Archiv para noviembre, 2017

Inteligencia

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Muchas veces nos encontramos con diversas complicaciones en nuestra vida diaria, especialmente en los trabajos, para poder ser fieles al Evangelio del Señor o para celebrar el Día del Señor, el domingo. Que decir cuando llega la cuaresma o queremos hacer ayuno sin que nadie se de cuenta, la dificultad para poder pasar desapercibidos, o dar explicaciones. Esto no es nada con lo que tienen que pasar día a día los cristianos perseguidos en muchos países del mundo. Arriesgan su propia vida si quieren vivir su fe y ser fieles a Dios.

 

Así les pasa hoy en la primera lectura a estos cuatro jóvenes judíos que son seleccionados para el servicio del rey pagano de Babilonia. Me parece muy instructiva y valiosa la enseñanza de este pasaje. Ante la decisión que le puede llevar a perder la vida por no obedecer al rey, o desobedecer a Dios para no ponerse en peligro, optan por ponerse en manos de Dios y usar el don de la inteligencia que nos da el Espíritu Santo. Al final, estos jóvenes creyentes consiguen ser fieles a Dios y respetar el poder terrenal en el que conviven.

 

Daniel, Ananías, Misael y Azarías, sin dudar en ningún momento de respetar la ley de Dios, buscaron la manera de llevar a delante las órdenes del Rey Nabucodonosor. Su fe y nobleza de corazón para vivir la Verdad, les lleva a actuar con inteligencia. El Señor les ayuda y les ilumina. Y el resultado es mejor de lo esperado. Nosotros, en muchas ocasiones somos vagos, dejados y timoratos. Y ante decisiones parecidas, con riesgo de perder el trabajo o de no ser aceptado social o familiarmente, rápidamente caemos en la tentación de dejar a un lado nuestros valores evangélicos, la voluntad de Dios y diluirnos en la masa, haciendo lo mismo que los demás.

 

¿En cuantas ocasiones suspendemos nuestros principios cristianos o no preguntamos a Dios que quiere que hagamos, por miedo al que dirán o a que nos humillen? No terminamos de caer en la cuenta, de reflexionar, lo débil que es nuestra fe o la cobardía y la falta de amor a Dios que tenemos ¿Puede ser tan baja nuestra autoestima que ni siquiera nos planteemos por un momento que solución nos ofrece el Señor?

 

Trabajar y emplear los dones que Dios nos da con laboriosidad y humildad, nos ayudan a seguirle y vivir su voluntad afrontando con éxito cualquier dificultad. El problema es que no lo hacemos. Nos creemos o aparentamos que somos autosuficientes, y no es así. Tenemos que aprender de estos jóvenes judíos en un ambiente hostil o de la viuda del evangelio que ofrece a Dios todo lo que tiene para vivir. A Él le debe todo y es el que le ayuda y salva su vida. Utiliza la inteligencia y esta te llevará a abandonarte en Dios, a confiar en Él, a dejarte iluminar por su sabiduría para hacer el bien, lo bueno, lo constructivo, lo que quiere.

La Medalla Milagrosa

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Santos: Acacio, Apolinar, Barlaán, Gustano, Josafat, confesores; Desiderio, Sigfredo, Valeriano, Virgilio, Máximo, obispos; Irenarco, Acacio, presbíteros y mártires; Facundo, Primitivo, Jacobo, Irenarco, Oda, Maharhapor, Basileo, Auxilio, Saturnino, Santiago, Severino, mártires; Bihildis, virgen; Edvoldo, eremita.

27/11/2017 – Lunes de la 34ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No se encontró a ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías
Comienzo de la profecía de Daniel 1, 1-6. 8-20

El año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a Jerusalén y la asedió.

El Señor entregó en su poder a Joaquín, rey de Judá y todo el ajuar que quedaba en el templo. Nabucodonosor se los llevó a Senaar, al templo de su Dios, y el ajuar del templo lo metió en el depósito del templo de su dios.

El rey ordenó a Aspenaz, jefe de eunucos, seleccionar algunos hijos de Israel de sangre real y de la nobleza, jóvenes, perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en la sabiduría, cultos e inteligentes, y aptos para servir en el palacio real; y ordenó que les enseñasen la lengua y literatura caldeas.

Cada día el rey les pasaba una ración de comida y de vino de la mesa real.

Su educación duraría tres años, al cabo de los cuales entrarían al servicio del rey.

Entre ellos, había unos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías.

Daniel hizo propósito de no contaminarse con los manjares, ni con el vino de la mesa real, y pidió al capitán de eunucos que lo dispensase de aquella contaminación.

Dios concedió a Daniel encontrar gracia y misericordia en el capitán de los eunucos, y este dijo a Daniel:

«Tengo miedo al rey mi señor, que os ha asignado la ración de comida y bebida; pues si os ve más flacos que vuestros compañeros, ponéis en peligro mi cabeza delante del rey».

