Archiv para diciembre, 2017

El que viene nos trae el consuelo de Dios

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén”. Dios quiere transmitir a su pueblo probado durante decenios en la deportación a Babilonia, el consuelo: pronto serán liberados y volverán a su país. El anuncio más consolador es que Dios llega, que llega con poder, que perdona a su pueblo sus pecados anteriores, que quiere reunir a todos los dispersos, como el pastor a sus ovejas. En este tiempo de Adviento también nos quiere llenar del consuelo de la esperanza a cada uno de nosotros. Dios es rico en misericordia, por el gran amor con nos ama (cf. Ef 2, 4), sale a nuestro encuentro, sale a buscarnos como a la oveja perdida. “No es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños”. El Dios que nos revela Jesucristo no queda indiferente ante el destino de los hombres. Es él quien está empeñado en llevarnos al cielo. Es Cristo quien nos trae el consuelo.

En el centro de esta parábola está la alegría de Dios. Su alegría es encontrar de nuevo, es perdonar, es salvar, es devolver la felicidad. Su alegría es encontrarnos y llevarnos con él. Quiere a todas las otras ovejas; pero la perdida le ha dado una particular alegría y desde ahora se sentirá más vinculado a ella: porque le ha salvado la vida. Habría muerto desgraciada, lejos del rebaño. La consideración de esta verdad llenará nuestro corazón de esperanza y agradecimiento, de la alegría ante la cercanía de la venida del Señor a la vida de cada uno. A los primeros a quien Cristo Jesús quiere salvar en este Adviento es a nosotros mismos. Tal vez no seremos ovejas muy descarriadas, pero puede ser que tampoco estemos en un momento demasiado fervoroso en nuestro seguimiento del Pastor. Todos somos débiles y a veces nos distraemos del camino recto.

Cristo Jesús nos busca y nos espera. No sólo a los grandes pecadores y a los alejados, sino a nosotros, los cristianos que le seguimos con un ritmo más intenso, pero que también necesitamos el estímulo de estas llamadas y de la gracia de su amor. Somos nosotros mismos los invitados a confiar en Dios, a celebrar su perdón, a aprovechar la gracia de la Navidad. El que está en actitud de Adviento es él. Y esto también nos compromete a hacer nosotros lo mismo con los demás y ser también quienes llevan consuelo a su pueblo, particularmente a los más pequeños, quienes salen al encuentro de la oveja perdida.

En este tiempo hemos de acudir especialmente a nuestra Madre, modelo de esperanza, de apertura a las necesidades de los demás y preparar un corazón bien dispuesto al Señor. A ella nos encomendamos.

 

Juana Francisca Chantal, viuda (1572-1641)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Nuestra Señora de Guadalupe. Santos: Juana Francisca de Chantal, fundadora; Sinesio, Dionisia, Mercuria, Epímaco, Alejandro, Hermógenes, Donato, Eulogio, Arsenio, Geroncio, Marcial, Majencio, Constancio, Crescencio, Justino, mártires; Florencio, abad; Corentino, Diogeniano, Finiano, Gausberto, obispos; Bertoaria, abadesa; Amonaria, virgen y mártir; Abra, virgen.

12/12/2017 – Martes de la 2ª semana de Adviento

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Dios consuela a su pueblo
Lectura del libro de Isaías 40, 1 -11

«Consolad, consolad a mi pueblo – dice vuestro Dios -; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados».

Una voz grita:

«En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale.

Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos – ha hablado la boca del Señor -.»

Dice una voz: «Grita».

Respondo: «¿Qué debo gritar?».

«Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba, es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».

Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:

«Aquí está vuestro Dios.

Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda.

Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían».Palabra de Dios

Sal 95, 1-2. 3 y l0ac. 11-12. 13-14
R. Aquí está nuestro Dios, que llega con fuerza

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria. R.

Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque, R.

Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Está cerca el día del señor;
mirad, él viene a salvarnos. R.

