Archiv para 18 diciembre, 2017

Domingo – Comienza La Navidad – 24/12/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

EL ADVIENTO DE MARÍA

La Navidad no se improvisa, hay que prepararla. Los afanes no pueden reducirse a preparativos ambientales de nacimientos, árboles, villancicos, luces, turrones y christmas. Es también necesaria una preparación interior con sensibilidad espiritual, activa; este es el sentido y la finalidad del Adviento que estamos viviendo.

El primer y mejor Adviento de la historia fue vivido por María durante nueve meses en expectación del parto del Salvador. Por obra del Espíritu la Palabra fue creciendo en sus entrañas hasta la gran manifestación de la Navidad. A ejemplo de María hay que vivir consecuentemente en Adviento, en expectación, dejándonos guiar por el Espíritu de Dios que obra maravillas en el interior.

María nos encubre a Dios en Adviento para descubrirnoslo en la realidad pletórica y nueva de la Navidad. El “sí” de María hizo posible la primera venida del Salvador; por eso ella es la que siempre le precede. ¡Qué consolador es saber que Dios viene siempre a través de María!

La Virgen del Adviento es la virgen joven de la anunciación, que se estremece ante el mensaje del ángel. Es la joven madre que aprende a amar a su hijo sintiéndole crecer dentro de sí. Es la creyente dócil que acepta los planes de Dios y encarna dentro de sí la Palabra por obra del Espíritu. Es la mujer, de la esperanza que, desde el silencio de Nazaret, se prepara a entregar al mundo la salvación, hecha carne en Jesús.

Cuando aguardamos la venida del Redentor levantamos los ojos hacia su Madre para llenarnos de gozo y de gratitud sincera. María es la puerta del cielo y la estrella del Adviento. Ella es claridad eterna que ilumina con luz de estrella prodigiosa las tinieblas de nuestro desconcierto.

Por eso desde hace mil años la Iglesia Universal en estos días canta esta antífona, que es una de las más conmovedoras plegarias: “Madre del Redentor, virgen fecunda / puerta del cielo siempre abierta, / estrella del mar / ven a librar al pueblo que tropieza / y quiere levantarse. / Ante la admiración de cielo y tierra, / engendraste a tu santo Creador, / y permaneces siempre virgen. / Recibe el saludo del ángel Gabriel,/ y ten piedad de nosotros, pecadores”.

María nos abre las puertas de la Navidad, preparadas por Isaías y el Bautista. Esperemos como ella la venida del Señor: con alegría y sobre todo con gracia.

Andrés Pardo

 


Palabra de Dios:

Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16 Sal 88, 2-14-5. 27 y 29
san Lucas 1,67-79

de la Palabra a la Vida

La inminencia de la celebración de la Natividad del Señor se advierte fácilmente en estas lecturas que hoy proclama la Iglesia. La promesa que David recibe de parte de Dios y de labios del profeta se cumplirá en su descendiente María, ella, descendiente de la casa de David, será el templo dorado, bellísimo, que contenga la presencia divina del Señor de un modo inefable, no en tablas de piedra, sino con una carne como la nuestra. La imagen de María en su respuesta confiada al ángel contiene el cumplimiento de todas las promesas antiguas, una de ella la de la primera lectura de hoy.

Por eso, sí, la Iglesia nos anima a volver hoy nuestra mirada al pasado para poder creer en lo que va a suceder en el presente. Sí, mañana contemplaremos su gloria, pero lo haremos si hemos creído firmemente que lo anunciado sucede, si en la memoria de tantos santos profetas y reyes, en las palabras de anuncio divinas, somos capaces de reconocer la silueta que a lo lejos y desde la ventana -diría el Cantar de los cantares- se nos atisba hoy. El fundamento de lo que creemos se ha ido asentando a lo largo de la historia, y todo el peso de las promesas y de los sucesos penden de
un hilo fino y bello: la propuesta del ángel a la virgen María. El peso del plan misterioso se pone en las manos de una joven nazarena. Si hoy no somos capaces de estremecernos ante el misterio de la voluntad de Dios, pues pocos días a lo largo del año este se muestra con tanta fuerza, ya todo resultará “lo de siempre”, “normal”.

Si a lo largo de este Adviento hemos seguido de cerca a la figura de la virgen María, ahora esta alcanza su belleza mayor, pues donde David, su padre, experimentó la negación de Dios, María recibe ahora, no por su poder, por su riqueza o por sus victorias, sino por su humilde fe, la confirmación, el sí de Dios que la invita a ofrecer su propio sí. Ella, que nos ha enseñado a esperar, que engarza en una inmensa cadena de creyentes que empieza en Abraham, ante esta respuesta y a partir de ella, va a conocer la soledad del creyente, la experiencia de soledad tan fuerte que acompaña en tantas ocasiones al creyente, aún sabiéndose parte de una historia milagrosa.

