Archiv para septiembre, 2017

28/09/2017 – Jueves de la 25ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Construid el templo, y me complaceré en él
Comienzo de la profecía de Ageo 1, 1-8

El año segundo del rey Darío, el día primero del mes sexto, la palabra del Señor fue dirigida a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote, por medio del profeta Ageo:

«Esto dice el Señor del universo: Este pueblo anda diciendo:

“No es momento de ponerse a construir la casa del Señor”».

La palabra del Señor vino por medio del profeta Ageo:

«¿Y es momento de vivir en casas lujosas mientras el templo es una ruina?

Ahora pues, esto dice el Señor del universo:

Pensad bien en vuestra situación. Sembrasteis mucho, y recogisteis poco, coméis y no os llenáis; bebéis y seguís con sed; os vestís y no entráis en calor; el trabajador guarda su salario en saco roto.

Esto dice el Señor del universo: Pensad bien en vuestra situación. Subid al monte, traed madera, construid el templo. Me complaceré en él y seré glorificado, dice el Señor».

Palabra de Dios.

Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b
R. El Señor ama a su pueblo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que se alegre Israel por su Creador,

los hijos de Sión por su Rey. R.

Alabad su nombre con danzas,

cantadle con tambores y cítaras;

porque el Señor ama a su pueblo

y adorna con la victoria a los humildes. R.

Que los fieles festejen su gloria

y canten jubilosos en filas:

con vítores a Dios en la boca.

Es un honor para todos sus fieles. R.

EVANGELIO
A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién este de quien oigo semejantes cosas?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 7-9

En aquel tiempo, el tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, en cambio, que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía:

«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?».

Y tenía ganas de verlo.

Palabra del Señor.

Cuidar a los enfermos

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Jesús primero da a sus apóstoles “el poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a proclamar el reino de Dios”. Esta potestad y encargo es para la Iglesia entera, por tanto también para nosotros. Primero curar enfermedades, primero la caridad, las obras de misericordia, después proclamar el Reino de Dios. No son dos cosas opuestas. Las curaciones son ya anuncio de la que el Reino de Dios está entre nosotros y, al mismo tiempo, es necesario que se anuncie expresamente lo que significan esos milagros. Pero sí nos ayuda a poner orden, a saber por donde hemos de empezar: por realizar las obras de misericordia. Entre ellas cuidar a los enfermos ha sido puesta por Jesús en lugar destacado. San Pedro en el libro de los Hechos de los Apóstoles resume la actividad de Jesús con estas palabras: “cómo pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él” (Hch 10,38).

El Papa Francisco nos recordaba en una de sus audiencias sobre la familia y la enfermedad (10-VI-2015): “Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados (Mc 1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado (…)¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; ésta es la tarea”. Cuando hacemos esto, no solo hacemos un bien a los enfermos, sino a nosotros mismos. Quienes cuidan a los enfermos y a los cuidadores sabe por experiencia, cuánto nos edifican los enfermos y cuánto nos ayudan en nuestras dificultades personales. En este sentido los enfermos son evangelizadores de primera línea, de periferia, como le gusta decir al Papa Francisco. Es propio de la misericordia tomar sus dolores y apuros como cosa propia, para remediarlos en la medida que podamos. Cuando visitamos a un enfermo no estamos cumpliendo un deber de cortesía; por el contrario, hacemos nuestro su dolor… procuramos obrar como Cristo lo haría. El Señor agranda nuestro corazón y nos hace entender la verdad de aquellas palabras del Señor: Es mejor dar que recibir (Cf. San Agustín, Catena Aurea)

María, Madre nuestra, Salud de los enfermos, mueva nuestro corazón para salir al encuentro de las necesidades de nuestros hermanos enfermos, como haría el “buen samaritano” que supo dejar de lado por un momento su planes y proyectos para hacerse prójimo del que sufre.

