Archiv para 23 noviembre, 2017

¡Dominus Flevit!

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Cuando los peregrinos a Tierra Santa hacen su entrada en la ciudad de Jerusalén por el monte de los olivos, a mitad de la falda del monte, se encuentran con una capilla pequeña denominada “Dominus Flevit” ( El Señor lloró). Aquella iglesia con forma de lágrima recuerda el pasaje de Lucas en el que Jesús al contemplar la ciudad santa lloró.

Todavía impresiona mas cuando uno entra en su interior. No hay retablo sino una gran cristalera desde la que se ve Jerusalén. ¡Aquella fue la contemplación de Jesús! Pero lo que Jesús contempló no fue sólo una ciudad bella. Sus lágrimas no fueron de emoción ante la belleza de una ciudad. La mirada de Jesús fue más profunda. Contemplando aquella ciudad contemplaba a cada uno de sus habitantes y a cada uno de los habitantes del mundo. Contemplaba la ingratitud de tantos que no acogen ni acogerán su persona. Sus lágrimas, por tanto, son lágrimas de dolor, de pena. Este pasaje del evangelio nos muestra cómo late el Corazón de Jesús. Podríamos decir que el Señor contempla con el Corazón.

Esta experiencia la han vivido también los santos. El pobre de Asís, San Francisco, gritaba por las calles: ¡El amor no es amado! ¡El amor no es amado!

Esa misma experiencia es la que tuvo aquella religiosa de la Visitación, Santa Margarita María de Alacoque, cuando el 16 de Junio de 1675  recibió las revelaciones del Corazón de Jesús. El Señor le mostró su Corazón rodeado de llamas y coronado de espinas mientras le dijo: He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor.

Jesús continúa lamentándose como en el Evangelio. Nos ama tanto y nosotros continuamos sin acoger su amor. ¿Cómo puedo yo reparar el Corazón del Señor? En primer lugar acogiendo el amor de Dios en mi vida. Haciendo un acto de fe en el amor misericordioso de Dios. En segundo lugar volcando ese amor de Dios hacia afuera, hacia los demás, hacia el prójimo.

Así lo hizo la Beata Teresa de Calcuta. Cuando entraba en aquellos lugares oscuros de esa ciudad escuchó la llamada del Señor: ¡Ven, se mi luz! Y así fue como comenzó a iluminar tantos corazones con el amor del Señor.

Pidamos a la Virgen María que nos conceda afectarnos por el dolor del Corazón de Cristo y nos dispongamos a recibir y dar a los demás el amor del Corazón del Señor.

Lucrecia, mártir (c. a. 281 y 313)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Clemente I, papa y mártir; Lucrecia, Felícitas y sus 7 hijos: Jenaro, Félix, Felipe, Silvano, Alejandro, Vidal y Marcial, mártires; Sisinio, Gregorio, obispos; Guido, abad; Anfiloquio, Asclepiodoro, Trudón, Heleno, confesores; Faletro, abad; Raquildis, virgen, beata; Miguel, Agustín, mártires, beatos.

Clemente I, papa († c. a. 97)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Clemente I, papa y mártir; Lucrecia, Felícitas y sus 7 hijos: Jenaro, Félix, Felipe, Silvano, Alejandro, Vidal y Marcial, mártires; Sisinio, Gregorio, obispos; Guido, abad; Anfiloquio, Asclepiodoro, Trudón, Heleno, confesores; Faletro, abad; Raquildis, virgen, beata; Miguel, Agustín, mártires, beatos.

23/11/2017 – Jueves de la 33ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Viviremos según la alianza de nuestros padres
Lectura del segundo libro de los Macabeos 2, 15-29

En aquellos días, los funcionarios reales, encargados de imponer la apostasía, llegaron a Modin, para que la gente ofreciese sacrificios, y muchos israelitas acudieron a ellos.

Matatías y sus hijos se reunieron aparte. Los funcionarios del rey tomaron la palabra y dijeron a Matatías:

«Tú eres un personaje ilustre, un hombre importante en esta ciudad, y estás respaldado por tus hijos y parientes. Adelántate el primero, haz lo que manda el rey, como lo han hecho todas las naciones, y los mismos judíos, y los que han quedado en Jerusalén. Tú y tus hijos recibiréis el título de Amigos del rey; os premiarán con oro y plata y muchos regalos».

Pero Matatias respondió en voz alta:

«Aunque todos los súbditos del rey le obedezcan apostatando de la religión de sus padres, y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes viviremos según la Alianza de nuestros padres. ¡Dios me libre de abandonar la ley y nuestras costumbres! No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión ni a derecha ni a izquierda».

Nada más decirlo, un judío se adelantó a la vista de todos, dispuesto a sacrificar sobre el ara de Modin, como lo mandaba el rey.

Al verlo, Matatias se indignó, tembló de cólera y, en un arrebato de ira santa, corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y, acto seguido, mató al funcionario real que obligaba a sacrificar y derribó el ara. Lleno de celo por la ley, hizo lo que Pinjás a Zimrí, hijo de Salu.

Luego empezó a decir a voz en grito por la ciudad:

«Todo el que sienta celo por la ley y quiera mantener la Alianza, que me siga!».

Y se echó al monte, con sus hijos, dejando en la ciudad todo cuanto tenía.

Por entonces, muchos decidieron bajar al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir santamente de acuerdo con el derecho y la justicia.

Palabra de Dios.

Sal 49, 1-2. 5-6. 14-15
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa,
Dios resplandece. R.

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar. R.

«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria». R.

Aleluya Cf. Sal 94, 8a. 7d
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. No endurezcáis hoy vuestro corazón
escuchad la voz del Señor. R

EVANGELIO
¡Si reconocieras lo que conduce a la paz!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:

«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Palabra del Señor.

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