Amar la Cruz

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Meteos bien esto en la cabeza”. Con esto les previene a sus discípulos – y ahí estamos tú yo – sobre lo importante y la dificultad de lo que les dirá a continuación. Les previene para no dejarse ganar por el escándalo que van a suscitar sus palabras: “al hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Les está anunciando lo que le pasará, para prepararnos a nosotros a unirnos a su suerte. También nosotros, así está previsto en los planes de Dios, seremos “entregados en manos de los hombres”. Estemos pues preparados para no asustarnos ni tratar de huir del camino de la cruz, para que no nos pase como a los discípulos que “les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. En Mt 16, 22-24 vemos cómo “el mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Te sigo, pero no hablemos de cruz. Esto no tiene nada que ver. Te sigo de otra manera, sin la cruz. Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor. Quisiera que todos (…) tengamos el valor de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia avanzará” (Papa Francisco, en la Misa con los Cardenales el jueves, 14 de marzo).

Para superar ese escándalo, hay que aprender a permanecer junto con María, al pie de la cruz contemplando al que traspasaron (Cf. Benedicto XVI, Mensaje Cuaresma 2007). En esa misma homilía el Papa Francisco nos animaba a tener “el valor, precisamente el valor, de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, derramada en la cruz; y de confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia avanzará. Deseo que el Espíritu Santo, por la plegaria de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo crucificado. Que así sea”. Todo un programa: caminar, edificar y confesar a Cristo crucificado.

Caminar. Con nuestra vida ¿ponemos la cruz en la cima de nuestras actividades?¿Preside la Cruz nuestras decisiones, afectos,…? También ante lo menudo: para vencer la pereza, que engendra desorden y enfados, para crucificar gustos, caprichos, planes, incluso legítimas aspiraciones,…

Edificar. “Pues Cristo no me envió a bautizar sino a evangelizar; no con sabiduría de palabras, para no desvirtuar la cruz de Cristo. Porque el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios” (1 Cor 1, 17-25). Si no estamos decididos a llevar la Cruz, la que sea, con alegría, no hay como edificar el Reino de Dios, ni salvación que anunciar.

Confesar. Superar la cultura de la queja. La alegría en las dificultades y contrariedades es una confesión de la alegría de la cruz. Para afrontar el misterio del sufrimiento sin que te destruya hay que vivirlo desde la Cruz de Cristo. La misma Beata Teresa de Calcuta decía: “estoy dispuesta a aceptar con una sonrisa todo lo que Él me de y darle todo lo que Él tome” (“Ven, sé mi luz” 276).

“Que el Espíritu Santo, por la plegaria de la Virgen, nuestra Madre, nos conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo crucificado. Que así sea” (Papa Francisco).

 

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