Archiv para 25 septiembre, 2017

Domingo de la 26ª semana de Tiempo Ordinario. – 01/10/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

EL COMPROMISO DE DECIR “SÍ”

Las afirmaciones demasiado espontáneas, las respuestas inmediatas, casi sin pensar, deben ser sometidas a una crítica y análisis. Porque muchas veces el “sí” es un “no”, y viceversa. Decir “sí” es cosa muy distinta a hacer. El que da un paso adelante precipitadamente acaba retirándose apenas se encuentra fuera del alcance de la vista del superior. Por eso el que va regalando constantemente respuestas fáciles, la mayoría de las veces claudica ante empeños o situaciones difíciles.

En contraposición existen personas, como el primer hijo de la parábola que se propone en la Misa de este domingo vigésimo sexto, que son inquietas, rebeldes, que de entrada niega, pero que tienen un corazón de oro. Los rebeldes son apasionados porque han padecido algunas desilusiones, porque son fieles a unos valores olvidados. No saben emplear la palabra lisonjera, aparentemente viven en manifiesta desobediencia, se sienten incapaces de reducir la vida a saludos fáciles, son atrevidos porque parece que dicen “no” a todo.

La pregunta de Jesús es vigente y nos interpela a todos: “¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?’. Lo que importa, por consiguiente, es cumplir la voluntad del padre: cultivar la viña. Solamente los obreros de la verdad, y no los especialistas del “sí” fácil y de comprometido, son los verdaderos hijos. Porque el padre solamente reconoce como hijo a aquel que cumple su voluntad, y se esfuerza, y trabaja en la viña de la Iglesia. Sin embargo no llama “hijo” al que se limita a proclamar la simple intención de cumplir. Existen demasiados intencionistas de primera buena voluntad, pero que después hacen lo que les da la gana. Muchos se creen merecedores de un diez en conducta simplemente porque han dicho “voy, Señor”. Dios no se deja engañar por nuestro “sí” repentino, sino que echa una ojeada por la viña para ver si estamos y qué es lo que hacemos de bueno.

Se debe desterrar siempre un concepto de obediencia falsa e hipócrita, que suma inutilidades a la atonía del mundo. La verdadera obediencia, descrita en los textos bíblicos de hoy, significa humildad, cercanía a los otros, eliminación de la vanagloria, superación de los intereses personales, dominio del gusto personal y del fácil deseo de poder. Es donación como la de Cristo, el Hijo de Dios; es servicio a la entera comunidad humana. ¡Cuántos sepulcros blanqueados de aparente obediencia esconden muerte y vacío!

Andrés Pardo

 


Palabra de Dios:

Ezequiel 18, 25-28 Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9
san Pablo a los Filipenses 2, 1-11 san Mateo 21, 28-32

de la Palabra a la Vida

El verbo “recapacitar” une de forma discreta la primera lectura con el evangelio de hoy. Que el hombre que ha tomado una mala decisión pueda “recapacitar” lo hace posible la misericordia de Dios, una misericordia que crea un espacio en el que lo que se ha dicho, hecho o decidido mal puede ser transformado en algo que se dice, hace o decide bien. La misericordia toma la forma, entonces, de paciencia en las lecturas de hoy. Abre un margen más amplio, que sólo con existir ya permite que donde se había dicho “no” ahora pueda decirse “sí”. Aquí contrasta ese espacio que Dios crea y con el que capacita al hombre para la obediencia con ese “voy” del hombre con el que este se incapacita para la obediencia y el seguimiento.

Lo sabemos bien, que todos hemos sido niños: “voy” es una palabra que manifiesta una derrota, significa que la pereza, la falta de amor, el desinterés, ya se están haciendo fuertes en el corazón. El auténtico amor directamente “va”: no tiene necesidad de anunciarse, de incitar a la espera, sino que obra. Y sin embargo, he aquí un contraste todavía mayor: ni siquiera todas las veces juntas que podamos decir en nuestra vida “voy” son tan persistentes como la misericordia de Dios, que espera para nuestra conversión. Así, en esa espera podemos descubrir algo precioso del ser de Dios: una mirada paciente y esperanzada, una forma de ser que permite que el hombre recapacite.

