadas. Es conveniente vivir de frente o al lado del mal sin pensar obsesivamente en su destrucción; recuérdese que Jesús fué amigo de publicanos y pecadores, que dialogó y comió con ellos y con personas justas y piadosas. En toda circunstancia fué más médico que juez.

La misteriosa mezcla de bien y mal, de esplendores y de miserias que es la historia y la humanidad, es también el campo para una paciente acción del Reino y de la Iglesia. No todo desembocará en ruina, sino en una triunfal “cosecha” de Dios, que hará brillar todo el bien diseminado en los siglos y en las tierras diversas de nuestro mundo.

No deja de ser interpelante comparar la paciencia de Dios, libre de intransigencias y radicalismos, con la impaciencia de muchos creyentes, que se hacen jueces implacables para defender la pena de muerte y la tortura con fines ejemplares.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Sabiduría 12, 13. 16-19 Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a
san Pablo a los Romanos 8, 26-27 san Mateo 13, 24-43

de la Palabra a la Vida

Comentar todas las parábolas del evangelio de este domingo excede estas líneas, pero podemos fijarnos especialmente en la primera de las parábolas, ya que la primera lectura de este domingo la señala directamente: la fuerza y la moderación de Dios ante el juicio iluminan la actitud del sembrador cuando el trigo y la cizaña aparecen juntos: ¿qué hacer? No es momento de la siega aún, así que conviene esperar.

Esa espera es una puerta abierta al pecador para que se convierta, advierte el libro de la Sabiduría. Aunque el sembrador claramente no ha sido el que ha hecho aparecer la cizaña sino “un enemigo”, la cizaña debe quedar en pie hasta el momento oportuno, el de la siega. Sí, sin duda es una referencia al tiempo final, otra parábola que tiene que ver con la separación que sucederá al final, cuando la luz de Cristo ilumine los corazones de todos para separar a unos y otros.

Ciertamente, lo bueno y lo malo se han mezclado, pero, entonces, ¿por qué esperar para separarlos? En la parábola encontramos dos motivos preciosos: el primero es que el hombre no está en situación de hacer esa tarea. Son tan iguales trigo y cizaña que pueden confundirse, y hay que esperar a que se distingan. Igual sucede con verdaderos y falsos creyentes. Pueden parecer iguales, pero cuando el Señor ilumine los corazones de cada uno, sabremos separarlos con acierto. Sí, nosotros no podemos ver el corazón, pero el Mesías sí: Él hará a su tiempo la separación. Un segundo motivo es que Dios ha marcado el momento, la hora de la separación, la hora de la siega. No podemos precipitarla ni pasarla por alto. Es necesario rechazar todo falso celo, y dejar abierto el plazo a la penitencia: “Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan”. El salmista sabe que es bueno esperar en Dios, confiar en Él, pero no de forma pasiva, sino obrando la propia conversión.

La vida de la Iglesia, de los que seguimos al Señor, es compleja en este sentido, pero esta parábola nos ayuda a comprender que siempre ha sido así. Ni todo el mundo sigue al Señor con la misma confianza, ni con la misma decisión, ni en la misma verdad: es por eso que uno puede tener la tentación de “pasarse de la raya” y, por buscar la conversión de todos al Señor, algo positivo, hacer un daño irreparable al camino de cada uno, algo negativo. Por eso la paciencia del Señor. ¿Qué veo en mi comunidad cristiana, en mi parroquia, en mi iglesia diocesana o en la católica, que no está bien? ¿Abro la puerta a la conversión o me precipito en el juicio? ¿Qué nos enseña esta parábola?

No hace falta que vayamos muy lejos para decidir qué es mejor hacer: nos basta la mirada a la propia debilidad, a los propios pecados, al camino de conversión que cada uno de nosotros llevamos día a día, paso a paso, y que está pudiendo hacerse porque el Señor es “lento a la ira”: sin la clemencia del Señor, ya seríamos nada.

Seguir al Señor por la vida de fe supone aceptar que ese proceso se está dando en nosotros. Que no queremos esperar pasivamente, pero que tenemos que ser pacientes. Dios mira y espera, porque ama espera. Quizás creciendo en el amor, también nosotros aprendamos a esperar como Él. Si, tal y como decía la primera lectura, “Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia”, la misión de la Iglesia es acoger la forma de hacer de Dios, sembrador paciente, y si los sacramentos nos llenan de amor de Dios, hacer de ellos instrumento que nos ayuda a acoger la forma de hacer de Dios, que discierne las cosas y las lleva a cabo en el momento oportuno.