El ángel contiene y hace presente toda la historia del plan de Dios, de su aparecer ante los hombres y con ellos, por eso su marcha, su acción de dejarla sola, la pone en esa situación de incomprensión para el mundo que nos supera totalmente: ¿Cómo explicar haber recibido tan inefable don? ¿cómo dar fruto en tanto pequeñez? Con dos palabras se puede explicar, una la del salmo: “eternamente”. No es sólo que Dios conforte a los suyos y les ilumine, es que lo va a hacer siempre.

La segunda la pronuncia el ángel: “para Dios nada hay imposible”. La experiencia de la fe es la de quien contempla que Dios lleva a cabo lo imposible. Lo imposible supera los cálculos y la imaginación humana. Lo imposible es una invitación no a rebelarse o a reducir la fe a casualidades, sino a creer. María creyó, por eso hoy se nos anuncia la gloria de Dios y mañana la contemplaremos envuelta en pañales.

El fruto de la fidelidad de María no se veía, pero ello lo sabía y se mantuvo fiel. La Iglesia quiere aprender hoy de ella, y aunque no contempla frutos de santidad en tantas ocasiones, busca mantenerse fiel. Sigamos adelante, pues ella nos ha enseñado a creer y nos ha enseñado a saber.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


Algunos apuntes de espiritualidad litúrgica

La Iglesia desea que todos los fieles participen en la noche del 24 de Diciembre, a ser posible, en el Oficio de Lecturas, como preparación inmediata a la celebración de la Eucaristía de medianoche. Donde esto no se haga, puede ser oportuno preparar una vigilia con cantos, lecturas y elementos de la piedad popular, inspirándose en dicho oficio.

En la Misa de medianoche, que tiene un gran sentido litúrgico y goza del aprecio popular, se podrán destacar:
– al comienzo de la Misa, el canto del anuncio del nacimiento del Señor, con la
fórmula del Martirologio Romano;
– la oración de los fieles deberá asumir un carácter verdaderamente universal, incluso, donde sea oportuno, con el empleo de varios idiomas como un signo; y en la presentación de los dones para el ofertorio siempre habrá un recuerdo concreto de los pobres;
– al final de la celebración podrá tener lugar el beso de la imagen del Niño Jesús por parte de los fieles, y la colocación de la misma en el nacimiento que se haya puesto en la iglesia o en algún lugar cercano.
(Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 110-111)

 

Para la Semana

Lunes 25:
Natividad del Señor. Solemnidad

Is 52,7-10. Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Sal 97. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Heb 1,1-6. Dios nos ha hablado por el Hijo.

Jn 1,1-18. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Martes 26:
San Esteban, protomártir. Fiesta.

Hch 6,8-10; 7,54-60. Veo el cielo abierto.

Sal 30. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Mt 10,17-22. No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.
Miércoles 27:
San Juan, apóstol y evangelista. Fiesta

1Jn 1,5-2,2. Os anunciamos lo que hemos visto y oído.

Sal 96. Alegraos, justos, con el Señor.

Jn 20,1a.2-8. El otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro.
Jueves 28:
Los santos inocentes, mártires. Fiesta.

1Jn 1,5-2,2. La Sangre de Jesús nos limpia los pecados.

Sal 123. Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.

Mt 2,13-18. Herodes mandó matar a todos los niños en Belén.
Viernes 28:

1 Jn 2,3-11. Quien ama a su hermano permanece en la luz.

Sal 95. Alégrese el cielo, goce la tierra.

Lc 2,22-35. Luz para alumbrar a las naciones.
Sábado 29:

1Jn 2,12-17. El que hace la voluntad de Dios permanece siempre.

Sal 95. Alégrese el cielo, goce la tierra.

Lc 2,36-40. Hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.


Lunes 18 de diciembre. Sabiduría del Altísimo y Pastor de la casa de Israel. (Madrid: Ntra. Sra. de la Esperanza)

Escrito por Comentarista 6 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Los ocho días previos a la Navidad (del 17 al 24 de diciembre por la mañana) son la única serie de días —que no son solemnidades ni fiestas— que, en el Misal Romano, siempre coinciden con un día concreto de nuestro calendario. La Iglesia se dispone a la llegada inminente del Mesías con un redoble de tambores, señalados por varios textos litúrgicos:

1)    Las oraciones (oración colecta, sobre las ofrendas y de postcomunión).

2)    Las lecturas.

3)    Dos prefacios propios de estos días, el II y el IV de adviento.