 

Vicente de Paúl, fundador (1581-1660)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Vicente de Paúl, presbítero y fundador; Antimo, Leoncio, Euprepio, Adolfo, Juan, Florenciano, Hilario, Fidencio, Terencio, Epicaris o Epicarides, mártires; Elceario, conde, Fintán, confesores; Diosdado, abad; Sigeberto, rey; Cayo, Marcos, Abderico, obispos; Hiltrudis, virgen.

27/09/2017 – Miércoles de la 25ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Dios no nos ha abandonado en nuestra esclavitud
Lectura del libro de Esdras 9, 5-9

Yo, Esdras, a la hora de la ofrenda de la tarde salí de mi abatimiento y, con mi vestidura y el manto rasgados, me arrodillé, extendí las las palmas de mis manos hacia el Señor, mi Dios, y exclamé:

«Dios mío, estoy avergonzado y confundido; no me atrevo a levantar mi rostro hacia ti, porque nos hemos hecho culpables de numerosas faltas y nuestros delitos llegan hasta el cielo.

Desde la época de nuestros padres hasta hoy hemos pecado gravemente. Por causa de nuestros delitos, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados a los reyes extranjeros, a la espada, a la esclavitud, al saqueo y a la vergüenza, como sucede todavía hoy.

Pero ahora, en un instante, el Señor nuestro Dios nos ha otorgado la gracia de dejarnos un resto y de concedernos un lugar en el templo santo. El Señor ha iluminado nuestros ojos y nos ha dado un respiro en medio de nuestra esclavitud.

Porque somos esclavos, pero nuestro Dios no nos ha abandonado en nuestra esclavitud, sino que nos ha otorgado el favor de los reyes de Persia, nos ha dado y respiro para reconstruir el el templo de nuestro Dios y restaurar sus ruinas y nos ha proporcionado un refugio seguro en Judá y Jerusalén».

Palabra de Dios.

Tb 13, 2. 3-4. 6
R. Bendito sea Dios, que vive eternamente.

Bendito sea Dios, que vive eternamente;

y cuyo reino dura por los siglos.

Él azota y se compadece,

hunde hasta el abismo y saca de él,

y no hay quien escape de su mano. R.

Dadle gracias, hijos de Israel, ante los gentiles,

porque él nos dispersó entre ellos.

Proclamad allí su grandeza. R.

Ensalzadlo ante todos los vivientes:

que él es nuestro Dios y Señor,

nuestro padre por todos los siglos. R.

Él nos azota por nuestros delitos,

pero se compadecerá de nuevo,

y os congregará de entre las naciones

por donde estáis dispersados. R.

Que todos alaben al Señor

y le den gracias en Jerusalén. R.

EVANGELIO
Les envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, habiendo convocado Jesús a los Doce, les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.

Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:

«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco tengáis dos túnicas cada uno.

Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Y si algunos no os reciben, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de vuestros pies,como testimonio contra ellos».

Se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

Palabra del Señor.

Miembros de la familia de Dios

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra” ¡Jesús nos hace miembros de su familia! No podemos pasar por alto un regalo semejante. “Por lo tanto, ya no sois extraños y advenedizos sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios” (Ef 2, 19). Somos hechos miembros de su familia con un vínculo muy superior al de la sangre, porque se trata de un vínculo sobrenatural. Jesucristo nos introduce en la intimidad de Dios. Le pedimos al Señor con el Salmo 27 vivir de esta verdad. “Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, (Sal 27, 4-5).

Somos elevados a la condición de hijos en el Hijo. Y en cuanto hijos, nos da en herencia la creación. “Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Co 3, 22b-23). ¿Se puede desear más? Si somos hijos, también somos herederos; herederos de Dios, coherederos de Cristo (cf. Rm 8, 17). Al querernos como hijos, ha hecho que vivamos en su casa, en medio de este mundo, que seamos de su familia, que lo suyo sea nuestro y lo nuestro suyo, que tengamos esa familiaridad y confianza con Él que nos hace pedir, como el niño pequeño, ¡la luna! La experiencia de la paternidad divina se traduce así en un trato familiar y confiado con Dios, semejante al de un hijo pequeño con su padre, de quien todo lo espera.

