Archiv para noviembre, 2017

Otro que tampoco ve…

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Jesús sigue pasando. Ayer iba camino de Jericó y hoy por fin entra en la ciudad. Va atravesando aquella población…

Si ayer el ciego de nacimiento, al que se encontró de camino, no podía ver a Jesús, por su ceguera, hoy Lucas nos presenta a otro hombre que tampoco puede ver al Señor. Este, Zaqueo, propiamente no es ciego pero tampoco puede ver a Jesús. No le puede ver porque tiene impedimentos. Impedimentos propios e impedimentos ajenos. Es bajo de estatura y la gente le tapa y, por tanto, no puede distinguir a Jesús que pasa.

¿Qué cosas en mi vida me impiden ver a Jesús? Quizás sea algo mío que me hace estar más pendiente de mí mismo; quizás sean cosas externas, bienes, relaciones, amistades, cosas, etc.

Como el ciego del camino, también Zaqueo quiere ver a Jesús. Quiere verle y se pone manos a la obra. No es un querer el de este jefe de publicanos irreal, hipotético… quiere y pone los medios para ello: se sube a una higuera que estaba en el camino por donde iba a pasar Jesús.

No sólo lo vio sino que además fue visto. En nuestra vida cristiana es más importante saber que Dios me mira que mirarle a Él. Así podemos, entonces, definir la fe: como un cruce de miradas, la de Jesús y la de Zaqueo; la de Jesús y la mía.

Vemos en el Evangelio que a Zaqueo no le importa el qué dirán, y allí tenemos a todo un jefe de publicanos, a una persona con cierto estatus social, subido a una higuera… Es posible que el motivo de su deseo de ver a Jesús  sea sólo por curiosidad pero algo le dice que va a suceder… ¡Y sucede! Jesús se autoinvita a su casa. ¡Cómo le gusta a Jesús autoinvitarse!

Una vez más vemos que cuando Jesús entra en la vida de uno la transforma. Zaqueo descubre que en el fondo lo que le impide ver a Jesús no es su altura, que sea bajo de estatura, sino las riquezas que ha acumulado defraudando. Jesús le hace ver más: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.

La salvación es esa transformación: Hoy a entrado la salvación a esta casa

Pidamos a la Virgen María que nos quite los complejos que nos impiden poner todos los medios para romper con aquello que no nos deja ver a Jesús y que con confianza y fidelidad dejemos entrar a Jesús en nuestra casa para que su salvación nos transforme.

Columbano, abad (c. a. 543-615)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

La Presentación de Nuestra Señora. Santos: Gelasio I, papa; Alberto, obispo y mártir; Mauro, Pápolo, obispos; Alejandro, Rufo, Romeo, confesores; Basilio, Auxilio, Saturnino, Celso, Clemente, Honorio, Demetrio, Heliodoro, Eutiquio, Esteban, Honorio, mártires; Digain, rey; Columbano, monje.

La Presentación de Nuestra Señora

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

La Presentación de Nuestra Señora. Santos: Gelasio I, papa; Alberto, obispo y mártir; Mauro, Pápolo, obispos; Alejandro, Rufo, Romeo, confesores; Basilio, Auxilio, Saturnino, Celso, Clemente, Honorio, Demetrio, Heliodoro, Eutiquio, Esteban, Honorio, mártires; Digain, rey; Columbano, monje.

21/11/2017 – Martes de la 33ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Legaré un noble ejemplo para que aprendan a arrostrar una muerte noble, por amor a nuestra Ley
Lectura del segundo libro de los Macabeos 6, 18-31

En aquellos días, Eleazar era uno de los principales maestros de la Ley, hombre de edad avanzada y semblante muy digno. Le abrían la boca a la fuerza para que comiera carne de cerdo.

Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.

Quienes presidían este impío banquete, viejos amigos de Eleazar, movidos por una compasión ilegítima, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración.

Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la ley santa dada por Dios, respondió coherentemente, diciendo enseguida:

«¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo.

Eso seria manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley».

Dicho esto, se fue enseguida al suplicio.

Los que lo llevaban, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola de poco antes.

Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros:

«Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él».

De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes, sino a la mayoría de la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud.

Palabra de Dios.

Sal 3, 2-3. 4-5. 6-7
R. El Señor me sostiene.

Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra mí;
cuántos dicen de mí:
«Ya no lo protege Dios». R.

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi cabeza.
Si grito invocando al Señor,
él me escucha desde su monte santo. R.

Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi alrededor.
Levántate, Señor; sálvame, Dios mío. R.

Aleluya 1Jn 4, 10b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Dios nos amó y nos envió a su Hijo
como víctima de propiciación por nuestros pecados. R

EVANGELIO
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó e iba atravesando la ciudad.

En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:

«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».

Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.

Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:

«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Pero Zaqueo, de pie, y dijo al Señor:

«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».

Jesús le dijo:

«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Palabra del Señor.

Domingo de la 34ª semana de Tiempo Ordinario. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo – 26/11/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

REALEZA CRISTIANA

El tema “real” es una de las analogías más comunes en toda la teología del Antiguo Oriente para representar el misterio de Dios que, sobre los tronos de los cielos, guía y gobierna el universo entero. Se trata de un modo de pensar que debe actualizarse acomodándose según las coordenadas culturales y sociales. Este simbolismo está presente en todas las lecturas de esta solemnidad reciente, instituida por Pío XI en 1925, y está también en la base de una categoría esencial de la predicación de Jesús: el Reino de Dios.

La señoría de Dios sobre el universo contiene muy sintéticamente estas tres afirmaciones: la trascendencia absoluta de Dios, que no es objeto manipulable por los hombres; su inmanencia o presencia en la creación y en la historia, que nosotros llamamos salvífica; el sentido escatológico de la realidad, delineado por Dios según un proyecto unitario.

Es evidente que la cultura contemporánea, fuertermente antropocéntrica, no favorece la celebración de esta solemnidad, ya que desde instancias diferentes se predica el silencio de Dios o el absurdo de un mundo sin esperanza, lleno de dolores y crímenes.

El creyente es invitado hoy a recuperar el sentido profundo de la historia y de la materia a través de la revelación que se nos parece de Dios como “pastor” que da su vida por el rebaño, y que, al final de los tiempos, actuará como juez que separará las ovejas de las cabras”.

En el solemne escenario en que el evangelista Mateo sitúa el juicio final, que será un examen total sobre el amor al prójimo, Dios se identifica y encarna en los pobres, en los hambrientos, en los forasteros, en los enfermos, en los encarcelados. El discípulo de Jesús lo sabe y actúa consecuentemerite, conformando su vida a las exigencias del Reino. En el amor gratuito y universal hacia los más pequeños y pobres se vive la relación vital, con Cristo, que es lo más especifico de la fe cristiana. Los actos de amor durante la existencia terrena son garantía de vida eterna.

Contra los desequilibrios devocionales, por encima de las supersticiones, frente a una creencia teórica y desencarnada, hay que buscar siempre la autenticidad de la fe en la centralidad del ministerio de Cristo celebrado en la liturgia, en la aceptación del evangelio, en el bien obrar.

La clausura del año litúrgico se hace patente en esta solemnidad de Cristo Rey, que es semejante a un ábside dominado por la figura del Pantocrator. Delante de su mirada somos invitados a hacer un balance de nuestra existencia, a un examen de nuestras miserias y de nuestros esplendores, a un juicio sobre nuestras obras o nuestras omisiones.

Andrés Pardo

 

 

 

Palabra de Dios:

Ezequiel 34, 11-12. 15-17 Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6
san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28 san Mateo 25, 31-46

de la Palabra a la Vida

En uno de esos pasajes sorprendentes, de enorme capacidad gráfica y descriptiva, Mateo nos presenta, en el último domingo del año litúrgico, último de su ciclo anual, esta parábola del juicio final en el que el encuentro con el Señor no queda reducido ya a los que lo encontraron por los caminos de la Tierra Santa, sino que todos serán llamados a Él. Y Él, que es un buen pastor, porque el Rey y el Redentor es también en la Escritura un buen pastor, sabe lo que tiene que hacer con cada uno, tal y como presentaba el buen pastor de la primera lectura: durante el día, ovejas y cabras han pastado juntas, como el trigo y la cizaña han crecido juntos, pero al llegar la noche las cabras se separan para ser llevadas a lugar caliente, pues el frío las daña, mientras que las ovejas son dejadas a la intemperie, pues el frío les hace bien.

