El panadero hace pan, el pastelero pasteles, el zapatero zapatos, el fresador no hace fresas y los jueces hacen justicia. Mucho se meten con la justicia en este país, que si muy lenta, que las leyes están mal hechas, que son muy blandas o muy duras, pero al final se hace justicia según las leyes de cada país. Si alguna vez os ha llegado una citación judicial por cualquier tontería, y miras la fecha de los hechos tienes que empezar a recordar lo que hiciste hace tres o cuatro años para saber de qué tienes que declarar. Yo de lo que hice ayer más o menos me acuerdo, de lo que pasó el 15 de mayo de 2013 me cuesta un poco más recordarlo. Pero el juez te llamará y te preguntará.

“Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viviendo a cada momento a importunarme”».

Fijaos bien, el juez, por muy inicuo que sea, termina haciendo justicia. No traspapela el caso, lo hecha en el olvido o decide darle la razón a la viuda por pesada. No sabemos el resultado del juicio, tal vez la viuda fue condenada a quince años y un día de prisión y a pagar los costes, o ignoramos.

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Hoy pedimos a Dios que haga justicia. Tristemente mucha gente hoy no cree en la justicia divina. Bajo pretexto de la misericordia entrañable, del corazón del buen Dios, de “cómo un Padre va a condenar a sus hijos…,” se ha dejado de creer que Dios hará justicia, todo será cubierto por un gran manto de perdón incondicional.

Puede parecer muy “progre” y “avanzado” hablar de ese perdón incondicional de Dios frente a toda nuestra vida. Sin embargo, en el plano puramente humano: ¿Quién no quiere que se haga justicia? Los corruptos para quedarse con el fruto de sus desfalcos, los asesinos que jamás podrán devolver lo que robaron, una vida. Los explotadores que destrozan la vida a otros para enriquecerse, los mentirosos que no quieren que se descubra su falsedad… Y ¿quién quiere que se haga justicia? Los pobres que han sido despojados de sus bienes para vivir, los que han sido estafados, a los que se les ha arrebatado un hijo por la violencia, los que pierden el sentido de su vida pues están amenazados o atemorizados. Los que han sido engañados o se ha quitado su dignidad.

Así, los “modernos” que niegan el juicio de Dios, se ponen al lado de los corruptos, asesinos, estafadores, explotadores y mentirosos, y se creen muy avanzados.

Dios ¿negará la justicia a sus pobres? Seguro que no.

Y terminamos con esa frase inquietante: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”. Esperemos que sí, que tu yo pidamos todos los días por mantener la fe.

La Virgen María guarda la fe de los pequeños, no me dejes crecer y hacerme “mayor”