Todo este regalo de Dios está como esperando a realizarse en cada uno a la respuesta de nuestra libertad: “los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra”. Ese es el cauce para ser de la familia de Cristo. Vivir como hijos, vivir de la intimidad de Dios, es vivir de la Palabra de Dios, hacerla criterio de nuestras decisiones. Por ello hemos insistir en la petición con el Salmo 118: instrúyeme en el camino de tus decretos, enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón.

Una consecuencia práctica de pertenecer a la familia de Jesús es que los otros miembros de su familia son hermanos nuestros. Pidamos a nuestra Madre, que nos tratemos como hermanos para vivir juntos de la alegría de ser hijos en el Hijo.

Cosme y Damián, mártires († c. a. 300)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Cosme y Damián, mártires, patronos de médicos y farmacéuticos; Amando, Calistrato, Colmán, Carlos Garnier, Cipriano, Justina, Teocisto, mártires; Eusebio, Vigilio, obispos; Amancio, presbítero; Colmán, Senador, Genaro, confesores; Izaron, García, Nilo, abades; Eusebio, papa; Eugenia de Obernai, abadesa.

26/09/2017 – Martes de la 25ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Terminaron el templo y celebraron la Pascua
Lectura del libro de Esdras 6, 7-8. 12b. 14-20

En aquellos días, el rey Darío escribió a los gobernantes de Transeufratina:

«Dejad que se reanuden las obras de ese templo de Dios. El gobernador de los judíos y los ancianos judíos reconstruirán este templo de Dios en el lugar que ocupaba. Estas son mis órdenes sobre lo que debéis hacer con los ancianos judíos para la reconstrucción del templo de Dios: de los ingresos reales procedentes de los tributos de Transeufratina, páguese puntualmente a esos hombres los gastos sin ningún tipo de interrupción.

Yo, Darío, he promulgado este decreto y quiero que sea ejecutado al pie de la letra».

Los ancianos judíos prosiguieron las obras con éxito, confortados por la profecía del profeta Ageo y de Zacarias, hijo de Idó. Edificaron y construyeron la reconstrucción, según el mandato del Dios de Israel y con la orden de Ciro, de Darío y de Artajerjes, reyes de Persia.

Así terminaron este templo el día tercero del mes de adar, el año sexto del reinado del rey Darío.

Los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los demás repatriados celebraron con alegría la dedicación de este templo de Dios, ofrecieron cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabrios, según el número de las tribus de Israel.

También organizaron los turnos de los sacerdotes y las clases de los levitas para el servicio de Dios en Jerusalén, tal y como está escrito en el libro de Moisés.

Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero. Los sacerdotes y los levitas se habían purificado para la ocasión. Todos los purificados ofrecieron el sacrificio de la Pascua por todos los repatriados, por sus hermanos, los sacerdotes, y por ellos mismos.

Palabra de Dios.

Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5
R. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:

«Vamos a la casa del Señor»!

Ya están pisando nuestros pies

tus umbrales, Jerusalén. R.

Jerusalén está fundada

como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,

las tribus del Señor, R.

Según la costumbre de Israel,

a celebrar el nombre del Señor;

en ella están los tribunales de justicia,

en el palacio de David. R.

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,

haya paz dentro de tus muros,

seguridad en tus palacios». R.

Por mis hermanos y compañeros,

voy a decir: «La paz contigo».

Por la casa del señor, nuestro Dios,

te deseo todo bien. R.

EVANGELIO
Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 8, l9-21

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.

Entonces le avisaron:

«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».

Él respondió diciéndoles:

«Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra del Señor.