Diego Figueroa

 





al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal…
Prefacio de Santiago, apóstol

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte siempre gracias y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios Todopoderoso, Pastor eterno.
Porque Santiago, testigo predilecto,
anunció el reino que viene
por la muerte y resurrección de tu Hijo,
y, el primero entre los apóstoles,
bebió el cáliz del Señor:
Con su guía y patrocinio, se conserva
la fe en los pueblos de España y en los pueblos hermanos
y se dilata por toda la tierra,
mientras tu apóstol alienta a los que peregrinan
para que lleguen finalmente a ti, por Cristo, Señor Nuestro.
Por eso, Señor, con todos los ángeles,
te alabamos ahora y por siempre,
diciendo con humilde fe:
Santo, Santo, Santo..

 


Para la Semana

Lunes 24:

Éxodo 14,5 18. Así sabrán que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón.

Salmo. Ex 15,1-6. Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria

Mateo 12,38 42. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará.
Martes 25:
Santiago, apóstol. Solemnidad.

Hch 4,33;5,12.27-33;12,2. El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago.

Sal 66. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

2Cor 4,7-15. Llevamos siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús.

Mt 20,20-28. Mi cáliz lo beberéis.

Miércoles 26:
Santos Joaquín y Ana, padres de la Bienaventurada Virgen María. Memoria.

Éxodo 16,1 5.9 15. Yo haré llover pan del cielo.

Sal 77. El Señor les dio pan del cielo.

Mateo 13,1 9. Cayó en tierra buena y dio grano.
Jueves 27:

Éxodo 19,1 2.9 11.15 20b. El Señor bajará al monte Sirraí a la vista del pueblo.

Salmo. Dan 3,52-56. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Mateo 13,10 17. A vosotros se os ha concedido conocei los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Viernes 28:
San Pedro Poveda Castroverde, presbítero y mártir. Memoria.

Éxodo 20,1-17. La ley se dio por medio de Moisés.

Sal 18. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Juan 20,1 11. Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?
Sábado 29:
Santa Marta. Memoria.

Ex 24,3-8. Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros.

Sal 49. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

Jn 11,19-27. Creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.

o bien:

Lc 10,38-42. Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas.


Lunes 17 de julio. XV semana del TO

Escrito por Comentarista 6 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Subió al trono de Egipto un Faraón nuevo, que no había conocido a José”. Otra versión de lo que aparece hoy en el libro del Éxodo es: “ojos que no ven, corazón que no siente”. Los cambios en el gobierno implican normalmente un borrón y cuenta nueva con respecto a los modos de hacer anteriores, con el consiguiente desbarajuste que se produce en muchos corazones. A veces los cambios son claramente a peor: los israelitas lo padecieron en sus propias carnes, llegando incluso al sacrificio de sus niños recién nacidos. Tremendo.

Pero también hay cambios a mejor. Y por eso el Papa Francisco insiste una y otra vez en superar el criterio de “esto se ha hecho siempre así”. Cuando se trata de dar pasos hacia delante, la innovación es casi como una ley. Si algo funciona bien, déjalo; pero si puede funcionar mejor y hacer un mejor servicio, evoluciona, cámbialo. Sin duda ese cambio se ha de hacer con cabeza, con prudencia. Pero también con firmeza.

Es una llamada constante de atención para que pensemos en la razón y el bien que se esconden detrás de las cosas que hacemos en nuestra vida cristiana, en nuestras comunidades y parroquias. No vale simplemente hacer por hacer, sino que es necesario comprender porqué se hacen las cosas así. Es un signo evidente de madurez saber explicar la razón de lo que se hace, argumentándolo bien, exponiendo perspectivas diversas; como es un signo evidente de inmadurez soltar un “siempre se ha hecho así”. Ciertamente no todo el mundo está en condiciones de dar razones exhaustivas, pero aunque sean pocas, siempre se agradecen.

En la Iglesia, como en el resto de grupos sociales, nos sucede lo mismo. Cuando cambia el obispo, o entra un nuevo párroco, o cambia el superior, o el responsable de catequistas o de Cáritas, normalmente se hacen cambios. Y la persona que recibe por ministerio la autoridad para gobernar escucha con frecuencia: “esto se ha hecho siempre así”, sin más razones. Craso error. Entonces se muestra del todo evidente que es necesario cambiar, evolucionar a mejor.

