Archiv para octubre, 2017

Alonso Rodríguez, confesor (1533-1617)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Ampliado, Urbano, Narciso, Nemesio, Estratónica, Seleucio, Quintín, mártires; Lucila, virgen y mártir; Nemesio, diácono y mártir; Abaido, confesor; Baudacario, monje; Antonio, Wolfgango, obispos; Cisa, Egberto, Tatvino, anacoretas; Nicolás, Leonardo, Staquis, presbíteros; Notburga, monja; Epón, abad; Alonso Rodríguez, confesor.

¿Quiéres vencer el pecado en tu vida?

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¿Qué es un pecado? Es un zapato de un número inferior a tu pie. Al andar te hacer herida, termina por hacerte daño. Y si persistes en ponértelo te deforma el pie. ¡Qué frustración! Pensabas que te favorecía o te haría más esbelta, sintiéndote más tú. Aunque te lo prometía todo, al final te lo ha quitado todo. Sin embargo, la tentación reaparece e insistimos en calzárnoslo. El sufrimiento no desaparece, nos sentimos desdichados y nos cuesta cada vez más caminar… Además, ¿para qué? ¿hacia dónde?

Escucha bien a Pablo: “Hermanos: sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá (…) la creación misma se verá  liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.

Encerrados en un “yo oscurecido”, avergonzados en lo secreto de las cadenas que nos tienen atados. Sirvientes esclavos de pasiones y actitudes que nos dejan entristecidos. Deseamos ardientemente la libertad. Libertad no significa entonces “capacidad de movimiento o de decisión”, no se reduce al mero libre albedrio. Libertad es “libertas”, esto es, “librarse, liberación”. La libertad de los hijos de Dios es la existencia de los liberados de ataduras y esclavitudes, de actitudes que nos encierran en nuestro “ego” individualista y nos abren a descubrir la belleza del cosmos, la dignidad del otro, a ser capaces de amar.

¿Cómo se obra el milagro de la libertad? Dice el salmo: Cuando el Señor cambió la suerte de Sión nos parecía soñar”. El Señor puede cambiar nuestra suerte. Podemos empezar llorando pero terminar cantando. Basta un grano de mostaza y dejar que crezca. Es necesario decir “sí” a la voluntad de Dios, “ahora no” con decisión, al espejismo de la tentación. Dos palabras divinas que lo cambian todo. Ya lo dijo Jesús: “sea vuestro hablar(obrar) “si, si” o “no, no” y lo demás viene del maligno”. Con Jesús tu puedes SIEMPRE, empezar la dinámica de la liberación que se vive en los Cielos. He ahí la fuerza de nuestro bautismo.

Bastan un poco de levadura y esperar que fermente la masa. Otra vez hay que hablar con el Señor y pedírselo. La oración hace crecer las fuerzas para volver a decir “sí” y “no”. Por eso toda oración, vocal, el rosario, la alabanza, la meditación, etc. son tan importantes. Es el fermento de la libertad.

Todos juntos. Hoy es un buen día para empezar con el “sí, sí, no, no”. Mañana será otro día, y pasado otro, y al otro nos sentiremos más libres, corriendo hacia la meta.

31/10/2017 – Martes de la 30ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-25

Hermanos:

Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy toda la creación entera está gimiendo y sufre dolores de parto.

Y no sólo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve?

Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.

Palabra de Dios.

Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
R. El Señor ha estado grande con nosotros.

Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.

Recoge, Señor , a nuestros cautivos
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R.

Aleluya Rom 8, 15bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R

EVANGELIO
El grano creció y se hizo un árbol
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 18-21

En aquel tiempo, decía Jesús:

¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?

Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».

Y dijo de nuevo:

¿ A qué compararé el reino de Dios?

Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

Palabra del Señor.