Domingo de la 26ª semana de Tiempo Ordinario. – 01/10/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

EL COMPROMISO DE DECIR “SÍ”

Las afirmaciones demasiado espontáneas, las respuestas inmediatas, casi sin pensar, deben ser sometidas a una crítica y análisis. Porque muchas veces el “sí” es un “no”, y viceversa. Decir “sí” es cosa muy distinta a hacer. El que da un paso adelante precipitadamente acaba retirándose apenas se encuentra fuera del alcance de la vista del superior. Por eso el que va regalando constantemente respuestas fáciles, la mayoría de las veces claudica ante empeños o situaciones difíciles.

En contraposición existen personas, como el primer hijo de la parábola que se propone en la Misa de este domingo vigésimo sexto, que son inquietas, rebeldes, que de entrada niega, pero que tienen un corazón de oro. Los rebeldes son apasionados porque han padecido algunas desilusiones, porque son fieles a unos valores olvidados. No saben emplear la palabra lisonjera, aparentemente viven en manifiesta desobediencia, se sienten incapaces de reducir la vida a saludos fáciles, son atrevidos porque parece que dicen “no” a todo.

La pregunta de Jesús es vigente y nos interpela a todos: “¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?’. Lo que importa, por consiguiente, es cumplir la voluntad del padre: cultivar la viña. Solamente los obreros de la verdad, y no los especialistas del “sí” fácil y de comprometido, son los verdaderos hijos. Porque el padre solamente reconoce como hijo a aquel que cumple su voluntad, y se esfuerza, y trabaja en la viña de la Iglesia. Sin embargo no llama “hijo” al que se limita a proclamar la simple intención de cumplir. Existen demasiados intencionistas de primera buena voluntad, pero que después hacen lo que les da la gana. Muchos se creen merecedores de un diez en conducta simplemente porque han dicho “voy, Señor”. Dios no se deja engañar por nuestro “sí” repentino, sino que echa una ojeada por la viña para ver si estamos y qué es lo que hacemos de bueno.

Se debe desterrar siempre un concepto de obediencia falsa e hipócrita, que suma inutilidades a la atonía del mundo. La verdadera obediencia, descrita en los textos bíblicos de hoy, significa humildad, cercanía a los otros, eliminación de la vanagloria, superación de los intereses personales, dominio del gusto personal y del fácil deseo de poder. Es donación como la de Cristo, el Hijo de Dios; es servicio a la entera comunidad humana. ¡Cuántos sepulcros blanqueados de aparente obediencia esconden muerte y vacío!

Andrés Pardo

 


Palabra de Dios:

Ezequiel 18, 25-28 Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9
san Pablo a los Filipenses 2, 1-11 san Mateo 21, 28-32

de la Palabra a la Vida

El verbo “recapacitar” une de forma discreta la primera lectura con el evangelio de hoy. Que el hombre que ha tomado una mala decisión pueda “recapacitar” lo hace posible la misericordia de Dios, una misericordia que crea un espacio en el que lo que se ha dicho, hecho o decidido mal puede ser transformado en algo que se dice, hace o decide bien. La misericordia toma la forma, entonces, de paciencia en las lecturas de hoy. Abre un margen más amplio, que sólo con existir ya permite que donde se había dicho “no” ahora pueda decirse “sí”. Aquí contrasta ese espacio que Dios crea y con el que capacita al hombre para la obediencia con ese “voy” del hombre con el que este se incapacita para la obediencia y el seguimiento.

Lo sabemos bien, que todos hemos sido niños: “voy” es una palabra que manifiesta una derrota, significa que la pereza, la falta de amor, el desinterés, ya se están haciendo fuertes en el corazón. El auténtico amor directamente “va”: no tiene necesidad de anunciarse, de incitar a la espera, sino que obra. Y sin embargo, he aquí un contraste todavía mayor: ni siquiera todas las veces juntas que podamos decir en nuestra vida “voy” son tan persistentes como la misericordia de Dios, que espera para nuestra conversión. Así, en esa espera podemos descubrir algo precioso del ser de Dios: una mirada paciente y esperanzada, una forma de ser que permite que el hombre recapacite.