Daniel dijo al encargado que el capitán de los eunucos había puesto para cuidarlos a él, a Ananías, a Misael y a Azarías:

«Por favor, prueba diez días con tus siervos: que nos den legumbres para comer y agua para beber. Después , que comparen en tu presencia nuestro aspecto y el de los jóvenes que comen de la mesa real y trátanos según el resultado».

Él les aceptó la propuesta e hizo la prueba durante diez días. Después de los diez días tenían mejor aspecto y estaban más robustos que cualquiera de los jóvenes que comían de la mesa real. Así que el encargado les retiró la ración de comida y de vino, y les dio legumbres.

Dios les concedió a los cuatro inteligencia, comprensión de cualquier escritura y sabiduría. Daniel sabía, además interpretar visiones y sueños.

Al cumplirse el plazo señalado para presentarlos al rey, el capitán de los eunucos los llevó a Nabucodonosor. Después de hablar con ellos, el rey no encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y quedaron a su servicio.

Y en todas las cuestiones y problemas que el rey les proponía, los encontró diez veces superiores al resto de los magos y adivinos de todo su reino.

Palabra de Dios.

Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56
R. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso. R.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.

Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R.

Bendito eres en la bóveda del cielo. R.

Aleluya Mt 24, 42a. 44
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Estad en vela y preparados,
porque a la hora que menos penséis
viene el Hijo del hombre. R

EVANGELIO
Vio una viuda pobre que echaba dos monedillas.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 1-4

En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas y dijo:

«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor.

Rey humilde

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Contaban de un joven ladrón, que aprovechando la obscuridad nocturna, entró en la catedral de Viena a robar. Se dirigió al altar mayor donde había, colgado de la bóveda un gran crucifijo con Cristo coronado como Rey con una extraordinaria tiara de oro y piedras preciosas. Cuando el joven estaba, cogiendo con sus manos, la preciosa corona oyó una voz del Cristo que le decía: “¡No cojas lo que no vale! Toma mi corazón.

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, rey eterno y universal cuyo dominio abarca el centro y la identidad de cada persona. Su reino es de paz, justicia y amor. Un reino que no se impone, sino que invita tocando el corazón de cada persona. Cristo es un Rey muy especial que busca a cada hombre y habla de “corazón a corazón”, mostrándose tal cual es: Rey y Señor de todo, Rey manso y humilde de corazón. Es rey sí, pero sin palacio; tiene corona sí, pero de espinas; tiene trono sí, pero una cruz… Un rey muy especial.

Las lecturas de este domingo nos describen esta realeza de Cristo. Lo hacen de una manera muy curiosa. Por un lado manifiestan la divinidad del Hijo del Hombre, dotado de poder real y dominio eterno sobre todos los pueblos (Dn 7, 13-14) y a Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra lleno de gloria y poder eterno (Ap 1,5-8). Y por otro, cómo este Hijo del Hombre, revestido de gloria y majestad, se abaja humildemente ante Poncio Pilato el procurador romano (Jn 18,33b-37).

¿Cuál es la nota distintiva de este Rey? la humildad. No impone, suplica, solicita insistentemente al corazón del hombre. Acerquémonos a texto de San Juan para descubrir a un Rey que, al igual que lo hace con Pilato, también me busca y llama a mi corazón: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20).

Impresiona la figura de Cristo, Rey y Juez del Universo, que aparece atado como un vulgar delincuente, como un reo que va a ser condenado a muerte. Se ve al Señor despojado injustamente hasta de su honra y humillado ante judíos y romanos y sin embargo esta humildad y mansedumbre ante tamaña injusticia le reviste de una insólita majestad y señorío que impresiona y penetra en lo más profundo del corazón del hombre provocando una respuesta y una toma de postura.

Cristo se reafirma ante la pregunta de Pilato sobre su realeza: “Tú lo dices, soy Rey”. Aparecen aquí el señorío y la Majestad de Jesucristo sin necesidad de aditamentos humanos que revelen la grandeza del Señor. Nada puede manifestar mejor esto que la sencillez de un cuerpo humillado, injuriado y despreciado frente a nuestras miras humanas de realeza, ostentación y vanagloria. Es en ese cuerpo tocado por la injusticia donde resuena, de un modo incuestionable, la personalidad divina de Jesucristo y su realeza.

Una realeza que “da testimonio de la Verdad. Jesucristo nos revela que la verdad se comprende entrando en una relación. Por eso responde a Pilato: “el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18, 37). Se manifiesta que la verdad no nos pertenece, sino que nosotros pertenecemos a ella, pues de ella venimos. Y que en la verdad hay siempre una escucha a la llamada primera, a la voz que suscita y llama. Por eso la verdad requiere abrir el corazón, la conversión y, por supuesto, la apertura del oído para escucharla.

