Archiv para 6 septiembre, 2017

Las letanías del estrés

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Detrás del tono escueto y sintético del evangelio de hoy, Lucas sabe plasmar el ritmo abrumador de actividad que solía llevar Jesús en el día a día de su vida pública. La curación de la suegra de Pedro es solo la punta de un tremendo iceberg al que se refiere el evangelista cuando dice que al ponerse el sol, acudían muchos enfermos a que les curara. El Señor podía haber ejercido su medicina general, curando a todos de golpe y con una sola palabra mágica, no solo porque eran muchos sino también porque, con criterio humano, hubiera sido lo más rápido y eficaz. A golpe de clic, el Señor podía haber curado a los cientos de enfermos que acudían a él; es más, a golpe de clic, y ya puestos, el Señor podía haber curado de raíz todas las enfermedades del planeta, de modo que la humanidad de todos los siglos no hubiera tenido que padecer tanto dolor. Y, además de los enfermos, seguía expulsando demonios que, por cierto, ¡son los únicos –entre tantos enfermos- que pronuncian bellísimas confesiones de fe! ¿Es posible que tuvieran ellos más fe que muchos de los enfermos que habían sido curados por el Señor? Y, por si era poco, seguía predicando en las sinagogas, y era tal la fama que iba teniendo, que la gente no le dejaba ni un segundo, y le seguían a donde iba, hasta pedirle que “no se separara de ellos”.

Cualquiera de nosotros, con este ritmo de actividad, estaría ya hablando de estrés, de agobio, de “no tengo tiempo”, “no me da la vida para más”, y todas las demás letanías del estrés, que solemos rezar cuando nos dejamos llevar de la ambición del tiempo. El Señor, en cambio, no parece que sufriera de agobio y de estrés. Porque semejante ritmo de actividad no es sinónimo de activismo y, mucho menos, de estrés. Quizá el secreto está en que sabía retirarse a tiempo a descansar. Pero, claro, sabía descansar; porque, si el mal de nuestro tiempo es el estrés y la depresión, quizá es porque no sabemos descansar bien y a tiempo. Hemos sustituido la cultura del descanso por la cultura del ocio y, así, aunque podemos dedicar nuestras vacaciones a “descansar”, sin embargo, parece que volvemos al día a día laboral y familiar más cansados y con peor humor que cuando nos fuimos. Y, ni el verano logra quitarnos de la boca nuestras letanías del estrés, que seguimos repitiendo en cuanto llevamos media hora reincorporados a nuestra actividad laboral.

Tampoco parece que el Señor aprovechara toda su actividad y su buena fama para que las multitudes le idolatraran. Porque, una de las tentaciones del apostolado es personificarlo, es decir, servirnos de Dios para hacer crecer y alimentar nuestro ego. Que las multitudes –o no tan multitudes- nos sigan, nos aprecien, nos halaguen, nos reconozcan nuestra labor, etc., no deja de ser gratificante. Pero, en nombre de Dios, podemos convertirnos en el centro del apostolado y hasta convertir ese apostolado en una compensación afectiva por otras carencias de diverso tipo que ocultamos o no queremos reconocer.

El Señor descansaba retirándose a un lugar solitario. Descansar es volver a centrar el corazón en lo importante y vaciarlo de tantos trastos afectivos, que nos entretienen y nos halagan, pero que terminan agostando nuestra vida espiritual. El Señor, que no sabía de ocios…, descansaba su corazón en el Padre y en el Espíritu Santo. Aprendamos nosotros a descansar el corazón y nos libraremos de esas cansinas letanías del estrés, que son tan contagiosas y que todo el mundo repite inútilmente.

San Eleuterio Abad (s. VI)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de las Viñas, patrona de los viñadores; Nuestra Señora de la Cinta. Santos: Zacarías, profeta; Onesíforo, Porfirio, Leto, Donaciano, Mansueto, Flósculo, Presidio, Petronio, Germán, Fúsculo, obispos; Eleuterio, Fausto, abades; Cótido, Eugenio, Eva, Dionisio, Juana, Macario, mártires.

06/09/2017 – Miércoles de la 22ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
La verdad del Evangelio llegó hasta vosotros y se propagó por todo el mundo
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 1-8

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a los santos y fieles hermanos en Cristo que residen en Colosas: gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre.

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos y de la que oísteis hablar cuando se os anunció la verdad del Evangelio de Dios, que llegó hasta vosotros.

Este sigue dando fruto y propagándose por todo el mundo como ha ocurrido también entre vosotros desde el día en que escuchasteis y comprendisteis la gracia de Dios en la verdad.

Así os lo enseñó Epafras, nuestro querido compañero de servicio, fiel servidor de Cristo en lugar nuestro. Él es quien nos ha informado del amor que sentís por nosotros en el Espíritu.

Palabra de Dios.

Sal 51, 10. 11
R. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre.

Yo, como verde olivo,

en la casa de Dios,

confío en la misericordia de Dios

por siempre jamás. R.

Te daré siempre gracias

porque has actuado;

proclamaré delante de tus fieles:

«Tu nombre es bueno». R.

EVANGELIO
Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón.

La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.

Él, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.

Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.

De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:

«Tú eres el Hijo de Dios».

Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.

Al hacerse de día, salió a un lugar desierto.

La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.

Pero él les dijo:

«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».

Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor.

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