Cuando uno profundiza en cómo Dios crea ese espacio para nosotros, y a la luz del evangelio del domingo pasado, podemos entender que nuestro corazón esté llamado a mirar a los demás con ese deseo de favorecer ese espacio para otros. No hay signo en nosotros que manifieste mejor la acción de Dios en nuestra vida que el hecho de que esperemos con buen ánimo la conversión del que nos rechaza, niega o desobedece: esperanzador para el prójimo. Es precisamente ese el espacio por el que “los publicanos y las prostitutas” han aceptado entrar para llevar la delantera a quien niega el poder de la conversión. Es llamativo cómo el mismo Juan Bautista ejerce de testigo de quién entrará antes en el Reino de los cielos: Juan ha llamado a la conversión, ha creado ese espacio necesario, pero de los que menos esperaba ha escuchado: “voy”. Tanto es así que los que parecían más lejanos se alegran al encontrar abiertas las puertas del cielo, y aunque al
principio dijeron “no”, ahora vienen.

Por eso, Dios sabe cuándo un “no” es un anuncio de conversión, y nos mira esperanzado. La Iglesia que se reúne para celebrar y recibir la gracia de Cristo encuentra en esta la fuerza para vencer la parálisis de anunciar que va pero no ir. ¿Cuáles son los momentos o las propuestas de conversión en los que experimento mi propia debilidad? ¿Cómo afronto que los demás acepten y acojan el camino de la conversión, de ir cada día en silencio acercándose un poco más a Dios, sin hacer ruido, conmovidos por la misericordia de Dios?

“Mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana” es otra forma de decir ese “voy”. Sólo la misericordia del Padre unida a la gracia de Cristo permiten al hombre romper estas ataduras, esa fuerza que le domina y le impide ir. Pero sabemos que Dios, que mira esperanzado, pondrá a nuestro alcance esa fuerza siempre.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio común IV

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza,
ni nuestras bendiciones te enriquecen,
tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias,
para que nos sirva de salvación,
por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te alabamos proclamando llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo…


Para la Semana

Lunes 11:
Santos ángeles custodios. Memoria.

Zac 8m,1-8. Estoy para salvar a mi pueblo de Oriente a Occidente.

Sal 101. El Señor reconstruyó Sión y apareció en su gloria.

Mt 18,1-5.10. Sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.
Martes 12:
Zacarias 8,20- 23. Vendrán pueblos numerosos buscando al Señor en Jerusalén.

Sal 86. Dios está con nosotros.

Lucas 9,51- 56. Tomó la decisión de ir a Jerusalén.
Miércoles 13:
San Francisco de Asís. Memoria.

Nehemias 2,1-8. Si le parece bien al rey, permítame ir a la ciudad de mis padres para reconstruirla.

Sal 136. Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Lucas 9.57-62. Te seguiré adonde quiera que vayas.
Jueves 14:
Témporas de acción de gracias y de petición. Feria mayor.

Dt 8,7-18. Dios te da la fuerza para adquirir esa riqueza.

Salmo: 1Cr29,10-12. Tú eres Señor del universo.

2Co 5,17-21. Os pedimos que os reconciliéis con Dios.

Mt 7,7-11. Todo el que pide recibe.

Viernes 15:

Baruc 1,15 22. Hemos pecado contra el Señor desoyendo  sus palabras.

Sal 78. Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.

Lucas 10,13 16. Quien me rechaza a mi, rechaza al que me ha enviado.
Sábado 16:
Bienaventurada Virgen María del Rosario. Memoria.

Barna 4,5 12,27 -29. El mismo que os mandó las desgracias os mandará el gozo.

Sal 68. El Señor escucha a sus pobres.

Lucas 10,17- 24. Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.


