Domingo de la 32ª semana de Tiempo Ordinario – 12/11/2017

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Comentario Pastoral

LA VIGILIA DE LA SENSATEZ Y EL SUEÑO DE LA NECEDAD

Según el uso matrimonial palestinense, en el último día de los festejos antecedentes, a la puesta del sol, el novio era llevado por sus amigos a la residencia de la desposada, que le esperaba vestida de juventud y virginidad. El grupo de las “doncellas” estaba pendiente de oír los primeros ecos de las voces en la lejanía y de que brillasen las luces rosadas del cortejo del esposo para salir al encuentro. Mas un extraño y largo retraso puede provocar que el sueño aflore y que el nerviosismo y la preocupación impidan la previsión del aceite necesario para alimentar la lámpara.

Todo lo antecedente es necesario conocerlo para poder entender la parábola que hoy se lee en la misa de este domingo trigésimo segundo del tiempo ordinario. La parábola de las doncellas necias y sensatas es muy elocuente y está cargada de simbolismos, que merece la pena analizar.

Mantenerse en estado de vigilia es signo de prontitud, de tensión serena, de amor eficaz, de inteligencia y sensatez, Por el contrario, el sueño hace referencia a la torpeza espiritual, a la indiferencia, a la falta de la conveniente actitud. La antítesis “sueño vigilia” tiene como atmósfera de fondo el símbolo de la “noche”, momento de prueba y de espera del alba, y el símbolo de la “luz”, signo de vida y de alegría por el encuentro del esposo.

El aceite es signo de la cordial hospitalidad oriental, de la alegría y de la intimidad, del mesianismo y de la consagración sagrada.

La sensatez, y la necedad es la antítesis que resume y desarrolla toda la teología sapiencial, reflejada con vivacidad en la colección de reflexiones que contiene el libro de los Proverbios.

La virginidad es muestra de donación, de cercanía a las bodas, de madurez humana y religiosa.

El retraso del esposo es una invitación a escrutar los signos misteriosos de la lógica de Dios, para que vivamos siempre en el día de bodas y en la expectativa de lo inminente de la salvación total.

La puerta cerrada es una pequeña parábola que tiene su mejor interpretación en la gélica respuesta “no os conozco”. Detrás de ella se celebra el banquete nupcial de la salvación mesiánica ofrecida a los sensatos vigilantes.

Andrés Pardo

 


 

Palabra de Dios:

Sabiduría 6, 12-16 Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8
san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18 san Mateo 25, 1-13

 

de la Palabra a la Vida

La liturgia de la Palabra retoma el uso de las parábolas por parte de Cristo para hacer referencia al fin de los tiempos, a la llegada definitiva del Reino de Dios y sus consecuencias. En las parábolas, lo inesperado es imagen de la catástrofe que sobreviene de repente. El esposo que aparece en la noche, mientras las diez vírgenes duermen, representa una gran crisis que va a suponer una separación, un discernimiento. Algunas de ellas, que se han preparado, pasarán a un gran evento, feliz evento. Por el contrario, otras quedarán fuera por no haber realizado con atención la preparación necesaria. Los primeros discípulos no tenían fácil realizar esta identificación de Cristo con el esposo Mesías que sí aparece ya en san Pablo, para ellos Cristo les ha narrado una boda real, les ha explicado el cortejo y la liturgia para llamarles a la vigilancia, aunque veladamente haya hecho por identificarse con ese esposo. En un principio era mucho más fácil interpretar la parábola como una comparación entre el Israel que no se ha preparado para la venida del esposo, del Mesías esperado, y los pueblos gentiles que lo han reconocido y acogido.

Sin embargo, para la Iglesia primitiva, la aparición del esposo era imagen de la llegada de Cristo que tenía que producirse en la parusía. Su segunda venida sería el momento de la gran crisis. De ahí que esta parábola contenga una enseñanza muy importante acerca de la necesidad de prepararse para la venida escatológica del Señor. De hecho, todas las vírgenes de la parábola duermen cuando aparece el Señor, pero algunas se han preparado para ese momento comprando el aceite necesario. El alma sedienta de Dios no se cansa de esperar, al contrario, madruga cada día, como la sabiduría madruga en la primera lectura, ansiosa por encontrar el agua que calma su sed y que hace que la persona viva pendiente de las verdaderas preocupaciones, libre de otras preocupaciones más vanas.