EVANGELIO
Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor

Domingo de la 3ª semana de Adviento – 17/12/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

“ALLANAD EL CAMINO DEL SEÑOR”

Posiblemente Juan Bautista, vestido con piel de camello y con rostro austero y curtido por el sol y el viento del desierto, asustaba a los niños que le veían. Y al hablar de penitencia y de conversión, impresionaba a los mayores. Pero, a pesar de todo, la gente le seguía y hacía caso, porque se daba cuenta de que era un hombre sincero, que no se buscaba a sí mismo. En el evangelio de este tercer domingo de Adviento, se lee la respuesta que dió a los sacerdotes y levitas que le preguntaban “quién era”: Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta; soy “la voz que grita en el desierto: allanad el camino del Señor”. Juan es la voz libre, sincera, testimonial, anunciadora, exigente, que vale la pena escuchar.

Juan nos lo recuerda: la vida es un camino. Debe ser camino transitable, sin baches, llano; camino con rumbo y destino. Nosotros lo entendemos cuando, al ver que alguien en el plano moral no obra rectamente, afirmamos que no va por buen camino. Aunque es verdad que el simbolismo real del camino no significa para nosotros hoy lo mismo que para los peregrinos medievales a Compostela o los nómadas de Oriente.

Desde que Abrahám se puso en camino para responder a la llamada de Dios, comenzó una inmensa aventura para el hombre creyente: reconocer y seguir los caminos desconcertantes de Dios. El “éxodo” israelita es el ejemplo privilegiado; un largo caminar por el desierto condujo al pueblo elegido desde el Egipto de la esclavitud a la tierra prometida. El mar mismo se abrió y se hizo camino de liberación. Después de esta dura experiencia de marcha, que fue la gran prueba de fidelidad a Dios, el pueblo llega al lugar de reposo y de dicha.

Al quedar Israel instalado en la tierra prometida, debe seguir caminando por el camino del Señor, que es la ley y los preceptos de la alianza. Desobedecer la ley es extraviarse, entrar en una senda que lleva a la catástrofe. Por eso la ruta de la salvación es siempre camino de conversión y de vuelta a Dios.

Cuando Juan grita la necesidad de hacer llano el camino del Señor, está señalando a Cristo, que es el camino, la verdad y la vida. Cristo ha sido el que nos ha franqueado el camino definitivo de vuelta al Padre, enseñándonos con su obediencia y su muerte la ruta de la resurrección. Por eso los cristianos sabemos que hallar el recto camino es encontrarnos con la persona de Jesús.

“Allanar el camino del Señor” es emprender una marcha de conversión hacia Cristo, que viene a nosotros.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 61,1-2a.10-11 Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54
san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24 san Juan 1, 6-8. 19-28

de la Palabra a la Vida

La Iglesia quiere llevarnos a una sintonía tal con aquellos que esperaban al Mesías en el desierto que nos propone para hoy un evangelio en el que vemos a Jesús lo mismo que lo veían ellos: nada. Todas las miradas para aquellos que quieran ver algo, que busquen respuestas de alguna forma en su vida, tienen que dirigirse hacia Juan el bautista. A él se le ve, se le escucha, pero al Señor no. La Iglesia que se reúne hoy no ve al Señor, desea escuchar su voz pero escucha otras.

Quiere la Iglesia así conducirnos a la misma expectación que aquellos sentían al entender que algo estaba sucediendo, que algo traía Juan, pero que no eran capaces de captarlo. Quiere así, presentándonos al Señor invisible, prepararnos también para acoger la realidad de otro personaje invisible que determina las lecturas de hoy: el Espíritu Santo, también Señor y también invisible. Este Espíritu se tiene que derramar sobre Cristo para que sea así en nosotros constructor de unidad, de una profunda unidad, unidad con Él que hará que nosotros no andemos divididos. ¿Cuántas veces maquinamos hacer algo y al final lo dejamos? ¿Cuántas veces reconocemos un bien a seguir, a escuchar, a anunciar, y nos quedamos bloqueados, mudos, paralizados? Nos falta unidad. Más evidente es aún entre los unos y los otros… los que sufren, los tristes, los cautivos… encontrarán unidad en Cristo.

