Archiv para 22 septiembre, 2017

El débil poder de Cristo

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¿A que oyes hablar del Reino de Dios y te entra así como una emoción épica entre los pulmones? Te vienen ganas de yelmo y caballo. Imaginas un Reino, con su árbol genealógico de apellidos cargados de números romanos y aristocracia de satén; y si encima es el reino de Dios, pues tendrá los rasgos de ser omnipotente, todopoderoso, implacable en la justicia y visible como una campiña al sol, sembrada de siemprevivas y jaramagos. Pero si el reino de Dios no es de este mundo, cosa dicha por el Maestro ante Pilato, surge una pregunta, ¿cómo se presenta su poder? ¿Están visibles la corona y el cetro, o enterrados?

Me impresionó la lectura reciente de una homilía pronunciada por Benedicto XVI en 1987, con motivo de las bodas de oro sacerdotales de un prelado. El título del sermón era “Ser testigos del débil poder de Cristo”. Débil poder parece un oxímoron, es como decir fuego frío. Pero curiosamente el Reino del que nos habla el Señor no consiste en proponer a los hombres seguridad, estructuras perfectas, bienestar, libertades absolutas. Cuando el Diablo propuso a un Cristo muerto de hambre la posibilidad de convertir las piedras en pan dijo que no, un no rotundo, no he venido a abastecer a la humanidad con comida. ¿Pero no es eso lo primordial para que un Reino sea estable, dejar que sus miembros tengan su sustento? Para el Señor los bienes básicos son la fe, la esperanza y el amor. Lo demás es añadidura que dura poco, como el placer de comer o dormir.

El Señor nos grita que antes de la comida el alma tiene ansia de un Dios amante, este es el inicio del Reino. Cuando a Pedro le llamó Satanás, fue porque el discípulo quería que su Señor no llegara al final de su entrega, hasta la cruz. Pero desde la cruz, desde esa debilidad visible y vergonzante viene el poder de nuestro Rey. Vale, que no se entiende, ya me lo esperaba, pero no hay otra salida. Todo el poder de la salvación de Dios procede de la cruz. Y sólo se entiende este darse hasta el extremo cuando uno ha hecho mucha amistad con el que primero se ha dado hasta el extremo. Rezando con Él, uniendo mi intimidad con la suya.

Y así se inaugura un Reino que va creciendo en el pecho, que no necesita yelmo ni caballo ni banda sonora épica, un Reino que se desarrolla más allá de la muerte. Apetece un Reino que no se desmorona, del que no se ven sus torres saqueadas por las fuerza contrarias sino que crece a golpe de las pruebas de amor inadvertidas que hacen los hombres de fe cuando nadie los ve.

San Mauricio y compañeros mártires (s. III)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Digna, Emérita, Iraides, vírgenes; Jonás o Ión, presbítero; Exuperio, Inocencio, Vidal, Mauricio, Cándido, Víctor, Focas el Jardinero, mártires; Félix III, papa; Séptimo, Santino; Lautón (Laudo, Lo), Enmerano, obispos; Landelino, eremita; Silvano, confesor; Salaberga, abadesa.

22/09/2017 – Viernes de la 24ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Tú, en cambio, hombre de Dios, busca la justicia
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6,2c-12

Querido hermano:

Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar.

Si alguno enseña otra doctrina y no se aviene a las palabras sanas de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones y discusiones sobre palabras; de ahí salen envidias, polémicas, blasfemias, malévolas suspicacias, altercado interminables de hombres corrompidos en la mente y privados de la verdad, que piensan que la piedad es un medio de lucro.

La piedad es ciertamente una gran ganancia para quien se contenta con lo suficiente. Pues nada hemos traído al mundo, como tampoco podemos llevarnos nada de él. Teniendo alimentos y con qué cubrirnos, contentémonos con esto.

Los que quieren enriquecerse sucumben a la tentación, se enredan en un lazo y son presa de muchos deseos absurdos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque el amor al dinero la codicia es la raíz de todos los males, y algunos, arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos.

Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado, y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos.

Palabra de Dios.

Sal 48, 6-8. 9-10. 17-18. 19-20
R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,

cuando me cerquen y acechen los malvados,

que confían en su opulencia

y se jactan de sus inmensas riquezas,

si nadie puede salvarse

ni dar a Dios un rescate? R.

Es tan caro el rescate de la vida,

que nunca les bastará

para vivir perpetuamente

sin bajar a la fosa. R.

No te preocupes si se enriquece un hombre

y aumenta el fasto de su casa:

cuando muera, no se llevará nada,

su fasto no bajará con él. R.

Aunque en vida se felicitaba:

«Ponderan lo bien que lo pasas»,

irá a reunirse con la generación de sus padres,

que no verán nunca la luz. R.

EVANGELIO
Las mujeres iban con ellos, y les servían con sus bienes
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

Palabra del Señor.

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