Archiv para 16 agosto, 2017

Roque, taumaturgo († c. a. 1327)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Esteban, rey de Hungría; Ambrosio, Aredio, Armagilo, Arsacio, Balsemio, Basilia, Cisio, Demetriano, Diomedes, mártires; Cosme, Teodoro, Radulfo (Raúl, Rodolfo), Eleuterio, Simpliciano, obispos; Tito, diácono y mártir; Arsacio, confesor; Queremón, eremita; Roque, protector contra la peste; Serena, matrona.

Esteban II, rey de Hungría (c. a. 970-1038)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Esteban, rey de Hungría; Ambrosio, Aredio, Armagilo, Arsacio, Balsemio, Basilia, Cisio, Demetriano, Diomedes, mártires; Cosme, Teodoro, Radulfo (Raúl, Rodolfo), Eleuterio, Simpliciano, obispos; Tito, diácono y mártir; Arsacio, confesor; Queremón, eremita; Roque, protector contra la peste; Serena, matrona.

Atar y desatar: he ahí la cuestión.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Corría el año 312 cuando Constantino el Grande tuvo que afrontar la decisiva batalla del puente Milvio contra su oponente el emperador Majencio. La historia cuenta que Constantino, por un sueño revelador, hizo poner el crismón en su estandarte y mandó grabar una cruz en los escudos de sus soldados. Fue una gran batalla y Constantino creyó realmente que el signo de la cruz de Cristo le había dado la victoria.

Un año más tarde, el emperador , influenciado por la fe de su madre (santa Elena) y llevado al agradecimiento por aquella conquista, daría carta de ciudadanía a la fe cristiana y pondría fin a las persecuciones contra los cristianos. ¿Se había convertido Constantino el Magno al cristianismo? No parece tanto que fuera así. De hecho, pidió su bautismo pero siempre y cuando estuviera cerca de su muerte. El cálculo era sencillo: quería disfrutar de los bienes de la tierra y llegar con un expediente intachable en el Cielo.

Parece que Constantino había olvidado el pasaje del evangelio de hoy. En este impresionante capítulo 18 de san Mateo, Jesús profetiza algo más radical y exigente: “lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo”. Uno no llega al Cielo con el simple derecho de llevar el “carnet de la gracia en regla”. Uno llega al Cielo cargado de amor o no llega. Uno llega al Cielo con la impronta de la libertad o no llega. Cada paso en esta tierra importa para el cielo. En el Cielo se vive con plenitud la Ley del amor recíproco, por eso importa desatar en la tierra cualquier lazo de odio o de resentimiento, de envidia o mal deseo, de apego a uno mismo o a lo material. Para vivir allí, importa atar con fuertes lazos de amor entregado las relaciones cotidianas, tanto las cercanas como las ocasionales. Atando para vivir la unidad del cielo, perdonando y siendo perdonados, corrigiéndonos unos a otros con respeto y cariño.

Para Constantino la cruz le hizo ganar la batalla del Milvio para ser un glorioso emperador. Para nosotros la cruz del Señor siempre será nuestra victoria para alcanzar la gloria del Cielo. Pues Jesús crucificado nos impulsa a vivir el momento presente con mayor radicalidad y aprendemos a amarle en cada dolor y en cada crucificado que pasa a nuestro lado. Dándonos además los motivos para apostar de nuevo por el futuro de este mundo y empezar de nuevo cada día.

Es la hora de atar y desatar. Y lo haremos juntos (lo que “atéis y desatéis”) en este santo viaje.

16/08/2017 – Miércoles de la 19ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Allí murió Moisés como había dispuesto el Señor, y no surgió otro profeta como él
Lectura del libro del Deuteronomio 34, 1-12

En aquellos días, Moisés subió de la estepa de Moab al monte Nebo, a la cima del Pisgá, frente a Jericó; y el Señor le mostró toda la tierra: Galaad hasta Dan, todo Neftalí, el territorio de Efraín y de Manasés, y todo el territorio de Judá hasta el mar occidental, el Negueb y la comarca del valle de Jericó (la ciudad de las palmeras) hasta Soar; y le dijo:

«Esta es la tierra que prometí con juramento a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: “Se la daré a tu descendencia.” Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella».

Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en Moab, como había dispuesto el Señor.

Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Fegor; y hasta el día de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba.

Moisés murió a la edad de ciento veinte años; no había perdido vista ni había decaído su vigor. Los hijos de Israel lloraron a Moisés en la estepa de Moab durante treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés.

Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos, los hijos de Israel lo obedecieron e hicieron como el Señor había mandado a Moisés.

No surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le envió a hacer en Egipto contra el faraón, su corte y su país; ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.
Palabra de Dios.

Sal 65, 1-3a. 5 y 8. 16-17
R. Bendito sea Dios, que me ha devuelto la vida.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.
Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R.

EVANGELIO
Si te hace caso, has salvado a tu hermano
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.