Archiv para 15 octubre, 2017

Invitados a la boda

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El banquete es una imagen habitual en la Sagrada Escritura para mostrar la alegría escatológica. El Evangelio, además, nos habla de la boda del hijo, que es Jesucristo. Podemos inferir que la desposada es la Iglesia. San Pablo, en la Carta a los efesios, compara el matrimonio con el amor de Cristo por su Iglesia. Todos los hombres están invitados a ese banquete. Así lo dice Isaías. Porque al festín han sido invitados pueblos numerosos. El designio salvador de Dios se extiende sobre todos los hombres.

La parábola muestra el drama de los que rechazan la invitación. Una posibilidad real que, con frecuencia, olvidamos. Que Dios quiera que todos los hombres se salven no significa que todos los hombres quieran, positivamente, ser salvados. En el texto se nos muestra una serie de disculpas: cuidar los negocios, atender las tierras o, lo más terrible, responder asesinando a los mensajeros. Aun cuando no todas las actuaciones revisten la misma gravedad, todas tienen una única consecuencia: quedar fuera del banquete.

Por otra parte, cuando el rey hace que se invite a todos los que encuentren por los caminos, malos y buenos, muestra cómo la salvación es absoluta iniciativa de Dios y se dirige a todos. La llamada es universal y, además, no exige méritos previos sino simplemente aceptar la invitación. Aunque los teólogos han discutido mucho sobre la relación entre la gracia de Dios y la libertad del hombre, para ver de qué modo se concilian, a nosotros nos basta con saber que Dios nos tiende su mano y que queda de nuestra parte el aferrarnos a ella. Que en todo ese proceso, vivido de distintas maneras por cada uno porque Dios se adapta a nuestra historia, haya una primacía absoluta del don divino no excluye la realidad de nuestra libertad. Y esa elección la hacemos en la vida: hoy mismo. Y la actualizamos cada día.

Un escritor francés, que por cierto murió católico, explica en su diario que un día entró a rezar en una capilla en la que estaba expuesto el Santísimo Sacramento. Allí percibió de una manera especial que Dios lo llamaba a su servicio. Sin embargo, al salir de la capilla, no se vio con fuerzas para vivir como Dios le pedía y estuvo mucho tiempo apartado de la Iglesia. Más tarde, recordando el porqué no respondió con más generosidad al Señor, escribió: “Entonces me sentía liberado de un gran peso: el peso de la cruz”.

Porque ponerse en camino hacia el banquete tiene consecuencias en nuestra vida. De hecho, la cambia totalmente. Igual que nos preparamos para ir a la boda de un familiar o de un amigo, tenemos que hacerlo para asistir a las bodas del Cordero. Aunque aquí la experiencia nos muestra también que es Dios quien va disponiéndolo todo. Así lo indica el salmo responsorial de hoy. Jesús es el buen pastor que nos va guiando por el sendero de la vida hacia el lugar donde se celebra la gran fiesta. Por eso ha venido al mundo, para ser nuestro camino. Y en ese caminar nos va preparando para que seamos dignos convidados. Lo dice el Apocalipsis, cuando nos muestra a los redimidos como personas vestidas de blanco que han lavado sus vestidos en la sangre del Cordero.

Dios Padre no quiere que nadie falte a la gran fiesta de bodas. Su invitación nos llega constantemente a través de la Iglesia

15/10/2017 – Domingo la 28ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Preparará el Señor un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros
Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.

Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre.

Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo – lo ha dicho el Señor -.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Palabra de Dios.

Sal 22, 1-6
R. Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA
Todo lo puedo en aquel que me conforta
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19 20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

Aleluya Cf. Ef 1, 17-18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine lo ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama R

EVANGELIO
A todos los que encontréis, llamadlos a la boda
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos».

Palabra del Señor.

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