El clericalismo, la rutina, la mundanidad, la tibieza, utilizan siempre el argumento de la comodidad: siempre se ha hecho así. La respuesta de este tipo de personas a los cambios buenos es el enfado, la crítica, la murmuración, la calumnia, el despecho, la envidia. Una manifestación de soberbia, terquedad, pequeñez de corazón y cortedad de miras que no ayuda a crecer y que a veces dinamita comunidades enteras. Una verdadera lástima.

Cuando el pastor o quien hace cabeza busca con rectitud y sabiduría, con prudencia y ecuanimidad la santidad propia y la ajena, es decir, cuando el amor de Dios está detrás de las decisiones, hacemos bien en recibir los cambios con docilidad, aunque nos cueste desprendernos de un modo determinado de hacer.

El amor a la Iglesia se funda en el amor a Cristo. Es por Él que debemos servir a la Iglesia, y de ahí que nuestro corazón no se deba asentar sólo en un modo determinado de hacer las cosas, sino sobre todo en el amor de Dios que las fundamenta. De este modo seremos más dóciles a los cambios propios de los modos de hacer. Cambiará la forma, pero no el fondo. Así ha evolucionado la santidad en la vida de la Iglesia: con la aparición histórica de nuevos caminos y modos de ser santos. El Espíritu de Dios sopla y cambia modos de actuar, pero siempre es Él quien sopla y llena nuestras vidas. Lo dice el salmo: “Nuestro auxilio es el nombre del Señor”, no unas normas y leyes humanas.

Jesucristo lo explica muy bien entrando en los hogares: el amor de Dios tiene prioridad respecto a los amores humanos de familia, y por lo tanto a las costumbres humanas. Romper con ellas por amor de Dios es algo que fortalece nuestra vida espiritual.

“He venido a enemistar”. Esta dura expresión de Cristo la comprobamos en la Iglesia cuando aparecen bandos, facciones, luchas de poder. Todo movido por la pequeñez humana vacía de amor de Dios.

Que amemos mucho a la Iglesia, al Papa, los obispos, sacerdotes y responsables. Pero que lo hagamos por amor de Dios, no por amores humanos. Si no, vendrán los líos.

Alejo, mendigo (s. V)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Agardo, Alejo, Angelario, Antusa, Jacinto, Carlota (Carolina), Esperado, Donada, Secunda, Venusta, Jenara, Letancio, Acilino, Félix, Veturo, Nazar, Citino, Generosa, Sixto, Teodota, mártires; Sistán, presbítero; Sisenando, diácono y mártir; León IV, papa; Narsetes, Marcelina, confesores; Generoso, abad; Teodosio, Enodio, Arnulfo, obispos; Marcelina, virgen; beata Constancia, reina de Aragón.

17/07/2017 – Lunes de la 15ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Obremos astutamente contra Israel, para que no se multiplique más
Lecturas del libro del Éxodo 1, 8-14. 22

En aquellos días, surgió en Egipto un faraón nuevo que no había conocido a José, y dijo a su pueblo:

«Mirad, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros: obremos astutamente contra él, para que no se multiplique más ; no vaya a declararse una guerra y se alíe nuestros enemigos, nos ataque y después se marche del país».

Así, pues, nombraron capataces que los oprimieron con cargas, en la construcción de las ciudades granero, Pitón y Ramsés. Pero, cuanto más los oprimían, ellos crecían y se propagaban más, de modo que los egipcios sintieron aversión hacia los israelitas.

Los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel con crueldad y les amargaron su vida con el duro trabajo del barro y de los ladrillos y con toda clase de faenas del campo; los esclavizaron con trabajos crueles.

Y el faraón ordenó a todo su pueblo:

«Cuando nazca un niño, echadlo al Nilo; si es niña, dejadla con vida».

Palabra de Dios.

Sal 123, 1-3. 4-6. 7-8
R. Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
– que lo diga Israel -,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros. R.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor,
que no nos entregó
en presa a sus dientes. R.

Hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió,
y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R.

EVANGELIO
No he venido sembrar paz, sino espadas
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 34-11,1

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz; no he venido a sembrar paz, sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mi; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mi no es digno de mi; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mi. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mi, la encontrará.

El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompesna».

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Palabra del Señor.