Archiv para 26 noviembre, 2017

Rey humilde

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Contaban de un joven ladrón, que aprovechando la obscuridad nocturna, entró en la catedral de Viena a robar. Se dirigió al altar mayor donde había, colgado de la bóveda un gran crucifijo con Cristo coronado como Rey con una extraordinaria tiara de oro y piedras preciosas. Cuando el joven estaba, cogiendo con sus manos, la preciosa corona oyó una voz del Cristo que le decía: “¡No cojas lo que no vale! Toma mi corazón.

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, rey eterno y universal cuyo dominio abarca el centro y la identidad de cada persona. Su reino es de paz, justicia y amor. Un reino que no se impone, sino que invita tocando el corazón de cada persona. Cristo es un Rey muy especial que busca a cada hombre y habla de “corazón a corazón”, mostrándose tal cual es: Rey y Señor de todo, Rey manso y humilde de corazón. Es rey sí, pero sin palacio; tiene corona sí, pero de espinas; tiene trono sí, pero una cruz… Un rey muy especial.

Las lecturas de este domingo nos describen esta realeza de Cristo. Lo hacen de una manera muy curiosa. Por un lado manifiestan la divinidad del Hijo del Hombre, dotado de poder real y dominio eterno sobre todos los pueblos (Dn 7, 13-14) y a Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra lleno de gloria y poder eterno (Ap 1,5-8). Y por otro, cómo este Hijo del Hombre, revestido de gloria y majestad, se abaja humildemente ante Poncio Pilato el procurador romano (Jn 18,33b-37).

¿Cuál es la nota distintiva de este Rey? la humildad. No impone, suplica, solicita insistentemente al corazón del hombre. Acerquémonos a texto de San Juan para descubrir a un Rey que, al igual que lo hace con Pilato, también me busca y llama a mi corazón: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).

Impresiona la figura de Cristo, Rey y Juez del Universo, que aparece atado como un vulgar delincuente, como un reo que va a ser condenado a muerte. Se ve al Señor despojado injustamente hasta de su honra y humillado ante judíos y romanos y sin embargo esta humildad y mansedumbre ante tamaña injusticia le reviste de una insólita majestad y señorío que impresiona y penetra en lo más profundo del corazón del hombre provocando una respuesta y una toma de postura.

Cristo se reafirma ante la pregunta de Pilato sobre su realeza: “Tú lo dices, soy Rey”. Aparecen aquí el señorío y la Majestad de Jesucristo sin necesidad de aditamentos humanos que revelen la grandeza del Señor. Nada puede manifestar mejor esto que la sencillez de un cuerpo humillado, injuriado y despreciado frente a nuestras miras humanas de realeza, ostentación y vanagloria. Es en ese cuerpo tocado por la injusticia donde resuena, de un modo incuestionable, la personalidad divina de Jesucristo y su realeza.

Una realeza que “da testimonio de la Verdad. Jesucristo nos revela que la verdad se comprende entrando en una relación. Por eso responde a Pilato: “el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18, 37). Se manifiesta que la verdad no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a ella, pues de ella venimos. Y que en la verdad hay siempre una escucha a la llamada primera, a la voz que suscita y llama. Por eso la verdad requiere abrir el corazón, la conversión y, por supuesto, la apertura del oído para escucharla.

Sin la verdad el hombre pierde en definitiva el sentido de su vida para dejar campo libre al que impone sus criterios, es decir a los más fuertes y poderosos. A todo esto tiene que hacer frente Pilato, el juez es puesto a prueba por el imputado. Se han cambiado los papeles. Es el Señor, el sometido a juicio, quien señala y toca lo más profundo del corazón del gobernador romano.

Pilato, lleno de miedo e inquietud, percibe el mensaje de Jesucristo y como se siente inseguro y sin fuerza para abrazar la verdad se escapará diciendo: “Y ¿qué es la verdad?”. Y recurrirá a sus poderes humanos para tranquilizar su corazón.

Jesucristo, Rey del universo, hoy, con la misma solemnidad, como lo hizo con Pilato, me interpela. ¿Qué le responderé? ¿Abriré mi corazón y le dejaré reinar o, por el contrario, huiré con vanas justificaciones y pretextos y me apoyaré en “poderes humanos”?

Que María Reina prepare en nuestro corazón el auténtico reinado de Jesucristo.

Leonardo de Porto Maurizio, religioso (1676-1751)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Silvestre, abad y fundador; Siricio, papa; Belino, Didio, Ammonio, Fileas, Esiquio, Pacomio, obispos y mártires; Leonardo de Puerto Mauricio, Magnancia, Máxima, Básolo, Justo, Gregorio, Basle, confesores; Marcelo, Nicandro, mártires; Amador, Conrado, Sebaldo, obispos; Fausto, presbítero; Gaudencio, patriarca; Pedro, patriarca y mártir; Martino, Nicón, monjes; Delfina, virgen; Alipio, estilita; Estiliano, anacoreta; Juan Berchmans, confesor.

26/11/2017 – Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
A vosotras, mi rebaño, yo voy a juzgar entre oveja y oveja
Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Esto dice el Señor Dios:

«Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré.

Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones.

Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar – oráculo del Señor Dios -.

Buscaré la oveja perdida, recogeré a las descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia».

En cuanto a vosotros, mis rebaño, esto dice el Señor: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrio».

Palabra de Dios.

Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R.

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA
Entregará el reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:

Cristo ha resucitó de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.

Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.

Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después en final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte.

Y, cuando le haya sometido todo, entonces también el mismo Hijo se someterá al que se lo había sometido todo.

Así Dios será todo en todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 11, 9. 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Bendito el reino que llega, el de nuestro Padre David!. R

EVANGELIO
Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Entonces los justos le contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”

Y el rey les dirá:

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños conmigo lo hicisteis”.

Entonces dirá a los de su izquierda:

“Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también estos contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”

Él les replicará:

“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.

Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor.

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