Archiv para 4 noviembre, 2017

Carlos Borromeo, cardenal (1538-1584)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: San Carlos Borromeo, cardenal, Patrono de Banca y Bolsa. Próculo, obispo y mártir; Porfirio, Vidal Agrícola, mártires; Amancio, Nicandro, obispos; Claro, presbítero y mártir; Emerico, Filólogo, Patrobas, confesores; Hermas, Pierio, presbíteros; Modesta, virgen; Juanicio, abad.

Una virtud para triunfar.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy felicitamos a todos los seminaristas y catequistas por su santo patrón: San Carlos Borromeo. Es el gran impulsador del Concilio de Trento, fue su secretario general;  trabajador incansable, nos impulsa a no perder un minuto de nuestra vida para buscar la transformación de este mundo. Heredero de inmensas riquezas por su familia, las supo invertir en bien de la fundación de seminarios, creación de hospitales en tiempo de la peste, generosidad con los necesitados y acogida a todos sus hermanos en la fe. Con los débiles era muy comprensivo, con sus compañeros exigente pero gentil, consigo mismo era muy severo. Vendió todos los lujos del palacio arzobispal para ayudar a los más pobres de Milán, del que fue su gran pastor. Tuvo que sufrir hasta un atentado por un grupo de falsos religiosos que él supo desenmascarar. Pero la bala del sicario no acabo con su vida. Para él cada situación era la oportunidad de imitar los pasos de humildad que dio Cristo hacia la Pascua.

San Carlos Borromeo es el campeón de la fe que encarnó la palabra de Jesús: “quién pierda su vida por mí y por el evangelio se encontrará”. Su vida es un canto a la humildad. San Agustín hablaba de ella como “el camino auténtico del cristiano y la señal inequívoca de seguidor de Cristo”. La humildad no es la debilidad de personas con baja autoestima. Es una virtud, un modo de sentirse y de vivir con una nueva fortaleza. Es alejarse de toda altanería, es posicionarse contra la soberbia. Jesús la enseña magníficamente en su evangelio. La humildad no aborrece el ser reconocido, pero no busca el reconocimiento. Por eso invita a elegir el último puesto, para donar el primero a otro. La humildad es signo de una gran generosidad.

“Todo el que se enaltece será humillado y todo el que se humilla será enaltecido”. Parece una profecía y lo es. Pero también es una descripción maravillosa de la realidad. A todos nos abochorna y nos parece fétida la prepotencia de una persona. En seguida nos repugna su sobreabundancia de “ego” y andamos con la esperanza de que cometa un error para enseguida reírnos de él y echárselo en cara. He ahí que “el que se ensalza será humillado”. Por el contrario, nos estimula estar cerca de personas llenas de dones pero que no alardean de ellos o incluso ni los reconocen. Esos que quieren pasar desapercibidos en su hablar o en su actuar, pero que podrían dar lecciones a todos. Llenan de ternura y excitan el deseo de preguntarles o saber más de ellos, en cuanto destacan en algo, se les aplaude con cariño y adquieren el reconocimiento de todos. Ciertamente: “el que se humilla será ensalzado”.

Guárdalo en tu corazón. La humildad no es debilidad, es fortaleza de espíritu. La humildad no es pobreza mental, sino riqueza de corazón. La humildad no es la señal de los fracasados, sino el modo de vivir en esta tierra el mismo Hijo de Dios.

Y ahora reza con la Madre su Magnificat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…”

04/11/2017 – Sábado de la 30ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Si el rechazo de los judíos es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver de la muerte a la vida?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 1-2a. 11-12. 25-29

Hermanos:

¿Acaso habrá desechado Dios a su pueblo? De ningún modo: que también yo soy israelita, descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín. «Dios no ha rechazado a su pueblo», al que había elegido de antemano.

Digo, pues: ¿acaso cometieron delito para caer? De ningún modo. Lo que ocurre es que, por su caída, la salvación ha pasado a los gentiles, para darles celos a ellos.

Pero si su caída ha significado una riqueza para el mundo y su perdida una riqueza para los gentiles, ¡ cuánto más significará su plenitud!

Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, para que no os engriáis: el endurecimiento de una parte de Israel ha sucedido hasta que llegue a entrar la totalidad de los gentiles y así todo Israel será salvo, como está escrito:

«Llegará de Sión el Libertador; alejará los crímenes de Jacob; y esta será la alianza que haré con ellos cuando perdone sus pecados».

Según el Evangelio, son enemigos y ello ha revestido en beneficio vuestro; pero según la elección, son objeto de amor en atención a los padres, pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

Palabra de Dios.

Sal 93, 12-13a. 14-15. 17-18
R. El Señor no rechaza a su pueblo.

Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros. R.

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el juicio retornará a la justicia,
y la seguirán todos los rectos de corazón. R.

Si el Señor no me hubiera auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando pensaba que iba a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene. R.

Aleluya Mat 11, 29ab
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Tomad mi yugo sobre vosotros – dice el Señor -,
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. R

EVANGELIO
Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1.7-11

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:

«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro y te dirá:

“Cédele el puesto a éste”.

Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:

“Amigo, sube más arriba”.

Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.

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