Sin la verdad el hombre pierde en definitiva el sentido de su vida para dejar campo libre al que impone sus criterios, es decir a los más fuertes y poderosos. A todo esto tiene que hacer frente Pilato, el juez es puesto a prueba por el imputado. Se han cambiado los papeles. Es el Señor, el sometido a juicio, quien señala y toca lo más profundo del corazón del gobernador romano.

Pilato, lleno de miedo e inquietud, percibe el mensaje de Jesucristo y como se siente inseguro y sin fuerza para abrazar la verdad se escapará diciendo: “Y ¿qué es la verdad?”. Y recurrirá a sus poderes humanos para tranquilizar su corazón.

Jesucristo, Rey del universo, hoy, con la misma solemnidad, como lo hizo con Pilato, me interpela. ¿Qué le responderé? ¿Abriré mi corazón y le dejaré reinar o, por el contrario, huiré con vanas justificaciones y pretextos y me apoyaré en “poderes humanos”?

Que María Reina prepare en nuestro corazón el auténtico reinado de Jesucristo.

Leonardo de Porto Maurizio, religioso (1676-1751)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Silvestre, abad y fundador; Siricio, papa; Belino, Didio, Ammonio, Fileas, Esiquio, Pacomio, obispos y mártires; Leonardo de Puerto Mauricio, Magnancia, Máxima, Básolo, Justo, Gregorio, Basle, confesores; Marcelo, Nicandro, mártires; Amador, Conrado, Sebaldo, obispos; Fausto, presbítero; Gaudencio, patriarca; Pedro, patriarca y mártir; Martino, Nicón, monjes; Delfina, virgen; Alipio, estilita; Estiliano, anacoreta; Juan Berchmans, confesor.

26/11/2017 – Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
A vosotras, mi rebaño, yo voy a juzgar entre oveja y oveja
Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Esto dice el Señor Dios:

«Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré.

Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré, sacándolo de los lugares por donde se había dispersado un día de oscuros nubarrones.

Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar – oráculo del Señor Dios -.

Buscaré la oveja perdida, recogeré a las descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia».

En cuanto a vosotros, mis rebaño, esto dice el Señor: «Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrio».

Palabra de Dios.

Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R.

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA
Entregará el reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:

Cristo ha resucitó de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.

Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.

Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo, en su venida; después en final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en ser destruido será la muerte.

Y, cuando le haya sometido todo, entonces también el mismo Hijo se someterá al que se lo había sometido todo.

Así Dios será todo en todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 11, 9. 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Bendito el reino que llega, el de nuestro Padre David!. R

EVANGELIO
Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

“Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Entonces los justos le contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”

Y el rey les dirá:

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños conmigo lo hicisteis”.

Entonces dirá a los de su izquierda:

“Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también estos contestarán:

“Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”

Él les replicará:

“En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”.

Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».

Palabra del Señor.

Miremos hacia arriba…

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Nos acercamos a la fiesta de Cristo Rey y con ella terminaremos un año litúrgico y con el Adviento comenzaremos un nuevo año. Las lecturas de estos días, sobre todo la de los domingos, nos hacen mirar a las realidades últimas: el cielo, la muerte, el infierno…

Poco se habla hoy de estas cosas porque tenemos una mirada muy cortita. Vivimos mirando hacia abajo, hacia lo más concreto de nuestra historia. El Señor en este evangelio nos cambia la mirada, nos invita a mirar hacia arriba, hacia el cielo.

A estos saduceos no les interesa para nada la Resurrección, de hecho no creen en ella. Pero se acercan a Jesús para dejarle en evidencia, le preguntar para “pillarle”. ¡Qué gran maestro es el Señor! No solo no le pillan sino que consiguen que nos de una explicación sobre el final de los tiempos y sobre todo nos muestra como es Dios, nuestro Dios. Además se nos resitúa el misterio de la muerte.

La muerte no es una meta sino una puerta. Lo propio de la puerta es comunicar dos estancias. Y la muerte es precisamente eso: lo que comunica la vida terrena con la vida eterna. La muerte no tiene la última palabra porque Cristo la venció. La muerte es, por tanto, un paso a algo grande: a la comunión eterna con Dios. ¡Que bello, me decía una persona ante de morir, será el encuentro con el Padre de la Misericordia! Y para ello hay que pasar por esa puerta.

Lo que asegura esa vida eterna es precisamente la definición que hace Jesús acerca de Dios, no es un Dios de muertos sino de vivos. Porque como dice el Señor: porque para él todos están vivos.

