Archiv para octubre, 2017

San Simón y san Judas

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy celebramos a dos apóstoles. San Simón y san Judas Tadeo. Sabemos pocas cosas de ellos pero, en el evangelio, cuando se menciona a los apóstoles siempre aparecen juntos. A Simón se le conoce como el “Zelote” y también el “Cananeo”. Los zelotes era un movimienyo nacionalista, que se caracterizaba por su amor ardiente a las tradiciones judías. No se sabe si Simón pertenecía a ellos, pero el calificativo puede significar también que tenía un corazón ardiente y que deseaba servir sinceramente a Dios.

Judas, autor de una de las cartas del Nuevo Testamento, recibe el apodo de “Tadeo”, que algunos interpretan como magnánimo. En otros momentos se dice que es “Judas de Santiago”. Este apóstol es el que le preguntó a Jesús, en la Última Cena por qué se había manifestado a ellos (los apóstoles) y no a todo el mundo.

Esa pregunta de Judas es importante para nosotros. Porque nos indica el amor misterioso por el que Dios elige. Pero, al mismo tiempo, contemplando lo que significa ser apóstol, vemos que el Señor los eligió para que después predicaran el evangelio en todo el mundo. De hecho nosotros celebramos las fiestas de los apóstoles porque son las columnas de la Iglesia; porque con ellos Jesús comenzó a edificar esa realidad de la que nosotros, ahora, formamos parte.

Jesús le respondió a Judas aquella noche: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y pondremos nuestra morada en él“. Y la misión de los apóstoles entonces, como después de la Iglesia, era preparar esos corazones para que viniera al Señor. Jesús le respondió mostrándole que el amor que él percibía en ese momento al conocer a Cristo, debía transmitirlo, porque el Señor quiere llegar al corazón de todos los hombres.

Es la idea que nos transmite san Pablo en la primera lectura cuando habla de la construcción de la Iglesia, que tiene a Cristo como piedra angular. Por ello hemos de sentirnos llamados a edificar la Iglesia. Cuando nos sabemos en continuidad con todos los que han conocido a Cristo y le han seguido, sentimos también la llamada a proclamar su reino, a comunicar la buena noticia y a dar testimonio del amor que hemos recibido.

La celebración de los apóstoles nos muestra también que todos ellos eran muy diferentes. Señaló Benedcito XVI: “Y es hermoso que en el grupo de sus seguidores, todos, a pesar de ser diferentes, convivían juntos, superando las imaginables dificultades:  de hecho, Jesús mismo es el motivo de cohesión, en el que todos se encuentran unidos. Esto constituye claramente una lección para nosotros, que con frecuencia tendemos a poner de relieve las diferencias y quizá las contraposiciones, olvidando que en Jesucristo se nos da la fuerza para superar nuestros conflictos.”

Pidamos a al Virgen María, Reina de los Apóstoles, que nos ayude a perseverar en la fe que hemos recibido en la Iglesia. Y también a dar gracias por formar parte de este pueblo. Que nuestra vida pueda contribuir a que Jesús sea más conocido y amado en todo el mundo.

 

Rodrigo Aguilar Alemán, sacerdote mártir (1875-1927)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Simón y Judas Tadeo, Apóstoles; Atanasia, virgen; Farón, Neófito, Gaudioso, Firmiliano, obispos; Leonardo, confesor; Cirila, virgen y mártir; Esmaragdo, Marciano, Arquelaida, Terencio, Neonila, Nita, mártires; Rodrigo Aguilar Alemán, sacerdote y mártir; Sigolino, Alberico, Anglino, Odilón, abades; Esteban, monje.

Simón y Judas, Apóstoles (s. I)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Simón y Judas Tadeo, Apóstoles; Atanasia, virgen; Farón, Neófito, Gaudioso, Firmiliano, obispos; Leonardo, confesor; Cirila, virgen y mártir; Esmaragdo, Marciano, Arquelaida, Terencio, Neonila, Nita, mártires; Rodrigo Aguilar Alemán, sacerdote y mártir; Sigolino, Alberico, Anglino, Odilón, abades; Esteban, monje.

28/10/2017 – Sábado de la 29ª semana de Tiempo Ordinario. San Simón y San Judas Apóstoles

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PRIMERA LECTURA
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2,19-22

Hermanos:

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios.

Sal 18, 2-3. 4-5
R. A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

Aleluya Ez 33, 11
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. A ti, oh Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos;
a ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles, Señor. R

EVANGELIO
Escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 12-19

En aquellos días, tiempo, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Después de bajar con ellos, se paró en una llanura, con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor.