Así sabrá separar el Señor al final de los tiempos. Según las obras de misericordia todos pueden ser juzgados, incluso los que no hayan conocido al Señor, los que no hayan escuchado sus mandatos en vida, los que no hayan reconocido por el camino de la fe, camino del don de Dios, todos pueden llegado este momento tener un criterio para su fin, pues el amor de Dios no tiene límites, no ha conocido fronteras sino que ha sido sembrado, como semilla de verdad, en el corazón de todos los hombres. Ya no se trata de acciones de amor que se hayan dirigido directamente a Cristo, sino también hacia uno de estos, mis hermanos. Cristo se ha hermanado con nosotros al hacerse hombre, no se ha avergonzado de ser uno de nosotros, y no se avergüenza de aparecer, al final de todo, cuando desvela la majestad y el poder de su gloria, como el hermano de los más débiles y humildes. Mateo, que presenta en esta parábola a Cristo como el Hijo del hombre a venir en la majestad de su gloria, deja claro que este al que hoy la Iglesia celebra como Señor, Rey y Sacerdote, es también el hermano de los pequeños y los débiles, que al contemplar en el juicio final la elevación definitiva de su hermano, se alegrarán y participarán de su amor.

Cristo ha sembrado en nosotros el talento de su amor, ha plantado en el corazón de cada uno de nosotros, no sólo con la palabra sino sobre todo con la coherencia de su ejemplo, algo que nosotros no podemos guardar. El Cristo en majestad de tantas iglesias y catedrales a lo largo de la historia no sólo anuncia que vuelve, sino también la grandeza de su amor, que no conoce frontera en el tiempo. Es justo al contemplarlo hoy en gloria y majestad cuando se nos interroga entonces sobre la dirección de nuestros actos: ¿puedo decir que mis palabras, mis acciones de cada día, se encaminan a ese encuentro con Él? ¿cómo podrán soportar el encuentro con tanto amor si no es lleno de amor? Concretamente, ¿dónde se me pide, en quién, que vuelque ese amor de Dios? El Rey es ciertamente el que sirve a los hombres, esa es la forma de vivir como Rey y pastor que Cristo ha conocido y comunicado. El ejercicio de la caridad hace de nosotros reyes no a la manera del mundo, sino a la manera de Cristo, cuya majestad será la que llegue hasta el final.

En la celebración litúrgica experimentamos ya ese cuidado del buen pastor, a ese Rey que viene a nosotros por amor y que nos sitúa en su camino de amor. Es en los sacramentos donde ya se nos anticipa en el corazón y por la Palabra de la Iglesia ese juicio final al que, humildes pero a la vez llenos de confianza, se nos invita a acercarnos. Lo que “no hicisteis” vuelve a aparecer, por segundo domingo consecutivo, como una amenaza grave para el creyente: los pecados de omisión son el mal de nuestro tiempo, no nos dejemos llevar en la vida, porque Cristo no ha dejado de obrar, actitud propia del amor de Dios.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones

De la oración litúrgica a la oración personal
Prefacio de Jesucristo, rey del universo


En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del universo
a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría,
para que, ofreciéndose a sí mismo
como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz,
consumara el misterio de la redención humana,
y, sometiendo a su poder la creación entera,
entregará a tu majestad infinita un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…






 


Para la Semana

Lunes 27:

Daniel 1,1 6.8 20. No se encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarias.

Salmo: Dan 3,52-56. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Lucas 21,1 4. Vio una viuda pobre que echó dos reales.

Martes 28:

Daniel 2,31 45. Dios suscitará un reino que nunca será destruido, sino que acabará con todos los demás reinos.

Salmo: Dan 3,57-61. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos

Lucas 21,5 11. No quedará piedra sobre piedra.
Miércoles 29:

Daniel 5,1 6.13 14.16 17,23 28, Aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo.

Salmo: Dan 3,62-67. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

Lucas 21,12 19, Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.

Jueves 30:
San Andrés , apóstol. Fiesta

Romanos10,9-18. La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo.

Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.

Mateo 4,18-22. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Viernes 1:

Daniel 7,2 14. Vi venir en les nubes del ciclo como un hijo de hombre.

Salmo: Dan 3,75-81. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

Lucas 21,29 33. Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios.
Sábado 2:

Daniel 7,15 27. El poder real y el dominio será entregado al pueblo de los santos del Altísimo.

