Archiv para 26 octubre, 2017

El fuego de Jesús

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Dice Jesús que en una misma familia estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre. Parecen palabras exageradas, pero podemos recordar algunos casos en que esto sucedió así hasta el final. Así, san Hermenegildo fue perseguido por su padre Leovigildo, que era arriano, y murió asesinado en la cárcel. Hace mucho menos tiempo, en 1994, en Ruanda, una muchacha, Felicitas, del clan de los hutu, había escondido a trece niñas de la etnia tutsi. Su hermano, coronel, intentó disuadirla, porque ella prefería morir con las tutsi que habían venido a asesinar a dejarlas desprotegidas. Felicitas dice a su hermano: “Querido hermano, en lugar de salvar mi vida abandonando a las que están a mi cargo, prefiero morir con ellas.” Y murió asesinada. Son casos heroicos de esos que, como dice la carta a los hebreos, han llegado a derramar la sangre.

Lejos de esto pero en la misma línea, encontramos la incomprensión de muchos padres hacia la fe de sus hijos o el rechazo de algunos familiares cuando un joven manifiesta vocación. Tampoco faltan familias en las que todos los miembros participan de la misma fe. En cualquier caso se nos manifiesta ese fuego que Jesús ha venido a traer al mundo y que lo incendia todo. Cuando su llama prende en nosotros, si somos fieles, es imposible que deje de arder. Lo quema todo a su paso purificando nuestro corazón, nuestras relaciones, la manera que tenemos de tratar las cosas y de trabajar, y el mismo amor hacia nuestros familiares.

Ese fuego es el que permite separar la falsa paz de la verdadera, la que nos trae Jesucristo. Es como cuando en los altos hornos, a fuertes temperaturas, se separa el metal de la ganga. También Jesucristo separa el mal del bien y ello, en ocasiones, reporta algunos sufrimientos para quienes le son fieles. Ese fuego, además, es el del amor divino. En el Antiguo Testamento lo vemos prefigurado en la zarza ardiente desde la que Dios habló a Moisés, o en la columna de fuego que guió a Israel por el desierto, o también en las llamas que descendieron del cielo para consumir el sacrificio de Elías. Igualmente podemos ver en él una imagen del Espíritu Santo, que enciende su llama en el corazón de los bautizados y después crece y se irradia por el ejercicio de la caridad. El Espíritu Santo nos será dado después de que Jesús haya pasado por el bautismo de sangre del que nos habla. Su sacrificio en la cruz dará eficacia a los sacramentos y la salvación nos vendrá por el agua, la sangre y el Espíritu Santo.

Alguien podría pensarse que el culpable de la división es Jesucristo, pero la causa es la verdad. En los ejemplos citados admiramos la fortaleza de los mártires, que no fue obstinación sino amor a la verdad.

Jesús, al llamarnos a su lado también nos da a María como Madre, que ella sea nuestra custodia para cumplir en todo la voluntad de Dios.

Evaristo, papa y mártir (s. II)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Rogaciano, Felicísimo, Luciano, Marciano, Heráclides, Tito, Floro, Eliavo, mártires; Alor, Amando, Basilio, Eata, Dorgan, Derbilia, Leptina, Atanasio, confesores; Gutberto, Fulco, Gaudioso, Rústico, Bernardo, Sigisbaldo, Aptonio, obispos; Evaristo, papa; Quadragésimo, abad; Cenid, monje.

26/10/2017 – Jueves de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Ahora estáis liberados del pecado y hechos esclavos de Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 19-23

Hermanos:

Hablo al modo humano, adaptándome a vuestra debilidad natural: lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, como esclavos suyos, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, como esclavos suyos para vuestra santificación.

Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres en lo que toca a la justicia. ¿Y qué frutos obteníais entonces? Cosas de las que ahora os avergonzáis, porque conducen a la muerte.

Ahora, en cambio, liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad que conducen a la vida eterna.

Porque la paga del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios e la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R.

Aleluya Flp 3, 8-9
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura
con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él. R

EVANGELIO
No he venido a traer paz, sino división
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo, tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra del Señor.

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