Archiv para agosto, 2017

¿Castigo o misericordia?

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Éxodo 33, 7-11; 34, 5b-9. 28

Sal 102, 6-7. 8-9. 10-11. 12-13

San Mateo 13, 36-43

Los hebreos nunca dudaron que el sufrimiento fuera un castigo de Dios a causa del pecado. Nada tiene ello que ver con esa forma burda de entender las realidades sagradas, según la cual Dios apalearía a sus hijos con padecimientos. Semejante concepción roza la blasfemia. El padre de todo dolor es el Diablo, a quien el Hombre se entregó desde el primer pecado. El triunfo de Yahweh consiste en haber arrebatado su obra al Enemigo, y haberla aprovechado, en forma de castigo, para nuestra salvación. Al igual que esas grandes centrales eléctricas convierten en luz la energía del agua, Dios, burlando al Maligno, ha recogido en la Cruz todo sufrimiento humano y lo ha transformado en una fuerza redentora poderosísima. Me resulta mucho más consolador, cuando sufro, escuchar que estoy ante un castigo amoroso de mi Padre Dios, que pensar que me hallo a merced de las fuerzas destructoras de Satanás con la impotencia con que una pluma es arrastrada por el viento.

En cuanto a la afirmación, “castigo el pecado de los padres en los hijos”, no me escandaliza en absoluto. Partiendo del concepto hebreo del “clan” y dirigiendo los ojos en un vuelo hacia la Cruz, la expresión resulta enormemente consoladora. Para el judío primitivo, la culpa tiene un carácter físico, y se transmite, como una mancha de nacimiento, de padres a hijos. Al igual que asumimos hoy que un heredero debe pagar las deudas que deja un difunto, entendían ellos que los hijos cargaran con las culpas de sus padres; nada más natural para aquellos judíos que aún no habían conocido a Montesquieu. Dios se sirve de aquella concepción para ir mucho más allá: habrá un Hijo, el “Hijo del Hombre”, que saldará definitivamente la terrible deuda que, a causa del pecado, la Humanidad ha contraído con Dios: Él (recordará Isaías en el canto del Siervo), soportará el castigo que nuestros pecados merecieron, y con ello nos obtendrá el perdón. El plan redentor brotado de las entrañas de misericordia de Dios pasaba por que un Hijo de Adán cargara voluntariamente con las culpas de sus padres. Tal es el significado de esa frase tan repetida en el Antiguo Testamento, que escandaliza a tantos “intelectuales” y llena de gozo a quien, unido a María, no aparta su mirada de la Cruz y descubre el Amor en cada Palabra revelada. No necesitamos una traducción “a medida”; necesitamos un Espíritu conforme con el de Dios.

Alfonso María de Ligorio, fundador, obispo y doctor de la Iglesia (1696-1787)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia; Arcadio, Exuperio, Etelwoldo, Vero, Eusebio, Nati, Netario, obispos; Almeda, Bono, Fausto, Mauro, Cirilo, Aquila, Pedro, Domiciano, Rufo, Menandro, Leoncio, Acacio, Alejandro, Félix, Justino, Felipe y compañeros mártires; Nemesio, confesor; Fe, Esperanza, Caridad, vírgenes y mártires; Rubén (Rubil); los 7 hermanos Macabeos.

01/08/2017 – Martes de la 17ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El Señor hablaba con Moisés cara a cara
Lectura del libro del Éxodo 33, 7-11; 34, 5b-9. 28

En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera, a distancia del campamento, y la llamó «Tienda del Encuentro». El que deseaba visitar al Señor, salía fuera del campamento y se dirigía a la Tienda del Encuentro.

Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que este entraba en la tienda. En cuanto Moisés entraba en la tienda, la columna de nube bajaba y se detenía a la entrada de la tienda, mientras el Señor hablaba con Moisés.

Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se postraba cada uno a la entrada de su tienda.

El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después Moisés volvía al campamento, mientras Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba del interior de la tienda.

Moisés se quedó en la presencia del Señor, y pronunció su nombre.

El Señor pasó ante él proclamando:

«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad, que mantiene la clemencia hasta la milésima generación, que perdona la culpa, el delito y el pecado, pero no los deja impunes y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación».

Moisés al momento se inclinó y se postró en tierra.

Y le dijo:

«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».

Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus cuarenta noches: sin comer pan ni beber agua; y escribió en las tablas las palabras de la alianza, las Diez Palabras.
Palabra de Dios.

Sal 102, 6-7. 8-9. 10-11. 12-13
R. El Señor es compasivo y misericordioso.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen. R.

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles. R.

EVANGELIO
Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle:

«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les contestó:

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.