Domingo de la 31ª semana de Tiempo Ordinario. – 05/11/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

LAS DOS IGLESIAS

El evangelista San Mateo respira en esta perícopa evangélica la tensión que se daba entre la iglesia de la Sinagoga y la Iglesia Cristiana. Son dos conceptos de iglesia prácticamente incompatibles. El primero destaca por su tradicionalismo, sus complicaciones teológicas y sofismas religioso- jurídicos, por su imagen pública y signos externos religiosos (filacterias y franjas). Este concepto de iglesia, que tiene su clave judaica no ha desaparecido del todo ni en todos.

Pero existe una segunda Iglesia. La de aquellos que sinceramente se sienten pecadores, que necesitan convertirse, que viven la propia vida como relación con Dios Padre, que entienden la caridad como servicio y ayuda a los más necesitados, que no están obsesionados por los méritos de sus obras. A las puertas de esta Iglesia está Cristo, que nos invita constantemente a entrar
en ella.

Existen, pues, dos conceptos de Iglesia, dos perfiles de sacerdocio, dos perspectivas religiosas, dos empeños pastorales. Nunca la estructura debe ahogar el espíritu. El empeño principal es, y debe ser, anunciar la Palabra, orar y vivir la caridad fraterna.

Pero en la Iglesia de Jesucristo no estamos libres de defectos, que debemos
examinar y corregir, si es necesario.

El legalismo opresivo: La fe es ante todo alegría interior, adhesión, perdón, esperanza y paz. No se puede vivir la religión sólo como un cumplimiento de normas, leyes y preceptos.

La incoherencia. Jesús dice de los letrados y fariseos que “no hacen lo que dicen”. No basta decir “Señor, Señor”, para entrar en el reino de los cielos, no basta llenar la boca de textos oracionales aprendidos de memoria.

El exhibicionismo religioso. No hay que tomar la religión para escalar puestos, para acumular privilegios, para conquistar prestigios si hace al caso y el momento.

El autoritarismo. La eterna tentación de la autoridad es olvidar su papel de mediación y de ayuda y de convertirse en fin y en tiranía.

Andrés Pardo

 


 

Palabra de Dios:

Malaquias 1, 14-2, 2b. 8-10 Sal 130, 1-3
san Pablo a los Tesalonicenses 2, 7b-9. 13 san Mateo 23, 1-12

 

de la Palabra a la Vida

La coherencia de aquel que hace en su vida aquello que predica hace que uno se gane entre los que contemplan esa unidad un profundo respeto. Cualquiera de nosotros podemos encontrar ejemplos de esto y de lo contrario a nuestro alrededor. Dios manifiesta hoy, en la liturgia de la Palabra, una verdadera paternidad entre los hombres precisamente porque es y actúa tal y como se revela en su ser. Por el contrario, no sucede así con los sacerdotes y maestros de la Ley, cuyas palabras no van acompañadas, ni mucho menos, por sus obras. Por eso no pueden ser reconocidos como auténticos “padres” ni ser nombrados “maestros”.

Solamente en Dios se encuentra esa coherencia de la que hace partícipes a los hombres a partir de la humanidad de Cristo. Así, mientras que la coherencia de vida produce paz, y nos lleva a desear hasta tal punto que se dé en nuestra vida que pedimos a Dios en el salmo: “guarda mi alma en la paz”, la incoherencia de los personajes hipócritas del evangelio produce desprecio, tristeza y se convierte en piedra de tropiezo para los que buscan cumplir la Ley de Dios, la Ley entera.

¿A quién podremos, entonces, dar gloria, reconocer su coherencia entre ser y hacer? La gloria sólo se le puede dar a Dios, que no abusa del prójimo, que no quiere engañar, que no oculta su infidelidad entre palabras y normas, sino que se hace hombre y se entrega por amor a nosotros, enseñándonos, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus pasos, que dice el Nuevo Testamento.

¿Podremos nosotros alcanzar semejante perfección y coherencia? ¿cómo podremos ponerla en práctica? Nadie duda de nuestra buena intención cada día, de nuestro deseo de hacer según el Señor nos ha enseñado constantemente, pero esa perfección sólo está al alcance de Dios y sólo podemos recibirla de Él.

