Archiv para septiembre, 2017

Amar la Cruz

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Meteos bien esto en la cabeza”. Con esto les previene a sus discípulos – y ahí estamos tú yo – sobre lo importante y la dificultad de lo que les dirá a continuación. Les previene para no dejarse ganar por el escándalo que van a suscitar sus palabras: “al hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Les está anunciando lo que le pasará, para prepararnos a nosotros a unirnos a su suerte. También nosotros, así está previsto en los planes de Dios, seremos “entregados en manos de los hombres”. Estemos pues preparados para no asustarnos ni tratar de huir del camino de la cruz, para que no nos pase como a los discípulos que “les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. En Mt 16, 22-24 vemos cómo “el mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Te sigo, pero no hablemos de cruz. Esto no tiene nada que ver. Te sigo de otra manera, sin la cruz. Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor. Quisiera que todos (…) tengamos el valor de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia avanzará” (Papa Francisco, en la Misa con los Cardenales el jueves, 14 de marzo).

Para superar ese escándalo, hay que aprender a permanecer junto con María, al pie de la cruz contemplando al que traspasaron (Cf. Benedicto XVI, Mensaje Cuaresma 2007). En esa misma homilía el Papa Francisco nos animaba a tener “el valor, precisamente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia avanzará. Deseo que el Espíritu Santo, por la plegaria de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo crucificado. Que así sea”. Todo un programa: caminar, edificar y confesar a Cristo crucificado.

Caminar. Con nuestra vida ¿ponemos la cruz en la cima de nuestras actividades?¿Preside la Cruz nuestras decisiones, afectos,…? También ante lo menudo: para vencer la pereza, que engendra desorden y enfados, para crucificar gustos, caprichos, planes, incluso legítimas aspiraciones,…

Edificar. “Pues Cristo no me envió a bautizar sino a evangelizar; no con sabiduría de palabras, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Porque el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios” (1 Cor 1, 17-25). Si no estamos decididos a llevar la Cruz, la que sea, con alegría, no hay como edificar el Reino de Dios, ni salvación que anunciar.

Confesar. Superar la cultura de la queja. La alegría en las dificultades y contrariedades es una confesión de la alegría de la cruz. Para afrontar el misterio del sufrimiento sin que te destruya hay que vivirlo desde la Cruz de Cristo. La misma Beata Teresa de Calcuta decía: “estoy dispuesta a aceptar con una sonrisa todo lo que Él me de y darle todo lo que Él tome” (“Ven, sé mi luz” 276).

“Que el Espíritu Santo, por la plegaria de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo crucificado. Que así sea” (Papa Francisco).

 

30/09/2017 – Sábado de la 25ª semana de Tiempo Ordinario.

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PRIMERA LECTURA
Yo a habitar en medio de ti
Lectura de la profecía de Zacarías 2, 5-9. 14-15a

Levanté los ojos y vi un hombre que tenía en su mano un cordón de medir. Le pregunté:

«¿Adónde vas?».

Me respondió:

«A medir Jerusalén para ver cual es su anchura y cuál su longitud».

El mensajero que me hablaba salió y vino otro mensajero a su encuentro. Me dijo::

«Vete corriendo y dile al oficial aquel:

“Jerusalén será una ciudad abierta a causa de los muchos hombres y animales que habrá en ella; yo la serviré de muralla de fuego alrededor y en ella seré mi gloria”.

«Alégrate y goza, Sión, pues voy a habitar en medio de ti – oráculo del Señor -.

Aquel día se asociarán al Señor pueblos, sin número; y ellos serán mi pueblo mío».

Palabra de Dios.

Jr 31, 10. 11-12ab. 13
R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R.

EVANGELIO
El Hijo del hombre va a ser entregado. Les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 43b-45

En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos:

«Meteos bien en los oídos estas palabras: al Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.

Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.

Palabra del Señor.