Por eso la palabra que encontramos en común en las lecturas de hoy es la alegría, el gozo. El Espíritu invisible se ha posado sobre el Cristo al que aún no veis, para así dar unidad a vuestra vida con la suya. ¿Es posible? Unidad en las familias, entre compañeros, en mi corazón… ¿es posible? Cuando lo que Juan anuncia es alguien que bautiza con Espíritu Santo está anunciando al que va a unir el Antiguo Testamento con el Nuevo: por eso le preguntan tanto. Algo tan grande requiere una gran certeza.

La alegría de un encuentro tan deseado, el de la profecía con el cumplimiento, el de los deseos del corazón con el que los colma, hace preguntar una y otra vez, como esos niños que preguntan constantemente ante el viaje que les lleve al lugar esperado “¿Cuándo llegamos?”. Es normal que surjan preguntas, dudas… por eso Juan es tajante, porque no hay motivo para desconfiar.

En el Adviento la Iglesia trata de conducirnos a la fe constantemente. O velamos, nos convertimos, creemos, o ante la venida del Señor dudaremos. ¡Qué gran pedagogía la de la madre Iglesia, que intenta generar en nosotros los sentimientos y actitudes oportunos para encontrar al Señor! ¡Qué gran maestro ha tenido para ello en Juan! En la venida de Cristo se produce la unidad deseada entre el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres, entre la vida fugaz y la eterna: ¿cómo no va a ser normal tanta pregunta, tanta excitación, tanta alegría? El Hijo viene para darnos el Espíritu y crear unidad. ¿Qué unidad produce Dios en mí? ¿Qué unidad experimento en la vida de la Iglesia, en la que tantas veces encontramos pecado y división? ¿A qué me mueve Cristo cuando viene a mi vida, a buscar la unidad de los hermanos, o a sembrar discordia? ¿Soy agente de bien, ofrezco respuestas, esperanzas, verdad, tal y como hace Juan el bautista? Puedo repetirme todas esas preguntas en relación con la celebración de la Iglesia: ¿cómo respondo? Sí, la venida del Señor nos llena de esperanza y se alegra nuestro espíritu en Dios, en Él, porque “en”
manifiesta unidad, una feliz unidad.

Diego Figueroa

 



al ritmo de las celebraciones


Algunos apuntes de espiritualidad litúrgica

La colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes, que es costumbre sobre todo en los países germánicos y en América del Norte, se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos.

La corona de Adviento, cuyas cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3,20; Lc 1,78).

La Novena de Navidad nació para comunicar a los fieles las riquezas de una Liturgia a la cual no tenían fácil acceso. La novena navideña ha desempeñado una función valiosa y la puede continuar desempeñando. Sin embargo en nuestros días, en los que se ha facilitado la participación del pueblo en las celebraciones litúrgicas, sería deseable que en los días 17 al 23 de Diciembre se solemnizara la celebración de las Vísperas con las “antífonas mayores” y se invitara a participar a los fieles. Esta celebración, antes o después de la cual podrían tener algunos de los elementos especialmente queridos por la piedad popular, sería una excelente “novena de Navidad” plenamente litúrgica y atenta a las exigencias de la piedad popular. En la celebración de las Vísperas se pueden desarrollar algunos elementos, tal como está previsto (p.ej. homilía, uso del incienso, adaptación de las preces).

(Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 98-103)

 


Para la Semana

Lunes 18:
Nuestra Señora de la Esperanza

Jeremías 23,5-8. Daré a David un vástago legítimo.

Sal 71. En sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Mateo 1,18-24. Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

Martes 19:

Jue 13, 2-7.24-25a. El ángel anuncia el nacimiento de Sansón.

Sal 70. Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria.