La liturgia de la Iglesia es un ámbito privilegiado en el que se advierte la coherencia y el poder de Dios: si nos fijamos bien en nuestros celebraciones, si ponemos atención en las cosas que se dicen de Dios, en los verbos que acompañan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, descubriremos que en ella Dios hace siempre aquello que decimos de Él. Entrando en comunión con Dios, por tanto, también nosotros recibiremos la fuerza de Dios para poder vivir esa coherencia: es necesario un corazón que no sea ambicioso ni altanero, que no busque elevarse por sí mismo sino que se deje elevar por el Señor, para descubrir su misteriosa capacidad.

¿Dónde experimento más dolorosamente la incoherencia en mí? ¿Busco en la humildad de mi vida ser fortalecido por el Señor y así ir ganando terreno a la tentación de vivir de la apariencia? La liturgia de la Palabra nos pone, además, sobre un ámbito en el que se manifiesta nuestra verdadera intención: si no busco despojar al prójimo de lo suyo, cargarle con lo mío, ocupar el sitio que es sólo de Dios, avanzo por buen camino. Si caigo en esa tentación, entro en el grupo de escribas y fariseos que Jesús critica.

Busquemos siempre esa coherencia que la Palabra de Dios hoy ensalza, coherencia por la cual es fácil reconocer en la vida a un verdadero “padre” que nos haga cercano a Dios, que nos haga desear vivir y ofrecer la paz del corazón generoso y humilde.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio para la solemnidad de Ntra. Sra. de la Almudena


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación,
darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza en esta fiesta de la bienaventurada Virgen María.
Ella es Reina clemente que,
habiendo experimentado tu misericordia de un modo únido y privilegiado,
acoge a todos los que en ella se refugian, y los escucha cuando la invocan.
Ella es la Madre de la misericordia, atenta siempre a los ruegos de sus hijos,
para impetrar indulgencia, y obtenerles el perdón de los pecados.
Ella es la dispensadora del amor divino,
la que ruega incesantemente a tu Hijo por nosotros
para que su gracia enriquezca nuestra pobreza
y su poder fortalezca nuestra debilidad.
Por Él, los ángeles y los arcángeles te adoran eternamente, gozosos en tu presencia.
Permítenos unirnos a sus voces, cantando tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

 

Para la Semana

Lunes 6:
Santos Pedro Poveda Castroverde e Inocencio de la Inmaculada Canoura Arnau, presbíteros, y compañeros, mártires. Memoria.

Romanos 11,29 -36. Dios nos encerró a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

Sal 68. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Lucas 14,12-14. No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados.

Martes 7
Romanos 12,5-16a. Existimos en relación con los otros miembros.

Sal 130. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Lucas 14,15-24. Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa.
Miércoles 8:
Dedicación de la basílica de Letrán. Fiesta (trasladada).

Ezequiel 47,1-2.8-9.12. Vi agua que manaba del templo, y habrá vida allá donde llegue el torrente.

o bien:
1Cor 3,9b-11.16-17. Sois templo de Dios.

Sal 45. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Juan 2,13-22. Hablaba del templo de su cuerpo.
Jueves 9:
Ntra. Sra. de la Almudena. Solemnidad.

Zacarías 2,14-17. Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

Jdt 13,18-19. Tú eres el orgullo de nuestra raza.

Apocalipsis 21,3-5a. Vi la nueva Jerusalén, adornada como una novia se adorna para su esposo.

Juan 19,25-27. Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.
Viernes 10:
San León Magno, papa y doctor de la Iglesia. Memoria

Romanos 15,14-21. Ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, para que la ofrenda de los gentiles sea agradable.

Sal 97. El Señor revela a las naciones su salvación.

Lucas 16,1-8. Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Sábado 1:
San Martín de Tours, obispo. Memoria.

Romanos 16,3 9.16.22-27. Saludaos unos a otros con el beso ritual.

