Archiv para 4 septiembre, 2017

Domingo de la 23ª semana de Tiempo Ordinario. – 10/09/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

 

Comentario Pastoral

LA CORRECCIÓN FRATERNA

E1 tema de la corrección fratema es clásico en la tradición cristiana. Su ejercicio es un arte, que supone humildad recíproca, amor auténtico, delicadeza y sensibilidad interior, En la liturgia de este domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario los textos del profeta Ezcquiel y del evangelista Mateo nos lo recuerdan. El cambio de conducta por medio de la represión supone salvar la vida al hermano. Mantener empeño constante por llevar a la práctica el diálogo pastoral en el interior de la comunidad de los fieles es ayudarla a que sea siempre más luminosa.

Muchos piensan que la recíproca corrección es sólo algo personal, olvidándose de su dimensión eclesial, que proviene de la misma autoridad de Dios. Cuántos quieren que la Iglesia calle, que el Papa no hable, que los obispos no se pronuncien. Se supervalora la diplomacia del silencio creyendo que es más eficaz en la sociedad actual, donde abundan en todos los campos los mutismos cómplices. Sin embargo es preciso recordar que “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Y para ello es preciso que la acción pastoral de la Iglesia sea realizada sin hipocresía, murmuración, orgullo y prevaricación de poder.

Desde la atalaya que permite vislumbrar el horizonte de la verdad, se deben examinar las conductas fruto de la mentira. Porque el mal es una semilla siempre presente en el hombre y en el creyente. La Iglesia lo puede “desatar” con el perdón sacramental, siguiendo el ejemplo del Señor que era “amigo de los publicanos y pecadores”. Convertirse es evitar el fariseísmo estéril. Los cristianos no son los hombres perfectos que dicen que no roban, ni matan, ni hacen mal, sino aquellos que reconociéndose pecadores se convierten e intentan sin desmayo ser mejores todos los días.

La corrección fraterna exige un esfuerzo vario y múltiple de ayuda y de catequesis. De la liturgia de este domingo emerge un gran empeño pastoral y comunitario para los alejados, a la vez que se ejercita la comprensión y delicadeza hacia los errores que acompañan la existencia personal y eclesial. Sobresale la celebración de la misericordia contra todo rigorismo excesivo; el poder de “atar desata? es más bien aceptar perdonar y no un frío denunciar condenar. No en vano el amor es el centro coordinador del culto y de la vida y lo más específico de la existencia cristiana. El amor es la estrella polar que hace caminar a los creyentes por el camino recto de la verdad.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Ezequiel 33, 7-9 Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
san Pablo a los Romanos 13, 8-10 san Mateo 18, 15-20

 

de la Palabra a la Vida

Las lecturas de hoy nos ponen en una delicada tesitura a los que buscamos cada día seguir al Señor. Son lecturas para las que necesitamos el marco correcto, marco que haga comprensible su sentido e inevitable su cumplimiento. Es el ámbito de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo que ha sido vivificado con el Espíritu Santo, Espíritu de la verdad y del amor. Es por esto que no es en ningún caso indiferente para mí lo que otro miembro del Cuerpo viva o elija. No existe la vida de fe al margen de la comunidad cristiana, pues Cristo ha salvado reuniendo a sus hijos. En un mundo individualista, terriblemente individualista, en el que cada uno va a lo suyo sin mayor problema, la liturgia de la Palabra de hoy nos dice: no, el mundo sí, pero tú no. Porque tú eres un miembro de un cuerpo. Es por esto que el hermano que yerra debe ser corregido, y yo que yerro como todos debo esperar esa corrección también para mí. Cuando, a ese individualismo mundano se une la vanidad, querer corregir, ayudar a otro, a un hermano, es poco menos que deporte de riesgo. Por eso el marco es la Iglesia, para que no caigamos en la tentación de ir por la vida de fe como franco tiradores, a la caza de cualquier fallo o error. Sólo aquel que camina a mi lado está a mi alcance, sólo aquel al que me he acercado, cuyo lugar he ocupado, me es accesible, tiene la cercanía conmigo que hará fructíferas mis palabras. Porque sí, lo que se busca es “salvar al otro del error”. No saber más, no quedar por encima, no erigirse como ejemplo de nada: corregir es un servicio, dejarse corregir es una gran virtud. Y así, el Cuerpo de Cristo aparece más fuerte, más sabio, más santo.