Hoy celebramos también la Fiesta de la Presentación de la Virgen María en el Templo. Ella sí que creyó en la palabra de Jesús y ya goza de la misma gloria de Dios. Le pedimos a ella que nos conceda la gracia de mirar hacia arriba donde nos espera ella para introducirnos en el banquete del Reino celestial.

25/11/2017 – Sábado de la 33ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Por las desgracias que hice en Jerusalén, muero de tristeza
Lectura del primer libro de los Macabeos 6, 1-13

En aquellos días, el rey Antíoco recorría las provincias del norte cuando se enteró de que había en Persia una ciudad llamada Elimaida, famosa por su riqueza en plata y oro, con un templo lleno de tesoros: escudos dorados, lorigas y armas depositadas allí por Alejandro, el de Filipo, rey de Macedonia, primer rey de los griegos.

Antioco fue allá e intentó apoderarse de la ciudad y saquearla; pero no pudo, porque los de la ciudad, dándose cuenta de lo que pretendía, salieron a atacarle.

Antioco tuvo que huir y emprendió apesadumbrado el viaje de vuelta a Babilonia,.

Cuando él se encontraba todavía en Persia, llegó un mensajero con la noticia de que la expedición militar contra Judea había fracasado y que Lisias, que en un primer momento se había presentado como caudillo de un poderoso ejército, había huido ante los judíos; estos, sintiéndose fuertes con las armas, pertrechos y el enorme botín de los campamentos saqueados, habían derribado la abominación de la desolación construida sobre el altar de Jerusalén, habían levantado en torno al santuario una muralla alta como la de antes, y habían hecho lo mismo en Bet Sur, ciudad que pertenecía al rey.

Al oír este informe, el rey se asustó y se impresionó de tal forma que cayó en cama y enfermó de tristeza, porque no le habían salido las cosas como quería.

Allí pasó muchos días, cada vez más triste. Pensó que se moría, llamó a todos sus Amigos y les dijo:

«El sueño ha huido de mis ojos y estoy abrumado por las preocupaciones y me digo: “¡A qué tribulación he llegado, en qué violento oleaje estoy metido, yo, que era feliz y querido cuando era poderoso! Pero ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén, robando todo el ajuar de plata y oro que había allí, y enviando gente que exterminase sin motivo a los habitantes de Judea. Reconozco que por eso me han venido estas desgracias. Ya veis, muero de tristeza en tierra extranjera”».

Palabra de Dios.

Sal 9, 2-3. 4 y 6. 16 y 19
R. Gozaré con tu salvación, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. R.

Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido. R.

Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá. R.

Aleluya Cf. 2 Tim 1, 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Nuestro Salvador, Crsito Jesús, destruyó la muerte,
e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R

EVANGELIO
No es Dios de muertos, sino de vivos.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-40

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:

«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».

Jesús les dijo:

«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos:porque para él todos están vivos».

Intervinieron unos escribas:

«Bien dicho, Maestro».

Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

Hacer una casa de oración.

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¡Qué pronto se desvirtúan las cosas con el tiempo! En cambio, qué importante es saber ir a la razón de ser de las cosas. Todo tiene un sentido y cuando las cosas lo pierden se convierten en un sinsentido.

Jesús, el Logos, es quien da sentido a todas las cosas. Este es el motivo del acto profético que Jesús realiza al entrar en el templo de Jerusalén. No estamos, sin más, ante un episodio de un enfado de Jesús. Estamos ante una de las acciones más mesiánicas de Jesús: hacer descubrir el sentido de todas las cosas.

La dinámica del culto en Israel había promovido unos vicios adquiridos. Las necesidades de los sacrificios precisaban animales, eso implica dinero, etc… Y al final, lo accesorio había copado el Templo… ¡Qué pronto se desvirtúan las cosas!

Jesús entra en el Templo y devuelve, con su acción, el sentido del Templo: Mi casa es casa de oración; pero vosotros la habéis convertido en una cueva de bandidos. Lo propio del Templo es la oración, porque lo propio del Templo es que sea un lugar para el encuentro con el Señor. Con esta acción Jesús purifica el culto y el Templo.

Esta misma reflexión nos la podemos hacer nosotros hoy. A veces nuestras prácticas de Piedad carecen de sentido porque hemos puesto el énfasis en lo accesorio y no en lo principal. ¿Cómo entramos en nuestros Templos? ¿Cómo hacemos la genuflexión ante el Sagrario? ¿Cómo nos santiguamos? En el fondo son preguntas que nos ayudan a buscar el sentido de las prácticas piadosas que tienen como finalidad el encuentro con el Señor.

Pero podemos dar un paso más. Nosotros también somos Templo de Dios. ¿Cómo es nuestra vida? ¿Qué hay en nuestro corazón? ¡Ojala sea un lugar de adoración!

Que la Virgen María, Templo y Sagrario de la Santísima Trinidad haga de nosotros un Templo agradable para Dios y una continua adoración.

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