Archiv para noviembre, 2017

Flora y María, mártires († 851)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Andrés Kim, Dung-Lac y compañeros mártires de Corea, Crisógono, Alejandro, Flora y María, Fermina, Crescenciano, Felicísimo, mártires; Bálsamo, Porciano, abades; Hermógenes, Colman, Flaviano, Hoardón, Protasio, Leonino, obispos; Menefreda, virgen; Marino, monje; Román, presbítero.

24/11/2017 – Viernes de la 33ª semana de Tiempo Ordinario.

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PRIMERA LECTURA
Celebraron la consagración, ofreciendo con alegría holocaustos
Lectura del primer libro de los Macabeos 4, 36-37. 52-59

En aquellos días, Judas y sus hermanos propusieron:

«Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el santuario y a restaurarlo».

Se reunió toda el ejército y subieron al monte Sion.

El año ciento cuarenta y ocho, el día veinticinco del mes noveno (es decir, casleu), todos madrugaron para ofrecer un sacrificio, según la ley, en el nuevo altar de los holocaustos que habían reconstruido. Precisamente en el aniversario del día en que lo habían profanado los gentiles, lo volvieron a consagrar, cantando himnos y tocando cítaras, laúdes y timbales. Todo el pueblo se postró en tierra adorando y alabando al Cielo, que les había dado el triunfo.

Durante ocho días celebraron la consagración, ofreciendo con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de alabanza. Decoraron la fachada del santuario con coronas de oro y escudos. Restauraron también el portal y las dependencias, poniéndoles puertas. El pueblo celebró una gran fiesta, que invalidó la profanación de los gentiles.

Judas, con sus hermanos y toda la asamblea de Israel, determinó que se conmemorara anualmente la nueva consagración del altar con solemnes festejos, durante ocho días a partir del veinticinco del mes de casleu.

Palabra de Dios.

Sal Crón 29, 10bc . 11abc.11d-12a. 12bcd
R. Alabamos tu nombre glorioso, Señor.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos. R.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R.

Tú eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria. R.

Tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos. R.

Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Mis ovejas escuchan mi voz – dice el Señor -,
y yo las conozco, y ellas me siguen. R

EVANGELIO
Habéis hecho de la casa de Dios una “cueva de bandidos”
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 45-48

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:

«Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».

Todos los días enseñaba en el templo.

Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían que hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Palabra del Señor.

¡Dominus Flevit!

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Cuando los peregrinos a Tierra Santa hacen su entrada en la ciudad de Jerusalén por el monte de los olivos, a mitad de la falda del monte, se encuentran con una capilla pequeña denominada “Dominus Flevit” ( El Señor lloró). Aquella iglesia con forma de lágrima recuerda el pasaje de Lucas en el que Jesús al contemplar la ciudad santa lloró.

Todavía impresiona mas cuando uno entra en su interior. No hay retablo sino una gran cristalera desde la que se ve Jerusalén. ¡Aquella fue la contemplación de Jesús! Pero lo que Jesús contempló no fue sólo una ciudad bella. Sus lágrimas no fueron de emoción ante la belleza de una ciudad. La mirada de Jesús fue más profunda. Contemplando aquella ciudad contemplaba a cada uno de sus habitantes y a cada uno de los habitantes del mundo. Contemplaba la ingratitud de tantos que no acogen ni acogerán su persona. Sus lágrimas, por tanto, son lágrimas de dolor, de pena. Este pasaje del evangelio nos muestra cómo late el Corazón de Jesús. Podríamos decir que el Señor contempla con el Corazón.

Esta experiencia la han vivido también los santos. El pobre de Asís, San Francisco, gritaba por las calles: ¡El amor no es amado! ¡El amor no es amado!

Esa misma experiencia es la que tuvo aquella religiosa de la Visitación, Santa Margarita María de Alacoque, cuando el 16 de Junio de 1675  recibió las revelaciones del Corazón de Jesús. El Señor le mostró su Corazón rodeado de llamas y coronado de espinas mientras le dijo: He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor.

Jesús continúa lamentándose como en el Evangelio. Nos ama tanto y nosotros continuamos sin acoger su amor. ¿Cómo puedo yo reparar el Corazón del Señor? En primer lugar acogiendo el amor de Dios en mi vida. Haciendo un acto de fe en el amor misericordioso de Dios. En segundo lugar volcando ese amor de Dios hacia afuera, hacia los demás, hacia el prójimo.