Iluminar con la luz de Cristo

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama”. Dios tampoco hace esto. Ha encendido el candil que somos cada uno de nosotros con la luz de la vida recibida en nuestro bautismo: la gracia santificante, las virtudes teologales de la fe la esperanza y la caridad. Ahora nos toca a nosotros que esa luz “alumbre a los que entren”, a todos los hombres.

La fe arroja una luz sobre cada uno de nosotros y sobre nuestra vida. Una luz que nos permite descubrir quién soy: un hijo de Dios, alguien a quien Dios ama con ternura y misericordia. Una luz que nos ayuda a recorrer el camino de la verdad sobre mi bien, aquella vida que me conduce a la Vida. Y el Señor ha puesto esto en nuestro corazón para que cuantos tenemos cerca – “a los que entran” – puedan participar de esa luz. Por ello no podemos callar ante el mundo sobre esta verdad que se nos ha dado. En este sentido, el Evangelio de hoy es una fuerte llamada a dejarnos encender y guiar por la fe y, al mismo tiempo, iluminar a cuantos tenemos cerca. Es algo realmente urgente, porque Dios, para mucha gente, no significa nada. Lo sabes bien, porque, si eres reconocido como cristiano, notas con qué extrañeza te miran. Lo ves a diario. Lo experimentas. Lo aprecias en tus compañeros. Es un buen momento para preguntarnos si nuestra vida está organizada, en lo grande y lo pequeño, en lo de todos los días, desde la fe o desde otros criterios como el gusto personal, lo que en cada momento me puede apetecer,…

Otro tanto podríamos considerar respecto a las virtudes de la esperanza y la caridad. La fe, como nos recuerda San Pablo, opera por la caridad, se hace operativa por la caridad (cf. Ga 5, 6). San Juan Pablo II nos urgía a vivir la caridad como esa luz que avala el anuncio que hacemos de Cristo: “estáis llamados a ser testigos creíbles del Evangelio de Cristo, que hace nuevas todas las cosas. Pero ¿por qué se reconocerá que sois verdaderos discípulos de Cristo? Porque ‘os amáis los unos a los otros’ – cf. Jn 13,35 – siguiendo el ejemplo de su amor: un amor gratuito, infinitamente paciente, que no se niega a nadie – cf. 1 Cor 13, 46 -. Será vuestra fidelidad al mandamiento nuevo la que certificará vuestra coherencia respecto al anuncio que proclamáis. Esta es la gran novedad que puede asombrar al mundo. (…) Entre vosotros estáis llamados a vivir la fraternidad no como utopía, sino como posibilidad real.” (Juan pablo II, Mensaje a los jóvenes con ocasión de la XII Jornada Mundial de la Juventud de 1997). Preguntémonos cada uno si la esperanza es fundamento de nuestra alegría, de nuestro sentido positivo de la vida, de poder ver a Dios detrás de cada acontecimiento. “Se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino” ( Benedicto XVI, Enc. Spes salvi, 1). Esto es posible porque la esperanza nos da una nueva perspectiva de todas las cosas. Sólo en la medida en que vivamos de ella podremos dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos lo pida (cf. 1 Pe 3,15).

Miremos a María, ninguna otra criatura ha sido ese candil que ilumina con la luz de Cristo a toda la humanidad. A cada hombre.

 

El Santo Niño de La Guardia, mártir († 1489)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de la Fuencisla. Santos: Alberto de Jerusalén, Atanasio, Baldovino, Sergio, confesores; Irene, Aurelia, Neomisia, matronas; Arnolfo, Solemnio, Lupo, Cástor, Anacario, Anatalon, obispos; Antila, Bardomiano, Eucarpo, Herculano, Niño de La Guardia, Formerio, mártires; Ermenfredo, abad; Pafnucio, Ceofrido, monjes; Cleofás, discípulo del Señor; Nilo, anacoreta.

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