Providencia de Dios a través de los Arcángeles

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En el Evangelio de la Misa de hoy, el Señor nos dice que veremos “el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo de Hombre”. Los ángeles son seres personales, creados por Dios de una perfección muy superior a los hombres. Tanto que, como dice Santo Tomás, cada individuo agota la especie. Es decir, que todas las perfecciones posibles de una especie se dieran todas juntas en un solo individuo. Como nos enseñaba San Juan Pablo II, toman parte, a su manera, en el gobierno de Dios sobre la creación como poderosos ejecutores de sus órdenes (Sal 102), según el plan establecido por la Divina Providencia. A los ángeles está confiado en particular un cuidado y solicitud especiales para con los hombres, en favor de los cuales presentan a Dios sus peticiones y oraciones. La misión de los ángeles como embajadores de Dios se extiende a cada uno de los hombres, y de modo principal a quienes tienen una misión específica en orden a la salvación, y a las naciones enteras (Audiencia General 30-VII-1986). En la Misa de hoy le pedimos a Dios la protección de los ángeles: “Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el Cielo (oración colecta).

Hoy la Iglesia honra, con palabras de San Juan Pablo II, a tres figuras de ángeles a los que en la Sagrada Escritura se les llama con un nombre. El primero es Miguel Arcángel (cfr. Dan 10, 13. 20; Apoc 12, 7; Jd 9). Su nombre expresa en síntesis la actitud esencial de los espíritus buenos. Mica-El significa, en efecto: ¿Quién como Dios? El segundo es Gabriel, figura vinculada sobre todo al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios (cfr. Lc 1, 19; 26). Su nombre significa: Mi poder es Dios, o Poder de Dios. Por último, Rafael significa: Dios cura (Audiencia general 6-VIII-1986).

El Arcángel San Miguel es el “Príncipe de la milicia celestial”, aparece como el gran defensor del pueblo de Dios frente a las insidias del enemigo. En el libro del Apocalipsis se nos habla de este combate: “y se entabló un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón. También lucharon el dragón y sus ángeles, pero no prevalecieron, ni hubo ya para ellos un lugar en el cielo. Fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamado Diablo y Satanás, que seduce a todo el universo. Fue arrojado a la tierra y también fueron arrojados sus ángeles con él” (Apc 12, 9). Forma parte de la Providencia de Dios hacer partícipes a sus criaturas de su poder. Debemos, por tanto, acudir a su intercesión cuando experimentamos cómo la tentación arrecia en un determinado momento de nuestra vida.

El Arcángel Gabriel recibe una particularísima misión. “Por esto a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ángel de la máxima categoría (…). A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa: Fortaleza de Dios, porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los Principados y Potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida del que es el Señor de los ejércitos y héroe en las batallas” (San Gregorio Magno Homilías sobre los Evangelios, 34, 8-9).

El Arcángel San Rafael interviene en la historia de Tobías, “tan significativa por el hecho de confiar a los ángeles los hijos pequeños de Dios, siempre necesitados de custodia, cuidado y protección” (San Juan Pablo II, Audiencia general 6-VIII-19862).

Pidamos a Nuestra Madre, Reina de lo Ángeles, que nos conceda un trato confiados con quienes la Providencia de Dios ha encargado nuestro cuidado.

 

Miguel, Gabriel y Rafael, Arcángeles

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Santos: Fraterno, Ludwino, obispos; Crimoaldo, confesor; Eutiquio, Plauto, Heraclea, Dadas, Ripsimes, Gaudelia, mártires; Alarico, monje; Quiriaco, anacoreta; Marcelo, centurión, y Nona, su mujer, mártires.

29/09/2017 – Viernes de la 25ª semana de Tiempo Ordinario. Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Miles y miles lo servían
Lectura de la profecía de Daniel 7, 9-10. 13-14

Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó.

Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.

Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia

A él se le dio poder, honor y reino.

Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.

Su poder es un poder eterno, no cesará.

Su reino no acabará.

Palabra de Dios.

Sal 137, 1-2a. 2b-3. 4-5. 7c-8
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

porque escuchaste las palabras de mi boca;

delante de los ángeles tañeré para ti;

me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre:

por tu misericordia y tu lealtad,

porque tu promesa supera a tu fama.

Cuando te invoqué, me escuchaste,

acreciste el valor en mi alma. R.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,

al escuchar el oráculo de tu boca;

canten los caminos del Señor,

porque la gloria del Señor es grande. R.

EVANGELIO
Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre
Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:

«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:

«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:

«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»

Natanael respondió:

«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:

«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:

«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Palabra del Señor.