Así lo hizo la Beata Teresa de Calcuta. Cuando entraba en aquellos lugares oscuros de esa ciudad escuchó la llamada del Señor: ¡Ven, se mi luz! Y así fue como comenzó a iluminar tantos corazones con el amor del Señor.

Pidamos a la Virgen María que nos conceda afectarnos por el dolor del Corazón de Cristo y nos dispongamos a recibir y dar a los demás el amor del Corazón del Señor.

Lucrecia, mártir (c. a. 281 y 313)

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Santos: Clemente I, papa y mártir; Lucrecia, Felícitas y sus 7 hijos: Jenaro, Félix, Felipe, Silvano, Alejandro, Vidal y Marcial, mártires; Sisinio, Gregorio, obispos; Guido, abad; Anfiloquio, Asclepiodoro, Trudón, Heleno, confesores; Faletro, abad; Raquildis, virgen, beata; Miguel, Agustín, mártires, beatos.

Clemente I, papa († c. a. 97)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Clemente I, papa y mártir; Lucrecia, Felícitas y sus 7 hijos: Jenaro, Félix, Felipe, Silvano, Alejandro, Vidal y Marcial, mártires; Sisinio, Gregorio, obispos; Guido, abad; Anfiloquio, Asclepiodoro, Trudón, Heleno, confesores; Faletro, abad; Raquildis, virgen, beata; Miguel, Agustín, mártires, beatos.

23/11/2017 – Jueves de la 33ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Viviremos según la alianza de nuestros padres
Lectura del segundo libro de los Macabeos 2, 15-29

En aquellos días, los funcionarios reales, encargados de imponer la apostasía, llegaron a Modin, para que la gente ofreciese sacrificios, y muchos israelitas acudieron a ellos.

Matatías y sus hijos se reunieron aparte. Los funcionarios del rey tomaron la palabra y dijeron a Matatías:

«Tú eres un personaje ilustre, un hombre importante en esta ciudad, y estás respaldado por tus hijos y parientes. Adelántate el primero, haz lo que manda el rey, como lo han hecho todas las naciones, y los mismos judíos, y los que han quedado en Jerusalén. Tú y tus hijos recibiréis el título de Amigos del rey; os premiarán con oro y plata y muchos regalos».

Pero Matatias respondió en voz alta:

«Aunque todos los súbditos del rey le obedezcan apostatando de la religión de sus padres, y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes viviremos según la Alianza de nuestros padres. ¡Dios me libre de abandonar la ley y nuestras costumbres! No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión ni a derecha ni a izquierda».

Nada más decirlo, un judío se adelantó a la vista de todos, dispuesto a sacrificar sobre el ara de Modin, como lo mandaba el rey.

Al verlo, Matatias se indignó, tembló de cólera y, en un arrebato de ira santa, corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y, acto seguido, mató al funcionario real que obligaba a sacrificar y derribó el ara. Lleno de celo por la ley, hizo lo que Pinjás a Zimrí, hijo de Salu.

Luego empezó a decir a voz en grito por la ciudad:

«Todo el que sienta celo por la ley y quiera mantener la Alianza, que me siga!».

Y se echó al monte, con sus hijos, dejando en la ciudad todo cuanto tenía.

Por entonces, muchos decidieron bajar al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir santamente de acuerdo con el derecho y la justicia.

Palabra de Dios.

Sal 49, 1-2. 5-6. 14-15
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa,
Dios resplandece. R.

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar. R.

«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria». R.

Aleluya Cf. Sal 94, 8a. 7d
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. No endurezcáis hoy vuestro corazón
escuchad la voz del Señor. R

EVANGELIO
¡Si reconocieras lo que conduce a la paz!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:

«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Palabra del Señor.

El Señor se fía de nosotros.

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

¿Cómo negocio con los dones que el Señor me da? La parábola nos ayuda a entender que nuestra vida sólo se entiende en relación al Señor. El nos confía dones, tareas, misiones en su Iglesia. Lo importante es no perder de vista que el Señor se fía de nosotros y nos invita a trabajar con Él y colaborar en la construcción del Reino de Dios.

Por tanto lo primero que ha de nacer en nosotros es la gratitud al Señor que se fía de nosotros. San Pablo es el hombre de la confianza y curiosamente nos habla de ella escribiéndole a Timoteo en el mismo capítulo y mismo versículo en las dos cartas.