Nuestra debilidad y su fuerza

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

No estamos acostumbrados a que alguien, como leemos hoy en la primera lectura, reconozca sin tapujos su dificultad para obrar el bien y su inclinación al mal. El Apóstol lo hace. Probablemente es ayudado en ello por la conciencia de que, como se indica al final de la lectura, se sabe salvado por Dios a través de Jesucristo. Aún así el testimonio de Pablo resulta ejemplarizante para todos nosotros. Porque, además de experimentar las mismas contradicciones del apóstol, encima nos cuesta más reconocerlas.

Parece que para curarse una de las primeras cosas, y de las más necesarias, es saberse enfermo. Sólo a partir de ahí uno empieza a preocuparse y a buscar soluciones. Mientras dura la arrogancia, que es presunción de que todo va bien, los remedios quedan lejos y siempre nos parecerán superfluos.

San Pablo no dice que no quiera el bien, sino que se ve incapaz de realizarlo. Podríamos decir que falla la correa de transmisión entre lo que su voluntad desea y lo que finalmente ejecuta. Es consciente, porque lo señala en otros momentos de sus enseñanzas, de que en el hombre actúa una anomalía que es fruto del pecado original. Como consecuencia del pecado estamos heridos en nuestra naturaleza. Ello no significa que nuestra naturaleza esté corrompida (así lo pensaba Lutero, pero no es lo que enseña la Iglesia), pero sí que el obrar rectamente resulta mucho más complicado.

A esta situación san Pablo la denomina esclavitud del pecado. Algunos, que perciben lo mismo que el Apóstol, les parece que eso es lo normal y se escudan en expresiones del tipo: “es humano errar”, “todos nos equivocamos”, “no soy de piedra”… Eso está bien si lo que se pretende es elaborar una estadística, pero resulta del todo insuficiente si lo que está en juego es nuestra felicidad. Desde esta perspectiva el cariz es muy distinto. Hay una anomalía en mí que me llega a impedir la felicidad que deseo, porque esta va unida a la realización del bien.

La constatación de san Pablo nos sumiría en la tristeza si él mismo no nos avanzara el camino de salida. Vivimos esa esclavitud, pero no es ese nuestro destino. Es Jesucristo quien nos salva de esa situación absurda. Porque es absurdo estar inclinado al bien, amarlo y querer alcanzarlo y, al mismo tiempo no hacerlo por culpa nuestra (porque las deficiencias que experimentamos no nos libran de nuestra responsabilidad). Jesús nos ha salvado muriendo en la cruz y Él nos libera.

En la carta a los Gálatas el Apóstol lo expresa con estas palabras: “para ser libres nos ha libertado Cristo”. La nueva libertad consiste en que, ayudados por la gracia, sí que podemos realizar el bien que anhelamos y que está tan unido a lo que nuestro corazón desea con todas sus fuerzas. Haciendo ese bien alcanzamos, siempre con la gracia, amar a Dios que nos lo ha regalado todo.

Vicente, Sabina y Cristeta mártires (s. IV)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Vicente, Sabina, Cristeta, Florencio, Máximo, Venancio, Luciano, Donato, Capitolina, Eroteida, mártires; Frumencio, Desiderio, Quintiliano, Teodoro II, obispos; Néstor, Odrán, Tekla, Haimanot, confesores; Ciriaco, patriarca; Elesbaán, rey; Abraham, anacoreta.

27/10/2017 – Viernes de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 7, 18-25a

Hermanos:

Sé que lo bueno no habita en mi, es decir, en mi carne; en efecto, querer está a mi alcance, pero hacer lo bueno, no.

Pues no hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo.

Y si lo que no deseo es precisamente lo que hago, no soy yo el que lo realiza, sino el pecado que habita en mi.

Así pues, descubro la siguiente ley: yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal.

En efecto, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros.

¡Desgraciado de mi! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor!Palabra de Dios.

Sal 118, 66. 68. 76. 77. 93. 94
R. Instrúyeme, Señor, en tus decretos.

Enséñame la bondad, la prudencia y el conocimiento,
porque me fío de tus mandatos. R.

Tú eres bueno y haces el bien;
instrúyeme en tus decretos. R.

Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu siervo. R.

Cuando me alcance tu compasión, viviré,
y tu ley será mi delicia. R.

Jamás olvidaré tus mandatos,
pues con ellos me diste vida. R.