Sal 144. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Lucas l6,9-15. Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera


Marcelo, mártir (s. III)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Zenobio, obispo y mártir; Arilde, Irene, Atanasio, confesores; Gerardo, Celsino, Pimenio, Germán, Asterio, obispos; Claudio, Lucano, Marcelo, Luperco, Victorio, Serapión, Saturnino, Talasio, Bayo, Eutropia, Julián, Euno, Macario, Máximo, mártires; Cenobia, virgen y mártir; Nantero, abad; Domingo Dollins, beato.

Dar, dar, dar.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Doy cuanto tengo” -dice el generoso.

“Doy cuanto soy” -dice el héroe.

“Me doy a mi mismo” -dice el santo; di tú con él al darte: “Doy conmigo el universo entero”. Para ello tienes que hacerte universo, buscando dentro de ti. ¡Adentro!”

Así expresaba magníficamente Miguel de Unamuno la más alta verdad de nuestra vida: darse.

Escuchemos de nuevo a san Pablo en la Palabra de hoy: “Si con el Espíritu dais muerte a las obras de la carne, viviréis. Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.”

Dos modos hay de existir y se contraponen: la vida según el Espíritu de Dios y la vida según las obras de la carne. Es la vida del donarse contra la vida de una búsqueda continua de sensaciones placenteras, la búsqueda del bien de todos o del bien propio. El imaginario colectivo siempre propondrá que la felicidad radica en los goces y las riquezas que pueda obtener en esta vida. Pero a nadie se le recuerda por lo que tuvo o disfrutó en este mundo, sino por lo que dio generosamente.

Los hijos de Dios son los hijos del Espíritu, los hijos del Don, los hijos de la Luz. Los cristianos somos los testigos de esta luz verdadera: la felicidad está en el darse. La locura está en encerrarse en uno mismo, en su “ego”.

Jesús denuncia a los que se cierran a hacer el bien a los demás desinteresadamente, como ese fariseo que criticaba a Jesús por curar a la mujer en sábado, pero que no tardaría en actuar si temiera perder algún bien propio.

Parece que el egoísmo triunfa en el mundo. Que todo se rige por la lógica del cálculo, del interés , de la lucha por el beneficio personal o social, pero no es así… Vivir dando de sí lo mejor a los demás no es noticia, no suele aparecer en televisión, pero mueve el mundo. Se dona trabajo, sonrisa, perdón, enseñanzas, o sacrificio, se dona esfuerzo cuidando a los mayores; se dona desvelos por los hijos, se dona experiencia a los nietos, se dona mucho consuelo y consejo, se dona mucho voluntariado y limosna solidaria, se dona leyes que protegen los derechos, se dona economía de las familias para sostener a los suyos en crisis, se dona millones de oraciones por las necesidades de todos,… ¡Hay infinidad de dones gratuitos!

Hoy busquemos adentro todos los dones y talentos que Dios nos ha dado, pongámoslos en acto, vivamos dándonos con ese universo que llevamos dentro -como decía Unamuno- y… ¡Gloria a Dios!

Me atrevo a daros hoy un fuerte abrazo y mi oración por vosotros.

30/10/2017 – Lunes de la 30ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Habéis recibido un Espíritu de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!»
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 12-17

Hermanos:

Somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».

Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él.

Palabra de Dios.

Sal 67, 2 y 4. 6-7ab. 20-21
R. Nuestro Dios es un Dios que salva.

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría. R.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R.

Aleluya Cf. Jn 17, 17b. a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Tu palabra, Señor, es verdad
santifícanos en la verdad. R

EVANGELIO
A esta, que es hija de Abrahán ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 10-17

Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.

Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo.

Al verla, Jesús la llamó y le dijo:

«Mujer, quedas libre de tu enfermedad».

Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.

Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente:

«Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».

Pero el Señor le respondió y dijo:

«Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre y lo lleva a abrevar?

Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».

Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.

Palabra del Señor.