Cuando uno profundiza en cómo Dios crea ese espacio para nosotros, y a la luz del evangelio del domingo pasado, podemos entender que nuestro corazón esté llamado a mirar a los demás con ese deseo de favorecer ese espacio para otros. No hay signo en nosotros que manifieste mejor la acción de Dios en nuestra vida que el hecho de que esperemos con buen ánimo la conversión del que nos rechaza, niega o desobedece: esperanzador para el prójimo. Es precisamente ese el espacio por el que “los publicanos y las prostitutas” han aceptado entrar para llevar la delantera a quien niega el poder de la conversión. Es llamativo cómo el mismo Juan Bautista ejerce de testigo de quién entrará antes en el Reino de los cielos: Juan ha llamado a la conversión, ha creado ese espacio necesario, pero de los que menos esperaba ha escuchado: “voy”. Tanto es así que los que parecían más lejanos se alegran al encontrar abiertas las puertas del cielo, y aunque al
principio dijeron “no”, ahora vienen.

Por eso, Dios sabe cuándo un “no” es un anuncio de conversión, y nos mira esperanzado. La Iglesia que se reúne para celebrar y recibir la gracia de Cristo encuentra en esta la fuerza para vencer la parálisis de anunciar que va pero no ir. ¿Cuáles son los momentos o las propuestas de conversión en los que experimento mi propia debilidad? ¿Cómo afronto que los demás acepten y acojan el camino de la conversión, de ir cada día en silencio acercándose un poco más a Dios, sin hacer ruido, conmovidos por la misericordia de Dios?

“Mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana” es otra forma de decir ese “voy”. Sólo la misericordia del Padre unida a la gracia de Cristo permiten al hombre romper estas ataduras, esa fuerza que le domina y le impide ir. Pero sabemos que Dios, que mira esperanzado, pondrá a nuestro alcance esa fuerza siempre.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio común IV

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza,
ni nuestras bendiciones te enriquecen,
tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias,
para que nos sirva de salvación,
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te alabamos proclamando llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo…


Para la Semana

Lunes 11:
Santos ángeles custodios. Memoria.

Zac 8m,1-8. Estoy para salvar a mi pueblo de Oriente a Occidente.

Sal 101. El Señor reconstruyó Sión y apareció en su gloria.

Mt 18,1-5.10. Sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.
Martes 12:
Zacarias 8,20- 23. Vendrán pueblos numerosos buscando al Señor en Jerusalén.

Sal 86. Dios está con nosotros.

Lucas 9,51- 56. Tomó la decisión de ir a Jerusalén.
Miércoles 13:
San Francisco de Asís. Memoria.

Nehemias 2,1-8. Si le parece bien al rey, permítame ir a la ciudad de mis padres para reconstruirla.

Sal 136. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Lucas 9.57-62. Te seguiré adonde quiera que vayas.
Jueves 14:
Témporas de acción de gracias y de petición. Feria mayor.

Dt 8,7-18. Dios te da la fuerza para adquirir esa riqueza.

Salmo: 1Cr29,10-12. Tú eres Señor del universo.

2Co 5,17-21. Os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Mt 7,7-11. Todo el que pide recibe.

Viernes 15:

Baruc 1,15 22. Hemos pecado contra el Señor desoyendo  sus palabras.

Sal 78. Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.

Lucas 10,13 16. Quien me rechaza a mi, rechaza al que me ha enviado.
Sábado 16:
Bienaventurada Virgen María del Rosario. Memoria.

Barna 4,5 12,27 -29. El mismo que os mandó las desgracias os mandará el gozo.

Sal 68. El Señor escucha a sus pobres.

Lucas 10,17- 24. Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.


Iluminar con la luz de Cristo

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama”. Dios tampoco hace esto. Ha encendido el candil que somos cada uno de nosotros con la luz de la vida recibida en nuestro bautismo: la gracia santificante, las virtudes teologales de la fe la esperanza y la caridad. Ahora nos toca a nosotros que esa luz “alumbre a los que entren”, a todos los hombres.

La fe arroja una luz sobre cada uno de nosotros y sobre nuestra vida. Una luz que nos permite descubrir quién soy: un hijo de Dios, alguien a quien Dios ama con ternura y misericordia. Una luz que nos ayuda a recorrer el camino de la verdad sobre mi bien, aquella vida que me conduce a la Vida. Y el Señor ha puesto esto en nuestro corazón para que cuantos tenemos cerca – “a los que entran” – puedan participar de esa luz. Por ello no podemos callar ante el mundo sobre esta verdad que se nos ha dado. En este sentido, el Evangelio de hoy es una fuerte llamada a dejarnos encender y guiar por la fe y, al mismo tiempo, iluminar a cuantos tenemos cerca. Es algo realmente urgente, porque Dios, para mucha gente, no significa nada. Lo sabes bien, porque, si eres reconocido como cristiano, notas con qué extrañeza te miran. Lo ves a diario. Lo experimentas. Lo aprecias en tus compañeros. Es un buen momento para preguntarnos si nuestra vida está organizada, en lo grande y lo pequeño, en lo de todos los días, desde la fe o desde otros criterios como el gusto personal, lo que en cada momento me puede apetecer,…