Salmo: Dan 3,82-87. ¡Ensalzadlo con himnos por los siglos!

Lucas 21,34 36. Estad siempre despiertos, para escapar de todo lo que está por venir.


Gritar más, ver más …

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La vida cristiana no es una utopía o un camino irrealizable sino un auténtico camino de transformación. Lo vemos de una manera muy plástica en este ciego obligado a mendigar. Se trata de uno que no ve y además que es pobre.

En primer lugar la vida cristiana es un camino de visión. ¡Qué poco refleja el sentido de la fe cuando hablamos de la “fe ciega”! La fe es justo lo contrario. El encuentro con Cristo nos hace ver, no al revés. Lo que este ciego nos enseña es que precisamente Jesús le devuelve la vista. Con Jesús se ve más y mejor. Cristo transforma mis tinieblas en luz, mi oscuridad en claridad.

En segundo lugar la vida cristiana es un camino de petición. Podríamos poner a este ciego dentro de la lista de los grandes maestros de espiritualidad. Sabe pedir y a quién pedir. Es maestro en el modo de pedir: grita. Nuestra oración debe llegar a los oídos de Dios. Él se hace oír a pesar de los que le quieren calladito. Y también, es maestro el modo de gritar: insiste. ¡Qué importante la perseverancia en la oración!

Finalmente, la vida cristiana es un camino de seguimiento. Este ciego pasa de estar al borde del camino, sentado en el suelo, postrado en tierra a causa de su ceguera, a seguir a Jesucristo glorificando a Dios. Esto es lo que hace Jesús con cada uno de nosotros. Es precisamente la luz de la fe la que hace posible que sigamos a Jesús.

¡Cuántas veces experimentamos estar al borde del camino! Tirados en la cuneta, mordiendo el polvo, ciegos… Jesús pasa, cada día, cada instante dispuesto a darme la vista, a darme la compasión, dispuesto a escuchar mis gritos. El pasa cada día ¿le grito? ¿O ya he hecho las paces con mi miseria? ¿Le pido ver más? ¿O ya me he acostumbrado a mi vida tal cual es y no espero más?

Ver más, gritar más… Este hombre no es un conformista. Nos enseña que con Cristo siempre hay más. Bien podemos recordar aquel sueño de San Francisco Javier que soñando estar sirviendo le gritaba a Jesús. ¡Más, más y más!

Que la Virgen María, madre de la fe, nos enseñe a caminar en la luz, en la petición y en el seguimiento de Jesucristo.

Edmundo, rey (841-870)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Félix de Valois, fundador de los Trinitarios; Doro, Hipólito, Nersa, Silvestre, Simplicio, Benigno, Darsio, Gregorio, obispos; Beltrán, abad; Sapor, Ampelio, Cayo, Adventor, Octavio, Solutor, Eustasio, Tespesio, Anatolio, Ciriaco, Baso, mártires; Jerónimo, eremita; Gennadio, patriarca; Edmundo, rey y mártir.

20/11/2017 – Lunes de la 33ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Una cólera terrible se abatió sobre Israel
Lectura del primer libro de los Macabeos 1, 10-15. 41-43. 54-57. 62-64

En aquellos días, brotó un vástago perverso: Antíoco Epifanes, hijo del rey Antíoco. HabÍa estado en Roma como rehén, y subió al trono el año ciento treinta y siete de la era seléucida.

Por entonces surgieron en Israel hijos apóstatas que convencieron a muchos:

«Vayamos y pactemos con las naciones vecinas, pues desde que nos hemos aislado de ellas nos han venido muchas desgracias».

Les gustó la propuesta y algunos del pueblo decidieron acudir al rey.

El rey les autorizó a adoptar la legislación pagana; y entonces, acomodándose a las costumbres de los gentiles, construyeron en Jerusalén un gimnasio, disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, se asociaron a los gentiles y se vendieron para hacer el mal.

El rey decretó la unidad nacional para todos los súbditos de su reino, obligando a cada uno a abandonar la legislación propia. Todas las naciones acataron la orden del rey e incluso muchos israelitas adoptaron la religión oficial: ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.