En la primera dice a aquel obispo querido: Doy gracias a Cristo Jesús Señor nuestro, que me dio fuerzas, se fio de mí poniéndome en el ministerio; a mí, que primero fui un blasfemo, y un perseguidor, y un insolente… (1Tim1, 12)

El la segunda, en cambio, nos habla de la confianza en la otra dirección: Se bien de quién me he fiado y estoy cierto que Él es poderoso para guardar mi depósito… (2Tim1, 12)

San Pablo se fía del Señor y le da gracias por fiarse de Él. Pues bien, lo que hacen los hombres de la parábola de hoy es precisamente lo contrario. No agradecen porque no se fían. En cambio el hombre noble que fue en busca del título de rey sí se fía de ellos y les encomienda un trabajo.

La confianza genera la gratitud mientras que la desconfianza la ingratitud. Y la ingratitud genera pereza y holgazanería.

¿Dónde pone el Señor la importancia en esta parábola? En lo pequeño hecho con fidelidad: Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia… ¡Ser fiel en lo pequeño! Soñamos muchas veces con ser santo a base de cosas extraordinarias y como nunca llegan se nos escapa la santidad. En cambio el Señor nos quiere santo en lo pequeño.

La clave está en no olvidar jamás que el Señor se fía de nosotros porque nos quiere. ¿Me fio yo de Él? Perdemos mucho tiempo lamentándonos por lo que no tenemos y en cambio se nos escapa el agradecer lo que sí tenemos.

San Ignacio de Loyola al final de sus Ejercicios invita al ejercitante a hacer una petición que puede ayudarnos a repetir hoy ante el Señor: Concédeme Señor conocimiento interno de tanto bien recibido, para que yo enteramente reconociendo, pueda en todo amar y servir a su divina majestad.

Que María, la mujer de la confianza, nos introduzca en su escuela del Fiat.

Pedro Esqueda Ramírez, sacerdote y mártir (1887-1927)

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Santos: Cecilia, virgen y mártir; Filemón, Apfías, Columbano, Ultán, confesores; Agapión, Sisinio, Agapio, Julián, Ulberto, Marcos, Esteban, Mauro, mártires; Pedro Esqueda Ramírez, sacerdote y mártir; Pragmacio, obispo; Daniel, Sabiniano, abades; Eugenia, Trigida, abadesa de Oña.

Cecilia, virgen y mártir (s. III)

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Santos: Cecilia, virgen y mártir; Filemón, Apfías, Columbano, Ultán, confesores; Agapión, Sisinio, Agapio, Julián, Ulberto, Marcos, Esteban, Mauro, mártires; Pedro Esqueda Ramírez, sacerdote y mártir; Pragmacio, obispo; Daniel, Sabiniano, abades; Eugenia, Trigida, abadesa de Oña.

22/11/2017 – Miércoles de la 33ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El Creador del universo os devolverá el aliento y la vida
Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1. 20-31

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.

En extremo admirable y digno de recuerdo fue la madre, quien, viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua patria:

«Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno; yo no os regalé el aliento ni la vida, ni organicé los elementos de vuestro organismo. Fue el creador del universo, quien modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, por su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley».

Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando.

Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por Amigo y le daría algún cargo.

Pero como el muchacho no le hacía ningún el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien.

Tanto le insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo; se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma patrio:

«¡Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié durante tres años y te he alimentado hasta que te has hecho mozo! Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y el mismo origen tiene el género humano. No temas a ese verdugo; mantente a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos».

Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo:

«¿Qué esperáis? No obedezco el mandato del rey; obedezco el mandato de la ley dada a nuestros padres por medio de Moisés. Pero tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios».

Palabra de Dios.

Sal 16, 1. 5-6. 8 y 15
R. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras. R.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R.

Aleluya Cf. Jn 15, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Yo os he elegido del mundo – dice el Señor -,
para que vayáis y deis fruto,
y vuestro fruto permanezca. R

EVANGELIO
¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 11-28

En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida.

Dijo, pues:

«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después.

Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles:

“Negociad mientras vuelvo”.

Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo:

“No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”.

Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno.

El primero se presentó y dijo:

“Señor, tu mina ha producido diez”.

Él le dijo:

“Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”.

El segundo llegó y dijo:

“Tu mina, señor, ha rendido cinco”.

A ese le dijo también:

“Pues toma tú el mando de cinco ciudades”.

El otro llegó y dijo:

“Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, porque eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”.

Él le dijo:

“Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”.

Entonces dijo a los presentes:

“Quitadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez minas”.

Le dijeron:

“Señor, si ya tiene diez minas”.

“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia”».

Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.

Palabra del Señor.

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