Otro tanto podríamos considerar respecto a las virtudes de la esperanza y la caridad. La fe, como nos recuerda San Pablo, opera por la caridad, se hace operativa por la caridad (cf. Ga 5, 6). San Juan Pablo II nos urgía a vivir la caridad como esa luz que avala el anuncio que hacemos de Cristo: “estáis llamados a ser testigos creíbles del Evangelio de Cristo, que hace nuevas todas las cosas. Pero ¿por qué se reconocerá que sois verdaderos discípulos de Cristo? Porque ‘os amáis los unos a los otros’ – cf. Jn 13,35 – siguiendo el ejemplo de su amor: un amor gratuito, infinitamente paciente, que no se niega a nadie – cf. 1 Cor 13, 46 -. Será vuestra fidelidad al mandamiento nuevo la que certificará vuestra coherencia respecto al anuncio que proclamáis. Esta es la gran novedad que puede asombrar al mundo. (…) Entre vosotros estáis llamados a vivir la fraternidad no como utopía, sino como posibilidad real.” (Juan pablo II, Mensaje a los jóvenes con ocasión de la XII Jornada Mundial de la Juventud de 1997). Preguntémonos cada uno si la esperanza es fundamento de nuestra alegría, de nuestro sentido positivo de la vida, de poder ver a Dios detrás de cada acontecimiento. “Se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino” ( Benedicto XVI, Enc. Spes salvi, 1). Esto es posible porque la esperanza nos da una nueva perspectiva de todas las cosas. Sólo en la medida en que vivamos de ella podremos dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos lo pida (cf. 1 Pe 3,15).

Miremos a María, ninguna otra criatura ha sido ese candil que ilumina con la luz de Cristo a toda la humanidad. A cada hombre.

 

El Santo Niño de La Guardia, mártir († 1489)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de la Fuencisla. Santos: Alberto de Jerusalén, Atanasio, Baldovino, Sergio, confesores; Irene, Aurelia, Neomisia, matronas; Arnolfo, Solemnio, Lupo, Cástor, Anacario, Anatalon, obispos; Antila, Bardomiano, Eucarpo, Herculano, Niño de La Guardia, Formerio, mártires; Ermenfredo, abad; Pafnucio, Ceofrido, monjes; Cleofás, discípulo del Señor; Nilo, anacoreta.

Cleofás, discípulo del Señor (s. I)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de la Fuencisla. Santos: Alberto de Jerusalén, Atanasio, Baldovino, Sergio, confesores; Irene, Aurelia, Neomisia, matronas; Arnolfo, Solemnio, Lupo, Cástor, Anacario, Anatalon, obispos; Antila, Bardomiano, Eucarpo, Herculano, Niño de La Guardia, Formerio, mártires; Ermenfredo, abad; Pafnucio, Ceofrido, monjes; Cleofás, discípulo del Señor; Nilo, anacoreta.

25/09/2017 – Lunes de la 25ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El que pertenezca al pueblo del Señor que suba a Jerusalén, a reconstruir el templo del Señor
Comienzo del libro de Esdras 1, 1-6

Comienzo del libro de Esdras.

El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, para que proclamara de palabra y por escrito en todo su reino:

«Esto dice Ciro, rey de Persia:

El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén de Judá. El que de vosotros pertenezca a su pueblo, que su Dios sea con él, que suba a Jerusalén de Judá, a reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén. Y a todos los que hayan quedado, en el lugar donde vivan, que las personas del lugar en donde estén les ayuden con plata, oro, bienes y ganado, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Dios que está en Jerusalén».

Entonces, los cabezas de familia de Judá y Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos aquellos a quienes Dios había despertado el espíritu, se pusieron en marcha hacía Jerusalén para reconstruir el templo del Señor.

Todos los vecinos les ayudaron con toda clase de plata, oro, bienes, ganado y objetos preciosos, además de las ofrendas voluntarias.

Palabra de Dios.

Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
R. El Señor ha estado grande con nosotros.

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,

nos parecía soñar:

la boca se nos llenaba de risas,

la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían:

«El Señor ha estado grande con ellos».

El Señor ha estado grande con nosotros,

y estamos alegres. R.

Recoge, Señor, a nuestros cautivos,

como los torrentes del Negueb.

Los que sembraban con lágrimas

cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando,

llevando la semilla;

al volver, vuelve cantando,

trayendo sus gavillas. R.

EVANGELIO
La lámpara se pone en el candelero para que los que entren vean la luz
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 8, 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«Nadie ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz.

Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público.

Mirad, pues, cómo oís. pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Palabra del Señor.

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