El mandamiento principal

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

De nuevo el evangelio nos muestra a un personaje que intenta poner a prueba a Jesús. En este caso se trata de saber cual es el mandamiento más importante. Para los fariseos, que intentaban cumplir más de 600 preceptos, plantear esa pregunta era probar si el Señor conocía bien la ley e intentar dejarlo en evidencia. Jesús, siempre con el deseo de mover el corazón de quienes se acercan a él, a veces contesta de forma oscura y otras de manera muy directa. Hoy encontramos unas palabras clarísimas que hemos de acoger sin matizaciones de ningún tipo. El primer mandamiento es amar a Dios con todo nuestro ser. Ello equivale a decir que hemos sido creados para amar a Dios y que ese es el fin de nuestra vida. Nuestra inteligencia, nuestra voluntad, nuestra memoria, nuestro núcleo más íntimo alcanzan su plenitud en volverse hacia Dios, en contemplarlo y amarlo. No hay que darle muchas vueltas. Así, dice san Bernardo: “Tú me preguntas por qué razón y con qué método o medida ha de ser amado Dios. Yo contesto: la razón para amar a Dios es Dios, el método y medida es amarlo sin método ni medida”, señalando así que todas nuestras fuerzas deben dedicarse a ello.

Jesús une este mandamiento a otro que le es semejante: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Un autor antiguo lo explicaba de esta manera: “el que ama al hombre es semejante al que ama a Dios, porque como el hombre es la imagen de Dios, Dios es amado en él como el rey es considerado en su retrato”. Al descubrir que los demás son imagen de Dios vamos tomando conciencia de que también nosotros hemos sido creados a su semejanza. De manera que se nos manda lo que corresponde a nuestra naturaleza y que, al hacer algún bien a cualquier hombre o mujer se lo hacemos a él.

Estas enseñanzas ya estaban contenidas en el Antiguo Testamento de alguna manera, como leemos en la primera lectura de hoy. Como señaló Benedicto XVI “la verdadera originalidad del Nuevo testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito”. Mirándolo a él comprendemos lo que verdaderamente se nos pide. Su presencia junto a nosotros nos anima a buscar lo que se nos pide. El mandamiento no responde sólo a un anhelo de nuestro corazón sino que es posible alcanzarlo porque Jesús está junto a nosotros. En la celebración de la Eucaristía podemos tomar especial conciencia de cómo nos ha amado entregando su vida por nosotros. También de cómo nos ama hasta el punto ofrecernos, mediante la comunión, la posibilidad de que nuestra voluntad, nuestro afecto y nuestros sentimientos se vayan adecuando a los suyos. El mismo Papa señalaba “en la comunión eucarística está incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico de amor es fragmentaria en sí misma”. Y muchos autores, como santa Teresa de Jesús, insisten en que cuánto más amemos al prójimo más avanzaremos en el amor de Dios.

Lo que hoy escuchamos en el evangelio, precisamente por su carácter de mandamiento nuevo y principal, es algo que debe acompañar nuestra meditación diaria. Llamados a crecer en el amor que Dios nos tiene, toda nuestra vida ha de ser un continuo progresar en ese amor a Él y a nuestro prójimo. Sentimos la exigencia del precepto, pero aún más a fuerza del amor que Dios nos tiene y que nos va a ayudar a cumplirlo.

 

Narciso, obispo de Jerusalén (s. II)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Maximiliano, Donato, Colmán, Germán, Honorato, Valentín, Narciso, Etelnoto, Santiago, obispos; Decencio, Germán, Fidel, Jacinto, Quinto, Lucio, Feliciano, mártires; Eusebia, virgen y mártir; Eulalio, monje; Berlinda, Elfreda, Marvina, Ermelinda, Cenobio, confesores; Teuderio, abad; Sigeberto, rey.

29/10/2017 – Domingo de la 30ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros
Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Esto dice el Señor:

«No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y a vuestros hijos huérfanos.

Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mi, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»Palabra de Dios.

Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 5lab
R. Yo te amo, Señor; tú eres mí fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido. R.

SEGUNDA LECTURA
Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:

Sabéis cómo nos comportamos entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.

No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad , sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Jn 14, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. El que me ama guardará mi palabra – dice el Señor -,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R

EVANGELIO
Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».

Él le dijo:

«”Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

En estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor.

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