4)    Por último, la tradición ha compuesto unas antífonas preciosas que se usan en las antífonas del Magníficat, en las vísperas del oficio divino. Comienzan siempre con la intejección “Oh” (Oh, Rey; Oh, Sabiduría…). Son las antífonas mayores o antífonas “de la O”. De aquí se toma el nombre y el título de la Bienaventurada Virgen de la O, que también es la Virgen de la Esperanza, por el inminente nacimiento de su hijo. El Vaticano II las incluyó en el versículo del Aleluya de la Misa, aunque con ligeros cambios. Tienen un contenido precioso, pues recogen los títulos del Mesías (Rey, Pastor…), y aluden al cumplimiento de las profecías de Isaías que acontecen en Jesús.

El guión habitual de esta sección es el comentario de las lecturas. Os propongo hacer algo innovador y original: vamos a comentar las antífonas de la O. Me parece que nos puede ayudar a profundizar en la grandeza de nuestro Señor. Es como una respuesta a la pregunta “¿quién es Jesús realmente?” Cada título del Mesías podemos utilizarla estos días a modo de jaculatoria, de la que pueden brotar la alabanza y acción de gracias. Así, nos uniremos mejor a María, José, los Reyes Magos y los pastores adorando a nuestro Mesías cuando lo encontremos en el pesebre. ¡Qué pequeño, pero qué grande!

 Pondremos las antífonas completas todos los días al final del comentario para que podamos seguir bien el hilo. Comencemos hoy con el comentario de las dos primeras (17 y 18 de diciembre).

 

Primera antífona (17 de diciembre): OH, SABIDURÍA DEL ALTÍSIMO, QUE LO DISPONES TODO CON FIRMEZA Y SUAVIDAD, VEN PARA MOSTRARNOS EL CAMINO DE LA PRUDENCIA.

Jesús no es presentado sólo como un sabio, pues cabría compararlo a otros muchos sabios y doctrinas de la época antigua. No es un sabio: es la misma Sabiduría del Altísimo. La antífona que hay en las vísperas especifica más: “Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo”. Jesús es la Palabra que sale, pronunciada, por los labios de Dios Padre. Sale de Dios, y es enviada por Dios a este mundo por obra del Espíritu Santo: “el Verbo de Dios se hizo carne”, como recordamos en el Ángelus. Con este título se alude a la naturaleza divina del Mesías: la Sabiduría es una Persona Divina, el Mesías encarnado, Jesucristo.

Es propio de la autoridad legislar justamente para guiar con justicia a su pueblo e iluminar qué debe hacer cada uno para ser buen ciudadano. En el Reino de Dios el legislador es Cristo, Rey del universo, cuyas disposiciones guardan dos características que cita la antífona, y difíciles de equilibrar en la vida humana: la firmeza y la suavidad. Ambas se acuñan en el dicho “puño de hierro, guante de seda”. El buen gobernante maneja las dos al mismo tiempo.

Termina la antífona aludiendo a una petición que se hace al Mesías: “Ven para mostrarnos el camino de la prudencia”. Ésta es la virtud humana más importante, fundamentada en el conocimiento de la vedad, eje vertebrador de la vida humana. Hoy que tanto se vive de opiniones, de razonamientos líquidos que se amoldan a lo que haga falta, de una idolatrada libertad que es libertinaje, del romanticismo que tiene por ley hacer lo que salga del corazón, del sentimentalismo como máxima ley moral, con todos estos adulcorados horizontes en la existencia de las personas, nos hace falta que brille la verdad. Existe. Es Él. Es Jesús de Nazaret.

Señor, tú que conoces lo íntimo de Dios porque vienes de Dios, eres la Sabiduría del Altísimo, ayúdanos a conocerte y escuchar tu palabra. Que sea el sólido fundamento de nuestra vida, y encontremos en ella la ley de nuestra existencia, guiada y gobernada amorosamente por ti con firmeza y suavidad. Que construyamos una vida auténtica sobre la verdad de nuestra existencia, guiados por la gran virtud de la prudencia.

 

Segunda Antífona (18 de diciembre): OH, PASTOR DE LA CASA DE ISRAEL, QUE EN EL SINAÍ DISTE A MOISÉS TU LEY, VEN A RESCATARNOS CON EL PODER DE TU BRAZO.

Seguro que nos sabemos de memoria el Salmo 22: “el Señor es mi pastor”. Cuando lo meditamos, se llena de esperanza y consuelo nuestro corazón. En el Evangelio, Jesús se presenta a sí mismo como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, que somos cada uno de nosotros. Esto nos hace especiales: somos importantes para Dios, pues Él nos presta toda su atención. Conoce a cada una de las ovejas y las llama por su nombre. No somos números, sino personas amadas.