El día quince de casleu del año ciento cuarenta y cinco, el rey Antíoco mandó poner sobre el altar de los holocaustos la abominación de la desolación; y fueron poniendo aras por todas las poblaciones judías del contorno. Quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas. Rasgaban y echaban al fuego los libros de la ley que encontraban; al que descubrían en casa un libro de la Alianza, y a quien vivía de acuerdo con la ley, lo ajusticiaban según el decreto real.

Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros. Prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la Alianza santa. Y murieron.

Una cólera terrible se abatió sobre Israel.

Palabra de Dios.

Sal 118, 53. 61. 134. 150. 155. 158
R. Dame vida, Señor, para que observe tus preceptos.

Sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu ley. R.

Los lazos de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu ley. R.

Líbrame de la opresión de los hombres,
y guardaré tus mandatos. R.

Ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu ley. R.

La justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus decretos. R.

Viendo a los renegados, sentía asco,
porque no guardan tus palabras. R.

Aleluya Cf, Jn 8, 12b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Yo soy la luz del mundo – dice el señor -;
el que me sigue tendrá la luz de la vida. R

EVANGELIO
«¿Qué quieres que haga por ti?» «Señor, que recobre la vista».
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43

Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna.
Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron:

«Pasa Jesús Nazareno».

Entonces empezó a gritar:

«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!».

Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte:

«¡Hijo de David, ten compasión de mí!».

Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.

Cuando estuvo cerca, le preguntó:

«¿Qué quieres que haga por ti?».

Él dijo:

«Señor, que recobre la vista».

Jesús le dijo:

«Recobra la vista, tu fe te ha salvado».

Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios.

Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

Palabra del Señor.

FUE EN SEGUIDA A NEGOCIAR.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

A veces hay palabras desacertadas. Por ejemplo, cuando de alguien que no tiene trabajo se dice que está en paro. Desde luego si se queda parado no encontrará trabajo jamás, será un desempleado, pero tiene que estar muy activo. Cuando hablo con alguien que se ha quedado sin empleo le suelo decir que su trabajo ahora es buscar trabajo, y debería dedicarle seis horas al día a hacerlo con toda profesionalidad y competitividad. Una vez conocí un Señor que se pasaba horas y horas en la Iglesia pidiéndole a Dios un trabajo, pero no hacía otra cosa, hasta que le dije que no le iba a contratar de sacristán, así que a rezar un rato y liego a patearse las calles.

Se va acercando el fin del año litúrgico y las lecturas nos van hablando del fin de so tiempos: “El día del Señor llegará como un ladrón en la noche”. No podemos quedarnos parados a ver qué pasa. La vida del cristiano es la antítesis del parado. Tiene que tomar los talentos que el Señor le da y, en seguida, a negociar con ellos. No nos vale el después, e mañana, el en otra ocasión más propicia. Si uno sólo actúa cuando vea que el fina se acerca es como el estudiante que sólo estudia la víspera del examen, seguramente suspenda. El que día a día pone a trabajar sus talentos es el que s fiel en lo poco y, cuando llegue la hora, el Señor de lo premiará.

Hoy también ha querido el Papa que sea un día dedicado a los pobres. No “al colectivo de los pobres,” sino de los pobres concretos, con rostro, con nombre y apellidos. No estoy muy a favor de los pobres que se ponen en las puertas de las iglesias, máxime cuando es como un puesto de trabajo que está reservado y alquilado. Pero también es bonito que la gente sigue pensando que los que van a la parroquia comparten sus bienes. Nunca vi un pobre en la puerta del ministerio de Hacienda.  Tal vez hoy sea el día para hacer el propósito de saber cómo se llama, cuantos hijos tiene, dónde vive. No hoy todos a la vez, que entonces el Mijail de mi parroquia acabará harto, pero que no nos encontremos habitualmente con un pobre y simplemente no exista. Algún talento tendemos para é.

María y José, pobres pero poniendo sus talentos al servicio del Espíritu santo, danos un autentico corazón que vive la misericordia y la caridad.

Abdías, profeta (Antiguo Testamento)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Crispín, Cado, obispos; Máximo, presbítero y mártir; Fausto, Feliciano, Exuperio, Severino, Barlaán, Bajo (Baldo, Baldomero), Dionisio, Agapito, Azas, mártires; Teodomiro, Totón, abades; Patroclo, solitario; Ermemburga, abadesa; Abdías, profeta.

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