Archiv para 8 noviembre, 2017

Esta es mi batalla…

Escrito por Comentarista 11 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy puede parecer contradictorio. Por un lado vemos a Jesús con muchísimo realismo hablando de la necesidad de calcular, de calibrar bien a lo que uno se enfrenta: «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar.” O ¿qué rey, que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con 10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000? Y si no, cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.

Y por otro lado saca la conclusión: “Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.” Aquí nos habla de la necesidad de renunciar a todos los bienes y seguridades. Pero, ¿de qué construcción o de que batalla está hablando Jesús?

Jesús nos habla de “la torre de nuestra vida” y para ello, como cuando habla de construir sobre roca y no sobre arena, nos vuelve a remarcar, que lo importante es construir la vida sobre Su Amor y no sobre nuestras posibilidades materiales o sobre nuestro ego. Cuando nos llenamos de Su Amor es cuando somos capaces de sacrificarnos y de negarnos a nosotros mismos por amor a las personas que tenemos cerca. Todos conocemos relaciones de pareja o matrimoniales que fracasan porque se exigen el uno al otro la felicidad y ninguno está dispuesto a dejar su bienestar o intereses por el otro.

La batalla de la que nos habla Jesús es la batalla de construir el reino de Dios en la tierra, la batalla de ser un poquito mejores cada día, la batalla de no dejar que el mal que veo a mi alrededor me quite la esperanza, la batalla de amar de verdad a las personas como discípulo de Jesús y para ello nuestro mayor enemigo es nuestro ego. La mejor preparación y equipamiento para esta batalla es venderlo todo: mi orgullo, mis intereses, mi comodidad, etc. Al contrario de la batallas de nuestro mundo, en ésta cuanto más “desarmados” estemos mejor. Solamente las personas que no tienen nada que perder son capaces de defender la verdad, de luchar por sacar adelante la vida de los demás. Las personas verdaderamente humildes han sido capaces de vencer las mayores batallas tanto en sus propias casas como en la calle; han podido enfrentarse a los mayores retos de la vida y llegar a provocar grandes cambios en la sociedad.

Recordamos en éste día las palabras de Nelson Mandela, quien después de 27 años de cárcel, puede decir en una humildad enorme, que es “el capitán de su alma” :

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Los Cuatro Santos Coronados, mártires († c. a. 304 )

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Segundo, Claudio, Primo, Macario, Justo, Amaranto, Nicostrato, Sinforiano, Castorio, Simplicio, los Cuatro Santos Coronados: Severo, Severino, Carpóforo y Victoriano, mártires; Matrona, abadesa; Mauro, Godofredo, Wilchado, obispos; Eufrosina, Hugo, confesores; Gregorio, Tisilo, abades.

08/11/2017 – Miércoles la 31ª semana de Tiempo Ordinario. La Dedicación de la Basílica de Letrán

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Vi agua que manaba del templo, y habrá vida donde llegue el torrente
Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-2. 8-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo.

De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este – el templo miraba al este -. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.

Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.

Me dijo:

«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado el él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.

En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Palabra de Dios.

Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9
R. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.

Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.

El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R.

SEGUNDA LECTURA

Aleluya 2 Crón 7, 16a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. He elegido y santificado este templo – dice el Señor –
para que mi Nombre esté en él eternamente. R

EVANGELIO
Hablaba del templo de su cuerpo
Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito:

«El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron:

«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor.

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