Lc 1,5-25. El ángel Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista.
Miércoles 20:

Is 7,10-14. Mirad: la Virgen está encinta.

Sal 23. Va a entrar el Señor, Él es el Rey de la gloria.

Lc 1,26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.
Jueves 21:

Cant 2,8-14. Llega mi amado, saltando entre los montes.

o bien: Sof 3,14-18a. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti.

Sal 32. Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo.

Lc 1,39-45. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?
Viernes 22:

1Sam 1,24-28. Ana da gracias por el nacimiento de Samuel.

Salmo: 1 Sam 2,1-8. Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador.

Lc 1,46-56. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí.
Sábado 23:

Mal 3,1-4.23-24. Os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor.

Sal 24. Levantaos, alzad la cabeza se acerca vuestra liberación.

Lc 1,57-66. El nacimiento de Juan Bautista.


Abrimos al perdón de Dios nos renueva

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“¿Qué es más fácil: decir tus pecados quedan perdonados, o decir levántate y anda”. El señor quiere hacerles ver que hay más poder en el perdón que trae él, que hacer que un paralítico vuelva andar. También a nosotros nos puede pasar como esos hombres, podemos estar acostumbrados al perdón de Dios y ya no nos asombra un Dios que perdona, cuando es mucho más asombroso el perdón de los pecados que la curación inmediata de un paralítico. Debemos volver nuestra mirada sobre lo que acontece en el sacramento de la reconciliación y recuperar el asombro por el milagro que Dios obra en nosotros al recibir este sacramento, Porque hemos perdido de vista que se trata de un encuentro real con Cristo. El cardenal Mauro Piacenza, les decía a los penitenciarios de las Basílicas Papales de Roma: “la confesión no hace ruido pero sí milagros” (Carta a los penitenciarios de las basílicas papales, 3 de diciembre de 2017). En este tiempo de preparación para la Navidad hemos de volver con renovada confianza en la gracia, al “trono de la gracia para que alcancemos misericordia” (Hb 5,16) y revivir con esperanza el perdón de Dios y la renovación que supone.

Es importante que en este tiempo de Adviento repasemos los actos del penitente. Nos será de gran ayuda releer y meditar los números del Catecismo de la Iglesia Católica del 1450 al 1460 para mejorar en lo que hemos de poner de nuestra parte. Sin embargo, no debemos perder de vista que lo determinante en la confesión no es tanto lo que nosotros hacemos, cuanto lo que hace Dios en el sacramento. No es que Dios “cierre los ojos”, se haga el “despistado”, o cubra con un manto nuestros pecados para no verlos – eso lo decía Lutero, que desconoce el poder de la gracia de Dios -. El perdón de Dios es como un acto creador, pero al revés: es hacer que donde ya hay algo, un mal, deje de existir, de tal forma que el pecado perdonado sólo existe en nuestra memoria o en los hábitos que haya dejado en nosotros, pero no tiene una existencia real. Esto sólo puede hacerlo Dios. Una madre no se conforma con no ver los defectos de su hijo, querría – y lo haría si pudiera – transformarle, sanarle. Si fuera un drogadicto, no se conformaría con cerrar los ojos ante la “enfermedad” de su hijo. La misericordia y el poder de Dios sí pueden curar. En la confesión, no se limita a cerrar los ojos, su gracia nos cura. La gracia renueva al hombre desde dentro, y le convierte – de pecador y rebelde – en siervo bueno y fiel (cf. Mt 25, 21)

Dejemos que el Señor nos perdone nuestros pecados. No es algo tan sencillo inicialmente porque nuestra autosuficiencia, nuestra soberbia nos impiden dejar, sencillamente, en sus manos nuestro pecado para que El lo destruya. “Una tradición muy antigua narra la aparición del Señor a San Jerónimo. Jesús le dijo: Jerónimo, ¿qué me vas a dar?; a lo que el Santo respondió: Te daré mis escritos. Y Cristo replicó que no era suficiente. ¿Qué te entregaré entonces? ¿mi vida de mortificación y de penitencia? La respuesta fue: tampoco me basta. ¿Qué me queda por dar?, preguntó Jerónimo. Y Cristo le contestó: Puedes darme tus pecados, Jerónimo” (Cfr. F. J. SHEEN, Desde la Cruz, p. 16).