Por eso, esta es la actitud que el cristiano tiene que aprender si quiere esperar de forma productiva al Señor. No vale acomodarse, no vale dejarse llevar por lo que los otros hagan o dejen de hacer, lo que es fundamental es tener la inteligencia de dejarse conmover por el deseo del alma, que siempre busca a Dios, de una forma o de otra. ¿Experimento en mí el deseo de Dios? ¿Es un deseo vivo, esperanzado, animoso? La parábola de hoy nos invita también a reflexionar sobre aquellos aspectos de la vida en los cuales nos hemos acomodado, hemos perdido el amor primero que nos mantiene ardientes para obrar y deseosos de encontrar al Señor, aunque sea esto lo que nuestra vida necesita. Las parábolas sobre el fin de los tiempos nos son propuestas ante la cercanía del fin del año litúrgico. Cada tiempo que llega a su fin nos acerca al fin definitivo: el momento de la separación. Los cristianos somos aquellos que nos distinguimos por no habernos dormido en el alma según el mundo, “tan callando”, sino que permanecemos con
el alma bien despierta, ansiosa por la llegada de Cristo que nos ilumine de verdad acerca del misterio de la vida.

Participar en la celebración de la Iglesia es una forma de tener en cuenta la promesa del Señor, pues no celebramos hasta cansarnos, sino “hasta que vuelvas”; celebrar es querer estar en vela. La belleza de vigilar cada día se expresa así, en que no hacemos sólo pensando en el día de hoy, sino sembrando con nuestra prudencia y sabiduría para ser invitados a entrar en la casa el día de mañana.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de la Plegaria I por diversas circunstancias


En verdad es justo y necesario darte gracias
y cantarte un himno de gloria y de alabanza,
Señor, Padre de infinita bondad.
Porque has reunido por medio del Evangelio de tu Hijo
a hombres de todo pueblo, lengua y nación, en una única Iglesia,
y por ella, vivificada por la fuerza de tu Espíritu,
no dejas de congregar a todos los hombres en la unidad.
Ella manifiesta la alianza de tu amor,
ofrece incesantemente la gozosa esperanza del reino,
y resplandece como signo de tu fidelidad
que nos prometiste para siempre en Jesucristo, Señor nuestro.
Por eso, con todas las potestades del cielo y con toda la Iglesia,
te aclamamos en la tierra sin cesar, diciendo a una sola voz:
Santo, Santo, Santo..






 


Para la Semana

Lunes 13:

Sabiduría 1, 1 7. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres: el espíritu del Señor llena la tierra.

Sal 138. Guíame, Señor, por el camino eterno.

Lucas 17,1 6. Si siete veces vuelve a decirte: “lo siento” lo perdonarás.

Martes 14:

Sabiduría 2,23-3,9. Los insensatos pensaban que habían muerto, pero ellos están en paz.

Sal 33. Bendigo al Señor en todo momento.

Lucas17,7-10. Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer
Miércoles 15:

Sabiduría 6,1-11. Escuchad, reyes, para que aprendáis sabiduría.

Sal 81. Levántate, oh Dios, y juzga la tierra.

Lucas 17,11-19. ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?
Jueves 16:

Sabiduría 7,22 8,1. La sabiduría es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios.

Sal 118. Tu palabra, Señor, es eterna

Lucas 17,20 25. El Reino de Dios está dentro de vosotros.
Viernes 17:
Santa Isabel de Hungría, religiosa. Memoria

Sabiduría 13,1 9. Si han sido capaces de escudriñar el universo, ¿cómo no encontraron a su Señor?

Sal 18. El cielo proclama la gloria de Dios.

Lucas 17,26 37. El día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Sábado 18:
San Josalat (1580 1623), obispo y mártir, trabajó por la unidad de la Iglesia.

Sabiduría 18, 14 16; 19,6 9. Se vio el mar Rojo convertido en camino practicable, y triscaban como corderos.

Sal 104. Recordad las maravillas que hizo el Señor.

Lucas 18,1 8. Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.


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