Soy tuyo, sálvame,
que yo consulto tus mandatos. R.

Aleluya Cf. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R

EVANGELIO
Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 54-59

En aquel tiempo, decía Jesús a la gente:

«Cuando veis subir una nube por el poniente, decís en seguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede. Cuando sopla el sur, decís: “Va a hacer bochorno”, y sucede.

Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?

Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.

Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla».

Palabra del Señor.

El fuego de Jesús

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Dice Jesús que en una misma familia estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre. Parecen palabras exageradas, pero podemos recordar algunos casos en que esto sucedió así hasta el final. Así, san Hermenegildo fue perseguido por su padre Leovigildo, que era arriano, y murió asesinado en la cárcel. Hace mucho menos tiempo, en 1994, en Ruanda, una muchacha, Felicitas, del clan de los hutu, había escondido a trece niñas de la etnia tutsi. Su hermano, coronel, intentó disuadirla, porque ella prefería morir con las tutsi que habían venido a asesinar a dejarlas desprotegidas. Felicitas dice a su hermano: “Querido hermano, en lugar de salvar mi vida abandonando a las que están a mi cargo, prefiero morir con ellas.” Y murió asesinada. Son casos heroicos de esos que, como dice la carta a los hebreos, han llegado a derramar la sangre.

Lejos de esto pero en la misma línea, encontramos la incomprensión de muchos padres hacia la fe de sus hijos o el rechazo de algunos familiares cuando un joven manifiesta vocación. Tampoco faltan familias en las que todos los miembros participan de la misma fe. En cualquier caso se nos manifiesta ese fuego que Jesús ha venido a traer al mundo y que lo incendia todo. Cuando su llama prende en nosotros, si somos fieles, es imposible que deje de arder. Lo quema todo a su paso purificando nuestro corazón, nuestras relaciones, la manera que tenemos de tratar las cosas y de trabajar, y el mismo amor hacia nuestros familiares.

Ese fuego es el que permite separar la falsa paz de la verdadera, la que nos trae Jesucristo. Es como cuando en los altos hornos, a fuertes temperaturas, se separa el metal de la ganga. También Jesucristo separa el mal del bien y ello, en ocasiones, reporta algunos sufrimientos para quienes le son fieles. Ese fuego, además, es el del amor divino. En el Antiguo Testamento lo vemos prefigurado en la zarza ardiente desde la que Dios habló a Moisés, o en la columna de fuego que guió a Israel por el desierto, o también en las llamas que descendieron del cielo para consumir el sacrificio de Elías. Igualmente podemos ver en él una imagen del Espíritu Santo, que enciende su llama en el corazón de los bautizados y después crece y se irradia por el ejercicio de la caridad. El Espíritu Santo nos será dado después de que Jesús haya pasado por el bautismo de sangre del que nos habla. Su sacrificio en la cruz dará eficacia a los sacramentos y la salvación nos vendrá por el agua, la sangre y el Espíritu Santo.

Alguien podría pensarse que el culpable de la división es Jesucristo, pero la causa es la verdad. En los ejemplos citados admiramos la fortaleza de los mártires, que no fue obstinación sino amor a la verdad.

Jesús, al llamarnos a su lado también nos da a María como Madre, que ella sea nuestra custodia para cumplir en todo la voluntad de Dios.

Evaristo, papa y mártir (s. II)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Rogaciano, Felicísimo, Luciano, Marciano, Heráclides, Tito, Floro, Eliavo, mártires; Alor, Amando, Basilio, Eata, Dorgan, Derbilia, Leptina, Atanasio, confesores; Gutberto, Fulco, Gaudioso, Rústico, Bernardo, Sigisbaldo, Aptonio, obispos; Evaristo, papa; Quadragésimo, abad; Cenid, monje.

26/10/2017 – Jueves de la 29ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Ahora estáis liberados del pecado y hechos esclavos de Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 19-23

Hermanos:

Hablo al modo humano, adaptándome a vuestra debilidad natural: lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, como esclavos suyos, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, como esclavos suyos para vuestra santificación.

Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres en lo que toca a la justicia. ¿Y qué frutos obteníais entonces? Cosas de las que ahora os avergonzáis, porque conducen a la muerte.

Ahora, en cambio, liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad que conducen a la vida eterna.

Porque la paga del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios e la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R.

Aleluya Flp 3, 8-9
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura
con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él. R

EVANGELIO
No he venido a traer paz, sino división
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo, tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra del Señor.

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