Archiv para 19 septiembre, 2017

Alonso de Orozco, presbítero (1500-1591)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Jenaro, obispo y mártir; Teodoro, Eustoquio, Secuano, obispos; Festo, Sosio, Próculo, diáconos; Desiderio, Félix, Constancia, Eustoquio, Acucio, Trófimo, Sabacio, Dorimedonte, Peleo, Nilo, Elías, mártires; Pomposa, virgen y mártir; María de Cervellón, Emilia María Guillermina Rodat, fundadora de las HH. de la Sagrada Familia; Alfonso de Orozco (beato), presbítero; María de Cervellón o de Socors, fundadora.

Jenaro, obispo y mártir († 305)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Jenaro, obispo y mártir; Teodoro, Eustoquio, Secuano, obispos; Festo, Sosio, Próculo, diáconos; Desiderio, Félix, Constancia, Eustoquio, Acucio, Trófimo, Sabacio, Dorimedonte, Peleo, Nilo, Elías, mártires; Pomposa, virgen y mártir; María de Cervellón, Emilia María Guillermina Rodat, fundadora de las HH. de la Sagrada Familia; Alfonso de Orozco (beato), presbítero; María de Cervellón o de Socors, fundadora.

La divina empatía

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El espectáculo horripilante de ver a una viuda que va a enterrar a su hijo único, es demasiado para las dos naturalezas de Cristo. Ambas se conmueven profundamente, por eso le dice a la mujer “no llores”, por qué si no, el que se va a arrancar a llorar será Él mismo. Esto en lenguaje llano se denomina empatía. Recientemente he leído un texto maravilloso de Edith Stein, Santa Teresa Benedicta De la Cruz, su tesis doctoral que, precisamente, se llamaba así “Sobre el problema de la empatía”. Allí decía que la empatía es la puerta de acceso a la experiencia mística, el modo que tiene el creyente de captar el amor de Dios, y el modo como Dios capta la vida del hombre. Un Dios que se va a echar a llorar por el destino trágico de una viuda, es un Dios que muestra una profunda relación con nosotros.

La empatía de Cristo con los hombres de su tiempo provenía de su condición humana. Resulta importante recordar este detalle para caer en la cuenta de que siempre tenemos a mano la oportunidad de hacer la misma vida del Señor, porque Dios vivió humanamente. Yo no tengo un manual de aprendiz de brujo lleno de fórmulas y rarezas, sólo cuento con mi naturaleza humana, con la posibilidad de estar llena de Dios desde que el Verbo se hizo carne. La humanidad pura y dura queda apuntada por los evangelistas en muchas ocasiones, “se le removieron las entrañas”. El pasaje se refiere a otro encuentro, el de Cristo con un leproso. Toda su humanidad queda removida por un ser humano desesperado, al que en su día se le imputó de impureza y así permaneció, al margen de la vida. Resultaría amorfo un cristianismo que predicara ternura y nada humano se removiera. La empatía nace cuando hay verdadera humanidad.

Me he acordado de la cantidad de gente que ha venido a verme con heridas del pasado. Algunos me dicen que creen en Dios y no en la Iglesia, es una frase típica, a veces resulta un cliché cómodo para abandonar los compromisos que toda relación conlleva. Pero en muchos corazones ha nacido un primer brote de abandono cuando fueron a hablar con un sacerdote para descargar su conciencia. Quizás era la primera vez que se atrevían a mostrar su debilidad fuera del ámbito familiar, necesitaban un consejo sabio para volver a poner el eje existencial en su sitio. Y el sacerdote les atendió con zalamerías propias de la buena disposición, pero durante el rato de charla, la muestra de interés ofreció su verdadera naturaleza: la pose. El cura no mostraba ni una pizca de interés, miraba a todas partes, pensaba en sus asuntos de gestión, el pago de la luz de la parroquia, la reunión con los jóvenes que aún no había preparado, el funeral… Y delante de él se escapaba un alma, pagada con el desinterés, confundida por haberse mostrado confiada.

Tenemos la suerte de ser hombres, de tener tanto en común con Cristo, ojalá que nos peguemos a su divina empatía

19/09/2017 – Martes de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Conviene que el obispo sea irreprochable; asimismo los diáconos, que guarden el misterio de la fe con la conciencia pura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 1-13

Querido hermano:

Es palabra digna de crédito que, si alguno aspira al episcopado,desea una noble tara. Pues conviene que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, sensato, ordenado, hospitalario, hábil para enseñar, no dado al vino ni amigo de reyertas, sino comprensivo; que no sea agresivo ni amigo del dinero; que gobierne bien su propia casa y se haga obedecer de sus hijos con todo respeto.

Pues si uno no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios?

Que no sea alguien recién convertido a la fe, por si se le sube a la cabeza y es condenado lo mismo que el diablo.

Conviene además que tenga buena fama entre los de fuera, para que no caiga en descrédito ni en el lazo del diablo.

En cuanto a los diáconos, sean asimismo respetables, sin doble lenguaje, no aficionados al mucho vino ni dados a negocios sucios; que guarden el misterio de la fe revelada con la conciencia pura.

También que ser probados primero y, cuando se vea que son intachables, que ejerzan el ministerio

Las mujeres, igualmente, que sean respetables, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo.

Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas. Porque quienes ejercen bien el ministerio logran buena reputación y mucha confianza en lo referente a la fe que se funda en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

Sal 100, 1-2ab. 2cd-3ab. 5. 6
R. Andaré con rectitud de corazón.

Voy a cantar la bondad y la justicia,

para ti es mi música, Señor;

voy a explicar el camino perfecto:

¿cuándo vendrás a mí? R.

Andaré con rectitud de corazón

dentro de mi casa;

no pondré mis ojos

en intenciones viles.

Aborrezco al que obra mal. R.

Al que en secreto difama a su prójimo

lo haré callar;

ojos engreídos, corazones arrogantes,

no los soportaré. R.

Pongo mis ojos en los que son leales,

ellos vivirán conmigo;

el que sigue un camino perfecto,

ése me servirá. R.

EVANGELIO
¡Muchacho, a ti te lo digo, levántale!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 7, 11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:

«No llores».

Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:

«¡ Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporo y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.

Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo:

«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.

Palabra del Señor.

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