Archiv para 1 noviembre, 2017

Todos los santos

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Fiesta de Todos los Santos. Santos: Juan, Audomaro, Austremonio, Vigor, Marcelo, Licinio, Secino, Marselio, obispos; Santiago, presbítero y mártir; Diego, presbítero; Cesáreo, Sabas, Dacio, Benigno, Cirenia, Juliana, Pedro de Barco de Ávila, mártires; Santeno, abad; Severino, monje.

Felicidades a todos los santos.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Un saludo a todos los que leéis estos comentarios y permitidme esta calurosa felicitación. Felicidades a todos por nuestro santo, y huelga decir, felicidades por nuestros santos, campeones de la fe. Así es. Hoy es la gran fiesta del Cielo y como miembros del Cuerpo Místico nos unimos a ellos. Tres son las provincias del Reino de Dios: la Iglesia militante o peregrina en la tierra, la Iglesia del purgatorio y la Iglesia celeste o de los santos. Pues hoy, las tres comarcas están de celebración y las gracias se difunden a todos. ¡Hoy la Iglesia del Cielo intercede por nuestros difuntos, mañana lo haremos nosotros!

Hoy es el día en que se conmemora la esperanza de la victoria final. El libro del Apocalipsis como profecía de la nueva historia nos lo anticipa. La esperanza se proclama en forma numérica: 144.000 son los elegidos, marcados con el sello del Espíritu, realmente es una inmensa muchedumbre. Así lo expresa la cultura oriental en la multiplicación de 12 por 12 por 1000. La primera docena simboliza al pueblo de Israel, la segunda docena a los descendientes de los apóstoles, mil una cantidad inmensa. Por tanto, gracias a Dios, son un número incontable los salvados: “de toda nación, razas, pueblos y lenguas delante del trono y del Cordero”. Sus vestidos son blancos porque su vida está restaurada, transfigurada, sin limitaciones espacio-temporales. Y llevan palmas en sus manos por su inmensa alegría, imagen oriental de los festejos que se realizaban cuando el emperador llegaba victorioso de la batalla. Se vive en adoración, en continua bendición, inteligencia y sabiduría, con un inmenso sentimiento de agradecimiento, llenos de fuerza y honor, esto es, sin la vergüenza de pecar. Todo más allá de la distancia de los siglos, sin la corrupción del tiempo: “por los siglos de los siglos”.

¿Y qué pasará con nuestro cuerpo? Dice san Pablo que, al final de los tiempos, nuestra alma purificada se unirá de nuevo a nuestro cuerpo transformado: “seremos semejantes a Dios porque le veremos tal cual es”. Si Dios es puro Espíritu, pura energía, Luz verdadera, nosotros seremos llenos de Espíritu, de esa Energía que será “todo para todos”. Hijos de la luz unidos a la Luz del universo.

Todos los que estáis leyendo estas líneas debemos unirnos en un mismo anhelo: llegar a esta Bienaventuranza. ¡Qué grandioso es pensar que juntos podemos llegar a la meta! Todos juntos. Ayudándonos unos a otros, animándonos unos a otros, amándonos unos a otros. Santos sí, pero santos juntos. Renovemos, por tanto, nuestra elección por las bienaventuranzas: desapegar el espíritu, consolar a los que lloran, alimentar a los hambrientos, saciar a los sedientos, tener misericordia con los pecadores, limpiar el corazón, trabajar por la paz… “Amén”.

01/11/2017 – Miércoles de la 30ª semana de Tiempo Ordinario. Todos los Santos

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas
Lectura del libro del Apocalipsis 7,2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:

«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

01 también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente:

«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo:

«Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno de los ancianos me dijo:

«Estos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?».

Yo le respondí:

«Señor mío, tú lo sabrás».

Él me respondió.

«Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Palabra de Dios.

Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
R. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R.

SEGUNDA LECTURA
Veremos a Dios tal cual es
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esperanza en él se purifica a si mismo, como él es puro.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados – dice el Señor -,
y yo os aliviaré. R

EVANGELIO
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.

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