Y es que el salmo responsorial nos ofrece una bonita perspectiva en la cuestión de la corrección: “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón”. En la voz del hermano, es la voz del Señor la que escucho. En la voz del que me corrige puedo reconocer la llamada del Señor a mi propia conversión. ¿La acepto? La madurez para acoger una corrección ha de ser tan grande como para hacerla, y han de estar motivadas ambas por la fe y el amor, son una consecuencia de una vida generosa en conversión y en experiencias cercanas a Dios. En un diálogo de fe y de amor, fácilmente experimentamos que recibimos o que damos vida, que encontramos el consuelo de Cristo.

Por eso puede decir san Pablo en la segunda lectura que “amar es cumplir la Ley entera”, porque el que conoce el amor de Dios entra en un camino de seguimiento del Señor, en un camino de conversión, en el que su corazón se va haciendo -a veces por la voz interior de la conciencia, a veces por las voces amigas desde fuera de nosotros – a seguir la Ley del amor de Dios. Así, el poder de “atar y desatar”, ligado tradicionalmente a la penitencia, amplía aquí su alcance a todos los cristianos y a todas las circunstancias en las que la virtud desata del error y conduce por el camino de la salvación, nos libera de vivir “atados” al error y al pecado.

En el ámbito de la Iglesia, en un proceso de comunión con el Señor, ¿experimento que soy dócil para dejarme corregir? ¿acepto entrar en ese misterio de amor en el que Cristo, por medio de la Iglesia, de los hermanos, me va mejorando, o creo que yo no tengo nada que cambiar, nada que purificar? La Iglesia sólo puede ser “hospital de campaña” si comenzamos por reconocer cada uno de nosotros las heridas y engaños que el Tentador y el pecado han producido en nosotros y la curación que Cristo, médico fiel, nos ha procurado. Ahí nos jugamos recibir y ofrecer el amor de Dios.

Diego Figueroa

 

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de la fiesta de la exaltación de la santa cruz

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz,
para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida,
y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido, por Cristo, Señor nuestro.
Por Él, los ángeles alaban tu gloria,
te adoran las dominaciones y tiemblan las potestades,
los cielos, sus virtudes y los santos serafines te celebran unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

 


Para la Semana

Lunes 11:
Colosenses 1,24 2,3 Nombrado servidor de la Iglesia para llevar a plenitud el misterio escondido desde siglos.

Sal 61. De Dios viene mi salvación y mi gloria.

Lucas 6,6 11. Estaban al acecho para ver si curaba en sábado
Martes 12:
Colosonses 2,6 15. El Señor os vivificó con él, y nos perdonó todos los pecados.

Sal 144. El Señor es bueno con todos.

Lucas 6,12 19. Pasó la noche orando. Escogió a doce, a los que también nombró apóstoles.
Miércoles 13:
San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia. Memoria.

Colosenses 3,1 11. Habéis muerto con Cristo; en consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros.

Sal 144. El Señor es bueno con todos.

Lucas 6,20 26. Bienaventurados los pobres; Ay de vosotros, los ricos
Jueves 14:
Exaltación de la santa cruz. Fiesta.

Num 21,4b-9. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y
salvaba la vida.
o bien:

Flp 2,6-11. Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo.

Sal 77. No olvidéis las acciones del Señor.

Jn 3,13-17. Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.
Viernes 15:
Bienaventurada Virgen María de los Dolores. Memoria.

11Tim 1,1-2.12-14. Antes era un blasfemo, pero Dios tuvo compasión de mí.

Sal 15. Tú eres, Señor, el lote de mi heredad.

Jn 19,25-27. Mujer, ahí tienes a tu hijo.
o bien:

Lc 2,33-35. A ti mismo una espada te traspasará el alma
Sábado 16:
Santos Cornelio, papa y Cipriano, obispo, mártires. Memoria

1 Timoteo 1,15 17. Vino al mundo para salvar a los pecadores.

Sal 112. Bendito sea el nombre del Señor por siempre.

Lucas 6,43 49. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?