Meditar el Evangelio

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse (…) ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas? Y tenía ganas de ver a Jesús”. Su interés por saber lo que sucedía, sobre quién era aquel de quien se decían que hacía tales milagros, no es por un afán de conocer la verdad, sino mera curiosidad. No le interesa conocer la verdad sobre Cristo. Esto es muy comprometedor, porque si es el Hijo de Dios, Dios como el Padre, el único mediador y salvador del género humano, entonces se nos impone que hacer vida su enseñanza no es una opción entre otras. Reconocer la verdad es siempre comprometedor.

A nosotros debe movernos a conocer a la persona de Jesús por el deseo de identificarnos cada vez más con él. Por eso leemos “guardando en el corazón” el Evangelio. El amor es el motor que nos impulsa a conocer con mayor intimidad y profundidad a Jesús, porque queremos amarle más y mejor. En el centro de la vida cristiana está en enamorarnos de Jesucristo. Es preciso purificar nuestra mirada para dejarnos enseñar por el Señor y poder contemplarlo.

La lectura y meditación asidua del Evangelio nos ayudará a conocer cada día mejor al Señor y descubrir lo que nos dice a cada uno para cada momento de nuestra vida. Quien medita asiduamente el Evangelio tiene la experiencia de cómo un mismo texto leído arroja luces nuevas en momentos distintos. Hemos de ahondar en las enseñanzas del Evangelio. San Agustín nos recuerda cómo “las palabras del Señor son pocas, pero dicen mucho, y no se pueden valorar en número, sino por su peso, ni se han de tener en poco, sino desentrañarlas, por ser profundas” (“ln Ioannis Evangelium tractatus 37, 1). Meditar el Evangelio es confrontarnos con él, con el deseo de imitar a Jesucristo, de que suscite en nuestro corazón los mismos sentimientos de Cristo (cf. Flp 2,5). Leerlo no como algo ya sabido, sino dejándonos enseñar cada día, leerlo despacio para que las palabras y los gestos del Señor vayan dejando como un poso en nuestro entendimiento, en nuestra memoria y en nuestro corazón. Saboreando de algún modo algunos de los gestos o palabras que nos han conmovido interiormente. Una huella que el Espíritu Santo actualizará en cada momento.

Hemos de revivir las escenas del Evangelio, sentarnos a sus pies como harían Marta y María, con cariño, deseando que todo su ser quede informado por sus enseñanzas y su persona. Le pedimos a su Madre, también Madre nuestra, que ponga un deseo grande de conocer y tratar a su Hijo en el Pan de la Palabra para alimentar nuestra alma.

 

Simón de Rojas, fundador (1552-1624)

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Santos: Wenceslao, Marcial, Lorenzo, Privato, Estacto, Alfio, Alejandro, Zósimo, Nicón, Neón, Heliodoro, mártires; Alarico, Alodio, Annemondo, Ausencio, Doda, Eustiquio, Everardo, confesores; Simón de Rojas, fundador; Salomón, obispo; Caritón, abad; Exuperio, Fausto, Salonio, Silvino, obispos; Lioba, virgen; Baruc, profeta.

Lorenzo Ruiz y compañeros mártires (1633-1637)

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Santos: Wenceslao, Marcial, Lorenzo, Privato, Estacto, Alfio, Alejandro, Zósimo, Nicón, Neón, Heliodoro, mártires; Alarico, Alodio, Annemondo, Ausencio, Doda, Eustiquio, Everardo, confesores; Simón de Rojas, fundador; Salomón, obispo; Caritón, abad; Exuperio, Fausto, Salonio, Silvino, obispos; Lioba, virgen; Baruc, profeta.

Wenceslao, rey (c. a. 907-c. a. 928)

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Santos: Wenceslao, Marcial, Lorenzo, Privato, Estacto, Alfio, Alejandro, Zósimo, Nicón, Neón, Heliodoro, mártires; Alarico, Alodio, Annemondo, Ausencio, Doda, Eustiquio, Everardo, confesores; Simón de Rojas, fundador; Salomón, obispo; Caritón, abad; Exuperio, Fausto, Salonio, Silvino, obispos; Lioba, virgen; Baruc, profeta.

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