Esta atención predilecta del Pastor se interpretó en Israel como exclusiva para el pueblo de la Alianza, sellada con la Ley de Moisés. Dicha ley, o para ser más precisos, su acogida y cumplimiento por parte de los israelitas fieles, son la respuesta agradecida a los cuidados divinos. La amistad con Dios está sujeta al cumplimiento de su voluntad, expresada en leyes morales, que guían las acciones e iluminan el bien y el mal. Pero no se obedecen leyes, sino se obedece el amor de Dios que se manifiesta en ellas. Quien vive de la fe no obedece leyes: obedece al Legislador, que es Amor.

No obstante, nuestra propia debilidad nos hace sucumbir y experimentamos la desobediencia como un pecado no contra una ley, sino contra un amor de quien desea para nosotros el sumo bien. La historia de la humanidad conoce la enemistad con Dios. Cada uno de nosotros tiene que gestionar cada día la presencia del pecado en la propia existencia. Y por eso, la súplica con que termina la antífona nos habla de un “rescate”. El concepto se usa en casos de necesidad extrema, cuando alguien o algo no puede salir por sí mismo de una situación determinada: un secuestro, una caída en la montaña, un banco quebrado, un país en bancarrota… El rescate exige un pago “en especie” (en bienes materiales habitualmente).

El rescate que realiza el Mesías se refiere al peor de los males que hay en este mundo: el pecado. Afecta a todos los hombres, y tratándose del Mesías prometido, el rescate no puede ser pasajero o perentorio, sino definitivo y universal. De ahí que se aluda al poder de Dios: “el poder de tu brazo”. Sólo una fuerza mayor que el pecado es capaz de vencer el pecado y pagar el precio del rescate. Jesús es el definitivo Rescatador, que viene a salvarnos. Él paga en especie: se ofrece a sí mismo en la Cruz. El brazo poderoso de Dios es un brazo atravesado por los clavos de la pasión. Pero no se ha roto, sino que hace realidad el poder más grande: el perdón de los pecados.

Señor, haznos experimentar el cálido afecto de tus cuidados de Buen Pastor para que no permitamos que el pecado nos aleje más de ti. Si te ofendemos, que acudamos humildemente al abrazo de la confesión, donde tú sigues pagando nuestro rescate del pecado con tus brazos crucificados. Así, experimentando tus cuidados de Buen Pastor y tu poder redentor y misericordioso, lucharemos cada día por unirnos más a ti.

 

 

Versículos del Aleluya (Leccionario).

(dom) 17 de dic.: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo dispones todo con firmeza y suavidad, ven para mostrarnos el camino de la prudencia.

(lun) 18 de dic.: Oh, Pastor de la casa de Israel, que en el Sinaí diste a Moisés tu ley, ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.

(mar) 19 de dic.: Oh, Raíz de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.

(mié) 20 de dic.: Oh, Llave de David, que abres las puertas del Reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas.

(jue) 21 de dic.: Oh, Enmanuel, rey y legislador nuestro, ven a salvarnos, Señor, Dios nuestro.

(vie) 22 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.

(sab) 23 de dic.: Oh, Rey de las naciones y Piedra angular de la Iglesia , esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

 

(dom) 24 de dic.: Oh, Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

La Expectación del Parto

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

La Expectación del Parto. Nuestra Señora de la O. Virgen de la Esperanza, Patrona de los agentes comerciales.Santos: Rufo, Zósimo, Teótimo, Basiliano, Victuro, Adjutor, Cuarto, Victorino, Quinto, Simplicio, mártires; Desiderato, Paladio, confesores; Auxencio, Floro, Graciano, obispos; Modesto, patriarca; Judas Macabeo, soldado; Winebaldo, abad.

18/12/2017 – Lunes de la 3ª semana de Adviento

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Daré a David un vástago legítimo
Lectura del libro de Jeremías 23, 5-8

«Mirad que llegan días – oráculo del Señor – en que daré a David un vástago legítimo: reinará como monarca prudente, con justicia y derecho en la tierra.

En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro.

Y lo llamarán este nombre: «El-Señor-nuestra-justicia».

Así que llegan días – oráculo del Señor – en que no se dirá: «Lo juro por el Señor, que sacó a los hijos de Israel de Egipto», sino: «Lo juro por el Señor, que sacó a la casa de Israel del país del norte y de los países por donde los dispersó, y los trajo para que habitaran en su propia tierra».Palabra de Dios

Sal 71,1-2.12-13.18-19
R. En sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén! R.

Aleluya Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. Muéstranos, Señor tu misericordia
y danos tu salvación. R.

EVANGELIO
Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David
Lectura del santo evangelio según San Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a , tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta.

«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

Palabra del Señor