Que nuestra Madre, auxilio de los cristianos nos alcance la gracia de no estorbar la acción del Espíritu Santo en nuestras almas y nos dejemos sanar y perdonar siempre.

 

San Masona, obispo (del 571 al 605) de Mérida (España)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Dámaso I, papa; Eutiquio, Victorico, Fusciano, Trasón, Ponciano, Pretextato, Genaciano, Segundo, Zósimo, Pablo, Ciriaco, Genciano, mártires; Bársabas, presbítero y mártir; Sabino, Benjamín, Paulo, Fidel, Masona, obispos; Daniel estilita, monje; Martín de San Nicolás y Melchor de San Agustín, beatos, mártires de Japón.

San Fidel, obispo (del 560 al 571) de Mérida (España).

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Dámaso I, papa; Eutiquio, Victorico, Fusciano, Trasón, Ponciano, Pretextato, Genaciano, Segundo, Zósimo, Pablo, Ciriaco, Genciano, mártires; Bársabas, presbítero y mártir; Sabino, Benjamín, Paulo, Fidel, Masona, obispos; Daniel estilita, monje; Martín de San Nicolás y Melchor de San Agustín, beatos, mártires de Japón.

San Paulo, obispo (del 530 al 560), de Mérida (España)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Dámaso I, papa; Eutiquio, Victorico, Fusciano, Trasón, Ponciano, Pretextato, Genaciano, Segundo, Zósimo, Pablo, Ciriaco, Genciano, mártires; Bársabas, presbítero y mártir; Sabino, Benjamín, Paulo, Fidel, Masona, obispos; Daniel estilita, monje; Martín de San Nicolás y Melchor de San Agustín, beatos, mártires de Japón.

Dámaso I, papa (305-384?)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Dámaso I, papa; Eutiquio, Victorico, Fusciano, Trasón, Ponciano, Pretextato, Genaciano, Segundo, Zósimo, Pablo, Ciriaco, Genciano, mártires; Bársabas, presbítero y mártir; Sabino, Benjamín, Paulo, Fidel, Masona, obispos; Daniel estilita, monje; Martín de San Nicolás y Melchor de San Agustín, beatos, mártires de Japón.

11/12/2017 – Lunes de la 2ª semana de Adviento

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Dios viene en persona y os salvará
Lectura del libro de Isaías 35, 1-10

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.

Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos:

«Sed fuertes, no temáis.

¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios. Viene en persona y os salvará».

Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo y cantará la lengua del mudo, porque han brotado aguas en el desierto, y corrientes en la estepa.

El páramo se convertirá en estanque, el suelo sediento en manantial.

En el lugar donde se echan los chacales habrá hierbas, cañas y juncos.

Habrá un camino recto. Lo llamarán «Vía Sacra». Los impuros no pasarán por él. Él mismo abre el camino para que no se extravíen los inexpertos.

No hay por allí leones, ni se acercan las bestias feroces.

Los liberados caminan por ella y por ella retornan los rescatados del Señor.

Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.

Los dominan el gozo y la alegría. Quedan atrás la pena y la aflicción.Palabra de Dios

Sal 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14
R. He aquí nuestro Dios; viene en persona y nos salvará

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Mirad, el Rey viene, el Señor de la tierra,
y él romperá el yugo de nuestra cautividad. R.

EVANGELIO
Hoy hemos visto maravillas
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 17-26

Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.

En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:

«Hombre, tus pecados están perdonados».

Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:

«¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?».

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:

– «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil: decir “Tus pecados te son perdonados”, o decir “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados – dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».

Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, punto, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios

El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:

«Hoy hemos visto maravillas».

Palabra del Señor

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