Evangelizar a los pobres

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Lo de “evangelizar a los pobres” suena a mantra tibetano. Parece que si no lo decimos alguna que otra vez, no estamos con los tiempos que corren. Como si lo de ser pobre fuera algo propio de los tiempos modernos. Se nos ocurren todo tipo de iniciativas estrella, de planes, de métodos, de reuniones, para programar, analizar y describir el problema acuciante de la pobreza material, pero, puede que, al final, sigamos yendo a lo nuestro…

El Señor también habla de “evangelizar a los pobres”; es más: anuncia a todos en la sinagoga de Nazaret que esa era su misión. Quizá los que estaban allí presentes, judíos casi todos, se sintieron aludidos, porque no solo se molestaron con esas palabras, sino que lo empujaron fuera del pueblo, con la intención de despeñarlo por un precipicio. En realidad, que el Mesías se presente así, entregado totalmente a los pobres, molesta a cualquiera, porque me obliga a desinstalarme de mi comodidad y a pasar de la compasión teórica a la acción concreta. Y, al final, puede que sigamos yendo a lo nuestro…

En realidad, tendríamos que preguntarnos cuáles son nuestras riquezas, cuáles son esas ambiciones, seguridades, falsos derechos, etc., que nos llenan el corazón de falsas y efímeras riquezas. Quizá nuestra gran pobreza es nuestra ambición: ambición de mí mismo, de mi comodidad, de mi seguridad humana, de mi buena reputación, de mi tiempo, de mi agenda, de mi me conmigo… Ambición de ego, en definitiva, que nos hace ser, quizá, más pobres que los que no tienen pan para comer. La pobreza de “ir a lo nuestro”, de pasar olímpicamente del otro, o por encima del otro, o contra el otro… El avaro de sí mismo es el más pobre, porque en el trono del corazón no reina Dios sino la ambición de mi yo. Y eso nos aboca a una soledad, que es también otra de nuestras pobrezas. Aunque hagamos muchas cosas buenas, aunque estemos rodeados de gente, aunque sea famoso, aunque todo me vaya bien… no hay mayor pobreza que no tener a Dios, o sustituirlo por mi ego.

Sí, evangelicemos a los pobres, pero a estos pobres que no tienen más cosa que a sí mismos. Porque es más fácil dar un poco de tu tiempo, de tus bienes, de tu dinero, etc., que darte a ti mismo. Y pobre es también el que no se entrega a los demás, sino a uno mismo, aunque sea sirviéndose de los demás, o con la excusa de los demás. El Señor vino a evangelizar a los pobres, porque no hay mayor pobreza que el pecado. Sí, aunque eso del pecado no sea precisamente un mantra tibetano acorde con nuestros tiempos modernos…

Moisés (s. XII a. de C.)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Moisés, profeta; Marcelo, obispo y mártir; Rufino, Silvano y Viático, niños; Magno, Casto, Tamel, Máximo, Teodoro, Océano, Amiano, Julián, mártires; Cunialdo, Gilisario, confesores; Rosalía, Cándida, vírgenes; Marino, diácono; Bonifacio I, papa.

04/09/2017 – Lunes de la 22ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Dios, llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto
Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 4,13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.

Pues si creemos que Jesús murió y resucitado, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.

Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor: nosotros, los que quedamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.

Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.

Sal 95, 1 y 3. 4-5. 11-12a. 12b-13 (R.: 13b)
R.: El Señor llega a regir la tierra.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al señor, toda la tierra.

Contad a los pueblos su gloria

sus maravillas a todas las naciones. R

Porque es grande el Señor,

y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.

Pues lo dioses de los gentiles no son nada,

mientras que el Señor ha hecho el cielo. R

Alégrese el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuando lo llena;

vitoreen los campos y cuando hay en ellos.

Aclamen los árboles del bosque. R.

Delante del Señor, que ya llega,

ya llega a regir la tierra:

regirá el orbe con justicia

y los pueblos con fidelidad. R.

EVANGELIO
Me ha enviado a evangelizar a los pobres… Ningún profeta es aceptado en su pueblo
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, s sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles:

«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

Y decían:

«¿No es el hijo de José?».

Pero Jesús les dijo:

«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

Y añadió:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán y el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Palabra del Señor.

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